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Por: Rafael Rodrigues

 

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Gelasio I fue Papa desde el 1 de marzo de 492, hasta la fecha de su muerte el 21 de noviembre de 496. Nació en África. Durante su pontificado el Cristianismo luchaba contra el pelagianismo, el maniqueísmo y el arrianismo.

Gelasio es uno más de los muchos sacerdotes que herejes y polemistas intentan codificar el pensamiento para poder levantar algo en contra de la Iglesia de Cristo. Un ejemplo de esto viene de una supuesta carta de Gelasio I contra Eutiques y Nestorio, las palabras utilizadas por los detractores dice:

""el sacramento del cuerpo y de la sangre de Cristo, que recibimos, es una cosa divina, porque en ella nos hacemos participes de la naturaleza divina. Con todo la sustancia o la naturaleza del pan y del vino no cesa. Y seguramente la imagen y la similitud del cuerpo y de la sangre de Cristo se celebran en la presentación de los misterios." (Tractatus de duabus naturis 14 [PL Sup.-III. 773]) See Francis Turretin, Institutes of Elenctic Theology, 3 Vols., trans. George Musgrave Giger and ed. James T. Dennison (Phillipsburg: reprinted by Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1992), Vol. 3, p. 479 (XVIII.xxvi.xx).

¿Realmente de este texto se puede deducir que el Papa Gelasio I negó la transubstanciación? Vamos a ver a continuación la refutación a dicho argumento protestante.

REFUTACIÓN

Este texto presentado por detractores, como siempre está aislado de su contexto y se somete a una interpretación forzada para usar contra la doctrina católica. Por lo tanto, para poner fin a la confusión, mostraré el texto original en latín y su traducción al español como lo presenta la obra "Textos Eucarísticos Primitivos Tomo II (Edición Bilingüe)" de Jesús Solano S.J.

"Sacramenta Certe, sumimus quae, corporis et sanguinis Christi divina res est, quod et propter por eadem divinae efficimur consortes naturae; et tamen esta sustancia no desinit vel natura panis et vini. Et certe imago et corporis similitudo et sanguinis Christi en actione celebrantur mysteriorum. Satis ergo nobis evidenter ostenditur, hoc nobis ipso Christo Domino sentiendum, quo en ejus Imagene profitemur, celebramus, et simumus, ut, sicut en Hanc, scilicet en Divinam, transeúnte, Sancto Spiritu perficiente substantiam tamen permanentes en la naturaleza suæ proprietate, sic illud ipsum mysterium principale, nobis fallecidos efficientiam virtutemque veraciter repraesentant, ex [Fors. Su ex, Vid. Nota] Quibus constat proprie permanentibus, unum Christum, quia integraum verumque, demonstrant permanere "(Jesús Solano - Textos Eucarísticos Primitivos, Tomo II, páginas 557-558).

"Ciertamente los sacramentos que recibimos del cuerpo y sangre de Cristo son cosa divina, por lo cual tambien mediante ellos nos hacemos partícipes de la naturaleza divina; y, sin embargo, la sustancia o naturaleza del pan y vino no deja de ser. Y ciertamente la imagen y la semejanza del cuerpo y sangre de Cristo son celebradas en el hacer los misterios. Bastante evidentemente, pues, se nos enseña que debemos sentir acerca del mismo Cristo Señor lo que confesamos, celebramos
y tomamos en su imagen, para que como el pan y el vino, perfeccionandolos el Espiritu Santo, pasan a esta, es decir, a la sustancia divina, pero permaneciendo en la propiedad de su naturaleza, asi demuestran aquel mismo misterio principal, cuya eficiencia y virtud con verdad nos representan, [a saber], que Cristo permanece uno, pues que permanece integro y verdadero," (Jesús Solano - Textos Eucarísticos Primitivos, Tomo II, páginas 557-558).

3 ARGUMENTOS QUE DESTRUYEN LA OBJECIÓN PROTESTANTE.

1 ARGUMENTO: Esta obra a la que recurren los protestantes es una obra espuria que NO pertenece al Papa Gelasio I.

Sobre la autenticidad de la carta, el experto WR Carson escribe:

" se asume erróneamente que la palabra "naturaleza" y "sustancia" de los Padres citados, escrito siglos antes de herejías habían hecho definición exacta y precisa terminología necesaria, destinado a significar lo que los Padres tridentinos entiende por ellos. Esta es demostrablemente falso. Las palabras "sustancia" y "naturaleza" son sinónimos de lo que en Trento fueron llamados los "especie" o "accidentes". Este es sin duda evidente (a) desde el contexto de los diversos pasajes, donde una conversión (metabolen), para usar la palabra de Teodoreto, del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, se menciona; (b) el hecho de que que parecen ser constante y uniforme de tales "naturaleza" y "sustancia" como símbolos; (c) a partir de (una autoridad protestante) Leibnitz 'conocida observación de que los padres no utilizan estos términos para expresar nociones metafísicas. (d) En cuanto a Teodoreto, a partir de la confesión de los luteranos de Madgeburg que se opone a su doctrina y no se puede leer con seguridad. Hay que añadir que los pasajes atribuidos a Teodoreto y San Gelasio se producen en las obras que se consideran espurias por muchos críticos competentes." (WR Carson - The Antiquity of the Doctrine of Transubstantiation, American Ecclesiastical Review Vol XXIII. p 435)

https://archive.org/stream/americanecclesia28cathuoft...

Jesús Solano tambien nos dice:

"Este tratado teológico no consta con entera certeza que sea de San Gelasio: cf. CPL n.l674." (Jesús Solano - Textos Eucarísticos Primitivos, Tomo II, páginas 558, nota 176).

2 ARGUMENTO: La oscuridad del texto.

El primer pasaje que parece cuestionar la transubstanciación dice: "... sin embargo, la sustancia o naturaleza del pan y vino no deja de ser. Y ciertamente la imagen y la semejanza del cuerpo y sangre de Cristo son celebradas en el hacer los misterios. ...". Pero la continuación del texto dice: "... para que como el pan y el vino, perfeccionandolos el Espiritu Santo, pasan a esta, es decir, a la sustancia divina, pero permaneciendo en la propiedad de su naturaleza". Si el primer texto supuestamente niega la transubstanciación, la continuación habla claramente que la naturaleza de ellos, es decir, el pan y el vino se convierten en la sustancia divina, ¿como entonces conciliar estos dos discursos, en el mismo texto, que son aparentemente discordantes? Acerca de este texto Jesús Solano, un experto en la materia de la Eucaristía en la Iglesia primitiva, nos dice:

"El texto mismo que acabamos de aducir es oscuro, pues por una parte afirma que permanece la naturaleza del pan y del vino, lo cual seria negar la transubstanciación, mas por otra parte dice que pasan a la sustancia divina, o sea, al cuerpo y sangre de Cristo, que por la unión hipostática son cuerpo y sangre de Dios. Es claro de todos modos la dependencia de este texto con respecto a los escritos de Teodoreto de Ciro y de la "Escuela
antioquena" (...) Sobre todo el asunto, véase J. Lebreton, Le dogma de la transsubstantiation et la christologia antiochienne
du Vs- siecle: Etudes 117 (1908) 479-482.489s.496s." (Jesús Solano - Textos Eucarísticos Primitivos, Tomo II, páginas 558, nota 176).

Está claro que el autor de este texto no tenía ninguna definición teológica clara de la Eucaristía y, por supuesto, no podría tenerla porque las definiciones no estaban completas en ese momento, al igual que no podemos pedir a los Padres Pre-Nicenos una definición clara y completa de la Trinidad, tampoco podemos pedir a sacerdotes anteriores una definición eucarística clara y completa de la Eucaristía. Por lo tanto, el autor de este texto está mal en la primera frase, pero la segunda establece claramente que la transubstanciación se produce es decir que las sustancias pasan a ser la naturaleza divina.

3 ARGUMENTO: El texto es mal interpretado y sacado de contexto. Se ignora el tema principal que trata dicha obra.

Incluso el texto no siendo del Papa Gelasio I, es un texto muy antiguo, y realmente de la época patrística, pero no es un discurso teológico sobre la Eucaristía, sino sobre la naturaleza de Cristo, por lo que el autor utiliza la Eucaristía sólo para hacer una analogía . El estaba preocupado en defender la naturaleza de Cristo y no la Eucaristía. Así que no estaba tan preocupado con darsu comprensión de la Eucaristía como estaba explicando el misterio de la Encarnación. Recordemos que la Iglesia en ese momento se ocupaba de diversas herejías cristológicas en ese momento se negaban las dos naturalezas (Nestorianismo), las dos voluntades y una personalidad [divina] de Cristo (Monotelismo). En este momento, el misterio de la Eucaristía no estaba tan desarrollado en la mente de la Iglesia para forzar en la mente del autor una clara expresión de la Eucaristía, en términos de la transubstanciación. La Iglesia tuvo que desarrollar un lenguaje teológico para expresar el pensamiento de la Iglesia sobre diversos asuntos de fe. En este momento se estaba empezando a expresar sus pensamientos para describir el cambio del pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo.

No había ninguna duda sobre la presencia real en la Eucaristía, sin embargo, viene otra pregunta sobre el tipo de cambio (consubstanciación, la transubstanciación, etc.) En un caso, el autor quiere decir sólo que la apariencia [accidentes] del pan /, debe mantenerse junto a la presencia real en un intento de explicar el misterio de la Encarnación, ya que la humanidad de Cristo sigue permaneciendo a lado de su divinidad. Algunos estudiosos interpretan el pasaje anterior para referirse a los accidentes de pan y vino.

Incluso esta analogía tiene algunos agujeros. En el peor de los casos, el autor estaba simplemente errado en su comparación eucarística en la primera frase, pero se corrige en la segunda. Es decir, que el autor no estaba tan preocupado de explicar la doctrina de la Eucaristía, pero quería explicar la Encarnación a través de una analogía . Como la mayoría de las analogías, que son imperfectas. Por otra parte, su vocabulario teológico no le permitió expresar el misterio de la Eucaristía con mayor precisión.

Por lo tanto, no se puede basar su comprensión de la Eucaristía durante este tiempo en un solo pasaje. En su lugar tenemos que ver los pasajes contemporáneos del Papa Gelasio que hablan directamente sobre la Eucaristía. Y aquí nos encontramos con un testimonio claro y completo en nombre de la transubstanciación.

Del mismo modo críticos de nuestra Fe subestiman la divinidad de Cristo, citando a los Padres antes de Nicea que aparentemente rechazaban la naturaleza de Cristo. Resulta que antes de la definición, los Padres estaban desarrollando un vocabulario teológico de como entender el misterio de la Encarnación, por lo que no es sorpresa ver algunos padres antes de Nicea aparentemente minimizando la divinidad de Cristo. Esta es la naturaleza del desarrollo. Antes de la definición, los Padres dan un panorama teológico, en un intento de explicar un misterio divino, y cómo con el tiempo el misterio se vuelve un poco más claro es definido.

CONCLUSIÓN

Por lo tanto, las principales objeciones a la que los protestantes recurren, al igual que los polemistas y otros alegan con respecto a la negación de un Papa a un dogma católico, incluso antes de que el dogma fuera definido, llegar a ser insostenible, ya que como se demostró ellos sacan de contexto el texto, ignoran que la carta es espuria, y que el contexto del pasaje no era un tratado en relación con la Eucaristía, sino respecto a la divinidad de Cristo.

 

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Richbell Meléndez. Laico católico dedicado tiempo completo al apostolado de la Apologética y subdirector de la Escuela de Apologética Online DASM.

 

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Por: P. Jordi Rivero

 

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¿Existió Jesucristo?

 

A partir del siglo XIX, el racionalismo ha puesto en duda la existencia histórica de Jesucristo.  Por ejemplo, según Bauer (1809-1882) y otros de la escuela de Tubingen, Jesús es tan solo un símbolo inventado por la primera comunidad cristiana.  Sin embargo, la historicidad de Jesús está mas documentada que muchos grandes personajes de la historia.

 

Fuentes paganas

 

Aunque manifiestan una fuerte aversión al cristianismo, no dudan de la historicidad de Jesús.

 

Cornelio Tácito, historiador latino, escribió sobre Jesús en sus "Anales" (116 AD.)

 

Escribe en el libro XV, 44: "Aquél de quien procede ese nombre [de cristianos], Cristo, fue entregado al suplicio siendo emperador Tiberio por el procurador [gobernador ecuestre de Judea] Poncio Pilato"

(Auctor nominis eius Christus Tiberio imperitante per procuratorem Pontium Pilatum supplicio adfectus est).

 

"Reprimida de momento esta superstición nociva, brotó de nuevo no sólo en Judea, punto de origen de tal calamidad, sino en la misma Roma donde convergen y hallan buena acogida las cosas más groseras y vergonzosas".

 

Suetonio, en su obra "Vida de Claudio" (120 AD.) dice que este emperador "expulsó de Roma a los judíos en continua agitación a causa de Cretos (Cristo)."

 

Plinio el Joven, gobernador de Bitinia (circa 112 A.D.), en carta a Trajano escribe que los cristianos "tienen por costumbre reunirse un día determinado, al amanecer, para alabar a Cristo a quien consideran su Dios."

 

Fuente judía:

 

Son escasos los judíos de los primeros siglos que escribieron sobre Jesús. Esto se entiende porque lo habían rechazado (Quienes lo aceptaron, como S. Pablo, escribieron como cristianos). Los judíos no negaron, sin embargo, que Jesús hubiese existido.

 

Flavio Josefo, historiador judío romanizado. En su obra "Antigüedades Judías",

 

18,3,3: “Por aquella época apareció Jesús, hombre sabio, si es que se le puede llamar hombre, fue autor de obras maravillosas, maestro para quienes reciben con gusto la verdad. Atrajo a sí muchos judíos y también muchos gentiles. Este era el Cristo (el Mesías). Habiendo sido denunciado por los primados del pueblo, Pilato lo condenó al suplicio de la cruz; pero los que antes le habían amado le permanecieron fieles en el amor. Se les apareció resucitado al tercer día, como lo habían anunciado los divinos profetas que habían predicho de El ésta y otras mil cosas maravillosas. De él tomaron su nombre los cristianos, cuya sociedad perdura hasta el día de hoy”.

20,9,1 v.4.6: “entretanto subió al pontificado, según dijimos Anás, el más joven, de índole feroz y extremadamente audaz...Dado este su carácter, pensando que había llegado el momento oportuno...., convocó el consejo de jueces y, haciendo presentar a juicio a un pariente del que llamaban Cristo (por nombre Santiago) y algunos otros con él, habiéndolos acusado de reos violadores de la ley, los condenó a ser apedreados”

 

Algunos dicen que los textos de Josefo contienen textos interpolados posteriormente, pues se guardó en silencio hasta el año 311 en que lo recuerda Eusebio de Cesarea (M.J. Lagrange, Batiffol). Pero muchos otros, incluso el racionalista alemán A. Harnack lo consideran genuino, ya que aparece en todos los códices. El hecho de que no haya sido anteriormente citado no extraña pues las obras de F. Josefo no eran conocidas entre los cristianos. F. Josefo habló también de otros pretendidos mesías de su tiempo.

 

Según algunos, lo que arriba aparece en cursiva serían interpolaciones de un copista cristiano. Pero aun si se eliminasen esas líneas, el testimonio histórico de la existencia de Jesús permanece.

 

Testimonio Cristiano:

 

Más importantes son los testimonios de San Pablo. La primera carta a los Tesalonicenses se escribió en el invierno del 55 y en ese tiempo ya es evidente que el cristianismo se fundamenta en el seguimiento de una persona histórica llamada Jesús.

 

Los cuatro Evangelios relatan la vida de Jesús. Los escritores fueron testigos de los hechos. Al escribir no tenían nada que ganar en este mundo, mas que persecución, sufrimiento y muerte. La muerte de Jesús en la Cruz, desde el punto de vista humano hubiese sido el fin del cristianismo. Sin embargo, algo ocurrió que transformó a los apóstoles haciéndoles capaces de comunicar la verdad sobre Cristo por todas partes.

 

Los Hechos de los Apóstoles y las Epístolas enseñan la importancia no solo de una vida moral sino de una adhesión a la persona de Jesús.

 

Los Padres dan testimonio de la autenticidad de los Evangelios:

 

San Ireneo (170), obispo de Lyon. Era discípulo de Policarpo, quien a su vez era discípulo de Juan el Evangelista. S. Ireneo escribe: "Mateo escribe cuando Pedro y Pablo evangelizaban Roma, hacia el 50, en lengua hebrea; Marcos transmite la predicación de Pedro, hacia el 65; Lucas, colaborador de Pablo, escribe el evangelio enseñado por éste a los gentiles entre los años 67 y 70; Juan escribe en Efeso hacia fines del siglo primero"

 

-Tertuliano, Africa, (160-223). Afirma que los cuatro evangelistas tienen la misma autoridad .

-Orígenes, Egipto (185-255), menciona a los cuatro evangelistas y el orden en que escribieron.

-Clemente Alejandrino (Circa 200), relata sobre los cuatro evangelios, sobre los cuales conoce una tradición.

 

Ellos enseñaron sobre la importancia de la adhesión a Jesús y estaban dispuestos a morir por dar ese testimonio.

 

Libros apócrifos: Son libros no reconocidos en el canon de las Sagradas Escrituras pero que hablan sobre Jesucristo como un personaje histórico. Hay divergencias sobre su naturaleza y doctrina pero no dudan de que fue una persona real.

 

La extraordinaria transformación de los Apóstoles después de Pentecostés y la propagación del Cristianismo no es comprensible sin no se toma en cuenta a Jesús como una persona real que inspiró y dio fuerza a sus seguidores para semejante empresa.

 

Desde el primer siglo hasta hoy, todos los que abren su corazón y creen en El reciben la gracia de conocerle de una manera real y poderosa que transforma radicalmente sus vidas haciéndoles posible participar en la vida divina. Ellos son testigos de Cristo vivo.

 

No faltan los que rechazan a Cristo y han anunciado la desaparición del cristianismo

 

Ellos sin embargo son los que desaparecen mientras la Iglesia continúa.

 

John Lennon, miembro de los Beatles: "el Cristianismo va a acabar, va a encogerse, desaparecer. Yo no preciso discutir sobre eso, estoy seguro de ello. Jesús fue bueno, pero sus disciplinas muy simples. Hoy, nosotros somos mas populares que Jesucristo (1966)".

 

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Por: Olalla Gambra Mariné

 

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El gran fraude del "Feminismo"

Por "Feminismo" se entiende un movimiento social y político que postula la igualdad de los derechos de las mujeres y los hombres.

Comenzó con las sufragistas inglesas del siglo XIX, continuó defendiendo una educación equiparable a la que recibían los muchachos, un trabajo, un sueldo... En sí mismas, estas primeras aspiraciones no eran directamente contrarias a la fe ni a la moral católica. ¿Cómo es posible que hayan acabado pidiendo aberraciones tales como el derecho al aborto o a la esterilización?.

Desde el principio, todas las reivindicaciones tomaban como barómetro o punto de referencia los derechos del hombre: ¡Pedimos el derecho al voto como los hombres!, ¡un trabajo remunerado como el de los hombres!, etc. Según se iban logrando objetivos, se pedía más y más, hasta que se ha llegado a un punto en el que se entra en conflicto con la diferenciación sexual más obvia. La mujer rechaza la carga de la maternidad porque los hombres no la tienen. Reivindica su derecho a un embarazo optativo, a "ser dueña de su cuerpo", a desarrollar su personalidad y sus aspiraciones sociales y económicas, "a realizarse" como dicen, antes de ser madre. El movimiento feminista ha terminado por rechazar lo más característicamente femenino y por frustrar la vocación natural de la mujer.

De esta manera el "Feminismo" ha terminado por defender una doctrina mucho más machista que cualquiera de las culturas y sistemas ideados por los hombres. Así es, pues no existe mayor elogio que la imitación. Si una persona admira tanto a otra que trabaja y se esfuerza para llegar a parecerse a ella, y se hace violencia a sí misma para conseguir ponerse a la altura de su modelo, ¿no está dando la mayor prueba de admiración que existe?.

La mujer es diferente del hombre

En esta discusión se ha llegado a una confusión tal que es necesario empezar por establecer la definición de los términos.

El ser humano, en sentido general, se define como animal racional. Animal porque posee un cuerpo con necesidades materiales; racional porque posee un principio vital de numerosas facultades, que están o debieran estar subordinadas al más perfecto modo de conocimiento que tienen los seres materiales, el conocimiento racional.

Ahora bien, el ser humano como tal no existe, no es más que el nombre de la especie, que se singulariza o materializa de múltiples maneras, ninguna de las cuales constituye en su esencia al hombre. Una de esas concreciones accidentales es el sexo. Ya Aristóteles se preguntaba cuál es la importancia de esta característica para el ser humano. La respuesta que da en su Metafísica no puede ser más clara:

Las contrariedades que están en el concepto producen diferencia específica, pero las que están en el compuesto con la materia no la producen. Por eso del hombre no la produce la blancura y la negrura, y no hay diferencia específica entre hombre blanco y hombre negro... El ser macho y el ser hembra son ciertamente afecciones propias del animal, pero no en cuanto a su substancia, sino en la materia y en el cuerpo.

En otras palabras los sexos, como el color de la piel, son para él algo de la materia, no de la forma o de la esencia del hombre. Hombre y mujer cuentan con los dos elementos, cuerpo y razón, que los definen como seres humanos.

Sin embargo, al estar alma y cuerpo substancialmente unidos, nada tiene de extraño que el ser mujer u hombre conlleve diferencias accidentales en ambos elementos: la anatomía -y la simple evidencia- enseña que el cuerpo del hombre no es igual al de la mujer y que cada uno está capacitado para funciones muy distintas. Por su parte, de manera mucho menos probatoria y clara, basándose sólo en la estadística, la psiquiatría explica que los procesos mentales de la mujer y del hombre difieren, pero que ambos pueden llegar a las mismas conclusiones y desarrollo, pues aunque sean distintos sus métodos, poseen la misma capacidad.

El último término de esta controversia es la palabra "diferente". Quiere decir desigualdad, disparidad entre dos o más elementos. Pero no implica que uno sea mejor que otro. Es un adjetivo relativo, no cualitativo; sólo designa la no identidad de algunos aspectos accidentales entre hombre y mujer, pero no conlleva un juicio de valor sobre el sustantivo al que acompaña. Además, expresa una relación recíproca entre los dos términos: si uno es diferente de otro, éste será también diferente de aquél. En cambio, si uno fuera inferior a otro, éste no sería inferior a aquél.

Entender que la proposición "la mujer es diferente del hombre" es lo mismo que "la mujer es inferior al hombre" constituye un salto sofístico sin fundamento lógico. Este error que comete el "Feminismo" moderno, debiera llevarnos a dudar de la bondad de su fundamento.

Admitida, pues, la esencial identidad de hombre y mujer se entiende también la identidad de su fin o destino, que no es otro que la salvación. Este punto es fundamental para entender la postura de la Iglesia Católica en esta cuestión que, por su virulencia, ha dado en llamarse "la guerra de los sexos". Los Mandamientos de la Ley de Dios son comunes para todos los seres humanos, no existen los Diez Mandamientos del Hombre ni los Diez Mandamientos de la Mujer; son los mismos y han de obedecerse cada uno en su estado y condición. Las Bienaventuranzas, las Virtudes y los Vicios, el Cielo y el Infierno son los mismos para ambos sexos. Ante el Juicio de Dios, los hombres y las mujeres son iguales.

Deber de estado

Sin embargo, cada uno debe perseguir el mismo fin útimo según su vocación y según las condiciones que Dios le ha dado. En otras palabras, cada cual tiene que atender a su deber de estado. ¿Qué tiene que ver con esto la diferencia sexual? Si no me equivoco, tal disparidad, desde el punto de vista de la doctrina católica estricta, sólo tiene que ver con la vocación religiosa y con el matrimonio. En lo demás la Iglesia no parece meterse: que una mujer quiere ser general de carabineros, albañil de primera o levantadora de pesos en una feria, allá ella. Con tal de que se guarde la decencia necesaria no pone más inconvenientes la doctrina cristiana más inconvenientes que los que ofrecerá la propia naturaleza.

El auténtico problema reside en el matrimonio y en la familia que es donde se plantea con toda su crudeza la llamada "guerra de los sexos". Ahí es donde se confluyen todos los factores arriba enumerados, hasta que por remota influencia marxista se ha acabado por concebir la complementariedad matrimonial como enfrentamiento similar a la lucha de clases.

Y para concebir adecuadamente el problema que a diario viven los matrimonios, entre el trabajo de los cónyuges, o de uno de los dos, fuera de casa y las tareas domésticas, creo que basta con enunciar el principio fundamental al respecto: nadie está obligado al matrimonio, pero una vez casados su obligación de estado ya no es la de la profesión, sino la que se sigue de su condición de casados (a no ser que un bien mayor exija otra cosa).

Esto se complementa con otra idea muy contraria al espíritu moderno: el éxito personal entendido como reconocimiento público de la labor individual es ilícito perseguirlo por sí mismo, y más aún en el caso de que ello perturbe el fin de los casados.

Para entender esta doctrina, que podría servir de fundamento a un "Feminismo" cristiano, no es malo recordar por qué, con independencia de las corrientes hoy jaleadas por los medios de comunicación, la familia y dentro de ella las tareas de procreación y educación de la prole deben prevalecer sobre los intereses individuales de los cónyuges.

La familia, célula de la sociedad

Uno de los principios fundamentales de la doctrina tradicional es el de defender la supremacía de la sociedad sobre el Estado que suele resumirse en el conocido lema "Más Sociedad y menos Estado". El Estado no es más que la organización de la sociedad y debe servirla, no al revés. Queda así reconocida la primacía natural del hombre sobre el Estado.

A su vez, el hombre, que es un ser sociable, ordena sus relaciones en varios órganos o cuerpos intermedios a partir de la familia. Es en la familia donde se forman los individuos que integran la sociedad y el Estado. Es decir, la familia es la base de la sociedad y de toda su organización, incluyendo, en último término, al Estado.

Si la familia juega ese papel fundamental en la sociedad, entonces, siguiendo el orden natural establecido por Dios, la doctrina tradicional reconoce la importancia de la mujer. Por obvias necesidades primarias es la madre la que está más cerca del hijo en los primeros años de vida. Y todos los psiquiatras, psicólogos y pedagogos coinciden en afirmar que estos primeros años son decisivos en la vida de cada persona. Es el período en que se adquieren las nociones generales del mundo en el que han de vivir, cuando se aprenden unos principios morales básicos según los cuales se ordenará la educación y se adquieren unos primeros hábitos con los que se conformará la personalidad del hijo.

Durante estos primeros años que se pasan en el hogar se ponen los fundamentos de toda educación de cada individuo que el día de mañana integrará la sociedad y el Estado. Los niños de hoy son el futuro de cada nación. Es decir, la educación es una cuestión fundamental para la sociedad y el estado. Así lo afirma cualquiera al que se le pregunte, y de hecho, ésta es la razón de que los programas educativos sean uno de los puntos de debate constantes en los programas políticos.

Falta de valoración social

Sin embargo, el educador, el responsable de esa importante tarea, no recibe esa consideración. Los mismos que reconocen la importancia de la educación afirman poco después que la mujer debe ser rescatada de la esclavitud que supone ocuparse de la formación de sus hijos. No se dan cuenta de que caen en una flagrante contradicción: la educación y formación es una labor necesaria y excelsa pero la mujeres que se dedican a ello son despreciadas por la sociedad. Algo tan absurdo como si pretendiéramos llegar justo a tiempo de salvar a un príncipe de ser rey o a un obispo de ser Papa.

¿Por qué es valorada una profesora que enseña un área especializada de conocimiento a muchos alumnos unas horas a la semana y en cambio, esa misma mujer cuando dedica muchas más horas a la formación integral de su hijo sobre todos los aspectos de la vida sólo recibe desprecio, más o menos velado? Y no digamos en el caso de las madres que no trabajan fuera de casa.

El criterio nace en parte de razones económicas, pero sobre todo en la búsqueda del éxito: la mujer que tiene una profesión fuera de casa recibe un salario y cómo tal, es tomada en consideración por la sociedad. En cambio, las horas que dedica a su familia no las remunera nadie y no cotizan en la Seguridad Social, por tanto la sociedad no las valora. Y lo grave es que no sólo la sociedad, sino ella misma sólo se "siente realizada" cuando desempeña su profesión y todo el tiempo que emplea en sus obligaciones como madre y esposa y ama de casa le parecen horas robadas a su verdadera función.

Las causas de esta alteración de valores son múltiples: entre ellas, la ñoña conciencia romántica que en el siglo XIX (del que nada bueno ha salido) hizo de la mujer un objeto débil, decorativo y algo tonto. A ello se unió en esa misma época la transformación social que produjo la concepción política que centralizó todo el poder en manos de un todopoderoso Estado. La educación estatalizada llevada a cabo contra la Iglesia y las prerrogativas de los padres, el trabajo asalariado propio del capitalismo, la valoración suprema del éxito individual nacida de la sociedad protestante; todo ello contribuyó a despreciar las tareas propias del hogar y a la vocación familiar.

De todas estas obligaciones el hombre se liberó creyendo que con traer el salario a casa y mantener económicamente a la familia ya cumplía con sus deberes de estado. Además, todo el tiempo que no dedicaba a su profesión, procuraba emplearlo en cultivar una vida social completamente ajena al entorno familiar.

Quizá el ejemplo más expresivo sean los Clubes ingleses del XIX... No es simple casualidad que precisamente en la Inglaterra del XIX donde triunfó el movimiento Feminista, que utilizó como pretexto el derecho al voto de las mujeres. Si el hombre había podido liberarse de todas esas tareas que él mismo había conceptuado de denigrantes, la mujer reclamaba el mismo derecho: los hijos quedaban a cargo de institutrices o de internados, la casa la atendía el servicio –naturalmente, esta "liberación" sólo podían conseguirla los que tenían recursos económicos suficientes- y los cónyuges quedaban libres para "realizarse" y cultivar sus intereses, cada uno por su lado. La sociedad se horrorizó de los resultados de su propia actitud: el desprecio de las obligaciones que conlleva el matrimonio conducía irremediablemente a la destrucción de la familia. De ahí la reacción airada de los políticos y de los prohombres de la Inglaterra del XIX.

"Feminismo" católico

Contra estos valores y usos sociales erróneos, el "Feminismo" se propuso como la solución.

Desgraciadamente el término feminista está tan corrompido que todo el mundo lo asocia con esas reivindicaciones antinaturales y contrarias a la moral que terminan necesariamente en el rebajamiento de todo aquello que es característico de la mujer. Es decir, la solución es peor que el problema.

Todos los que no están de acuerdo con exigencias tales como el aborto, rechazan esa postura extrema, pero se contentan con un "Feminismo" aguado, sin base doctrinal definida. Es ese "Feminismo" vergonzante, pues ni siquiera admiten la etiqueta de "Feminismo", que se limita a celebrar el "Día de la Mujer trabajadora" -el 8 de Marzo- o exigir un porcentaje de candidatas femeninas en las listas de los partidos -lo cual en realidad es denigrante, pues ocupan esos puestos por ser mujeres, no porque sean capaces de desempeñarlo: un recurso propagandístico más - y que contabiliza como éxito importante el lanzar una campaña de carteles con el lema "A partes iguales".

Estas dos versiones del "Feminismo" son incorrectas, aunque en distinto grado, pues la extrema es activa, la intermedia es pasiva.

Pero debe existir una respuesta correcta a este problema. Y es una tercera postura, que aún no está articulada como tal, incluso ni siquiera tiene nombre y que, provisionalmente, podría llamarse "Feminismo" católico o tradicional.

Este "Feminismo" Católico consiste en aplicar el principio cristiano de igualdad entre ambos sexos a la sociedad, poner en práctica la doctrina de la Iglesia Católica. Debe centrarse en defender a la familia, pues ha sido el objeto principal de los ataques, tanto por parte del desprecio de una sociedad individualista y economicista, como por parte del "Feminismo" extremo que rechaza la maternidad y las obligaciones que conlleva, porque precisamente ésa es la característica que diferencia a la mujer del hombre.

Por tanto, es necesario desterrar todo ese desprecio social, comenzando por los complejos inconfesados de las propias mujeres. Dos caminos deben seguirse: el primero consiste en reivindicar y difundir la valoración positiva de la maternidad, la dedicación a la formación los hijos y las tareas del ama de casa en la sociedad actual; y el segundo, en transmitir estos mismos valores católicos a los niños y jóvenes de hoy, que serán la sociedad del mañana.

La relevancia de esta defensa sólo se calibra adecuadamente si se tiene en cuenta que la consecuencia inmediata de la denigración de la institución familiar es la desaparición del orden social católico.

 

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Richbell Meléndez. Laico católico dedicado a tiempo completo a la apologética al servicio de Dios y subdirector de la Escuela de Apologética Online DASM.

 

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