Apologetica.org: La Taxa Camarae.
Este archivo debe leerse como anexo al artículo principal del estudio.

Aviso: Publicamos aquí solamente la correspondencia, obviando los extensos comentarios (que pueden aún verse aquí si al lector interesa nuestro análisis de la correspondencia): al día de la fecha los resultados de la investigación han superado aquellos primeros pasos ampliamente. Hemos agregado también el trozo que no habíamos publicado originalmente en la carta del 9/12/01, en itálica (y que no es ninguna "amenaza", como rápidamente la calificó Rodríguez, sino una propuesta, que bien le hubiese valido considerar con un poco más de aplomo y menos histeria). Recordamos de paso que en la misma correspondencia que Sr. Rodríguez publica en su web faltan no ya trozos sino mensajes completos, como su mensaje del 3 de diciembre, donde se dice entre otras cosas (subrayado nuestro): "No tengo la referencia original, pero cuando tenga tiempo me dedicaré a buscarla, por mera curiosidad intelectual. Ni a mi, ni a los teólogos, tanto amigos como críticos, e historiadores que han leído el documento nos cabe la menor duda acerca de su autenticidad". Se entiende que frases como estas, viniendo de uno que se presenta como un académico serio, son poco felices. También falta todo el mensaje suyo del 5 de diciembre.

 

Correspondencia entre el Sr. A. Tapfer y el Sr. Pepe Rodríguez
 

 

A. Tapfer (24/11/2001)

estimado sr. Pepe [...] quisiera saber si me puede dar la informcaion sobre ese tremendo edicto del papa taxa camarae para un amigo catolico para que vea el la luz de donde esta, esa iglesia es tremenda. el dice que eso no es verdad, por favor digame donde lo saco usted, asi el puede ir a ver y convencerse. algun libro o biblioteca, mi amigo me ha desafiado, [...]
[aquí la firma]

Pepe Rodríguez (27/11/2001)

A.,
 
dos observaciones:

1) La Taxa Camarae puede encontrarse en cualquier buena biblioteca de historia religiosa y/o medieval, incluida la Vaticana y la de los seminarios importantes. Quizá también en bibliotecas protestantes, ya que este documento y otros similares forzaron la comprensible ruptura de Lutero.

2) No pierdas el tiempo intentando convencer de nada a quien no desea ser convencido. A él ya le va bien su ignorancia en su fe, allá él. Cuando el creyente desconoce su propia historia siempre acusa de ser mentira aquello que le cuestiona su propia fe. Puedes hacerle una sóla observación: Mi libro se editó en 1997 ¿crees que si el documento fuera falso la Iglesia no me hubiera crucificado públicamente por haber inventado tal barbaridad? Pues nada de ello ha sucedido dado que tanto obispos como teólogos e historiadores conocen ese documento o, al menos la realidad de su existencia histórica. De hecho, públicamente me han dicho que, bien, pero que ese documento pertenece a una época muy conflictiva de la Iglesia. En fin...

Un abrazo,
 
Pepe Rodríguez

A. Tapfer (28/11/01)

senor Pepe, [...] mi amigo catolico dice que esta dispuesto a aceptar ese documento si le doy una fuente, o sea de donde lo saco usted a ese documento, el vive cerca de una biblioteca del papa muy grande, y ahora me tira en cara que yo le creo a cualquiera, y dice que con los datos que le di, que me dio usted, no encuentra nada, que le de la fuente, eso me repitio. sr. Pepe, es importante para no perder credibilidad ante los catolico, espero sepa disculpar las molestias. creo que lo que pide mi amigo esta bien, el lugar donde usted saca ese documento tan tremendo.
 
[acá la firma]

Pepe Rodríguez (28/11/01)

Yo fotocopié ese documento hace unos 30 años más o menos en una biblioteca de París.
Que tu amigo lo busque donde quiera. En todo caso, lo más probable es que sólo se encuentre en libros editados durante el siglo XIX y, quizá, en alguno de la primera o segunda década del XX. Las referencias para encontrarlo son claras: tiene el nombre del Papa (León X), el nombre del documento (Taxas Camarae), y el año de su promulgación (1517). Así lo encontré yo, y no creo que él sea más tonto que yo.
[...]
 
Pepe Rodríguez

  

Correspondencia entre el Sr. N. Mendoza y el Sr. Pepe Rodríguez

 

N. Mendoza

Sr. Pepe Rodríguez: 

            Un buen amigo me ha estado enviando cierta información en las últimas semanas que quisiera compartirle brevemente. Se trata de A. Tapfer, que sabiendo de mi pertenencia a la Iglesia Católica (él no es católico) me envió un cierto material que, como luego pude comprobar, pertenece al sitio suyo [...] y que usted ha publicado como Anexo en su libro “Mentiras Fundamentales de la Iglesia Católica”. Se trata de la Taxa Camarae. A. Tapfer me lo envió para ayudarme a “ver que iglesia mas tremenda” que era la nuestra (son sus palabras). Ahora bien, llevado por mis estímulos, el sr. A. tuvo con usted alguna correspondencia, en la cual, según me asegura él, usted no le supo brindar ninguna fuente para verificar la autenticidad de dicho documento que usted atribuye a León X, y dice que fue escrito en 1517. Según A., lo único que usted le dijo fue que habría tomado unas fotocopias en Paris hace treinta años. El asunto me interesó (también a mis amigos) y he podido hacer una investigación sobre el supuesto documento, sin encontrar ninguna pista sobre su paradero. He consultado los “Bularios” de los siglos XVI al XIX, y no hay nada. Tengo la lista exhaustiva de los documentos de León X, con fecha y contenido, y allí no hay ningún documento con ese nombre ni con ese contenido. Pero como se trata de un contenido monstruoso que usted atribuye a un Papa, con la presente quiero formalmente solicitarle tenga a bien enviarme algún dato mediante el cual se pueda verificar la autenticidad de dicho documento. En caso contrario procederemos a publicar la investigación que hemos hecho.

[..]

Pepe Rodríguez (3/12/2001)

Sr. M.,

el texto que publiqué, tal como ya sabe, lo fotocopié hace unos 30 años en París. Un jesuíta español, un tal padre Martín, de unos 60 años, amigo de una amiga parisina nos habló de este asunto durante un almuerzo y le dije que me gustaría tener una copia. Al día siguiente le acompañé hasta una biblioteca de la Universidad, buscó un libro y me enseñó el texto dichoso. Él mismo solicitó una fotocopia y me la entregó. Entonces ese texto era una mera curiosidad que surgió estando de vacaciones, así es que ni me anoté la referencia de aquel libro que, según recuerdo, estaba editado en la primera década de 1900. [...] Guardé las fotocopias y las encontré dentro de un archivador de "varios" hace unos quince años, estaban ya bastante deterioradas (las fotocopias de esos años se borraban poco a poco por efecto de la luz y el calor), copié su texto traduciéndolo del francés y lo guardé de nuevo hasta que, a partir de una nota a pie de página de un libro que estaba escribiendo y en el que citaba el negocio descarado de las indulgencias, recordé la Taxa y decidí publicarla como un pequeño añexo sin más del libro. Antes de incluirla se la dí a leer a un par de teólogos católicos amigos y me comentaron que "era correcta" que era uno de los motivos de la ruptura de Lutero. Lo mismo me comentaron tres amigos historiadores (uno medievalista y los otros dos de historia de las religiones). No comprobé más. Las críticas recibidas desde la Iglesia tras la publicación del libro también ratifican su autenticidad ya que se han limitado a decir que "ese documento es del siglo XVI y la Iglesia actual no tiene nada que ver con ello..."

Esta es la historia del documento que yo publiqué. No tengo la referencia original, pero cuando tenga tiempo me dedicaré a buscarla, por mera curiosidad intelectual. Ni a mi, ni a los teólogos, tanto amigos como críticos, e historiadores que han leído el documento nos cabe la menor duda acerca de su autenticidad.

Por otra parte, no tengo la seguridad acerca del título que pudo tener ese documento al ser publicado por el Papa; la traducción del documento que yo copié se titulaba "Taxa Camarae" y lo daba por publicado en 1517, fecha precisamente, en la que se había agudizado hasta el límite el escándalo de la concesión de indulgencias a fin de recaudar fondos para la construcción de la basílica de San Pedro --aunque la mitad de lo recaudado por las promulgadas en 1514 estaban destinadas a pagar las deudas que Alberto de Branderburgo (arzobispo de Maguncia y encargado de publicar la bula) tenía con el Banco de los Fugger-- y se inició el enfrentamiento de Lutero contra las indulgencias clavando sus 95 tesis en la puerta del castillo de Wittemberg.

En fin, eso es cuanto puedo decirle por el momento.

Déjeme decirle también que no comparto el empeño de su amigo en "hacerle ver la luz", cada cual es libre de creer o no creer en lo que le venga en gana. Y si tengo que serle sincero, no creo que valga la pena meditar sobre los abusos que cometió la Iglesia medieval pudiendo reflexionar sobre sus muchos errores en el mundo actual. Si uno quiere posicionarse críticamente ante la Iglesia, basta con leer a fondo los Evangelios y compararlos con lo que hace y dice la cúpula de la Iglesia actual (y/o con el Catecismo).

Encantado de saludarle.

Cordialmente,

 
Pepe Rodríguez
 

 

 

Sr. Rodríguez (5/12/2001)

Acabo de recibir un mail con la información que le adjunto más abajo [no la publicamos aquí, se trata de parte del presente trabajo, cuando estaba aún en preparación] de una persona que lo recibió hace tres o cuatro días. Creo que es muy importante tenerla en cuenta a pesar de que desconozco la fiabilidad de la fuente original.

Volví a comentar este asunto con el sacerdote católico y profesor de teología del que ya le hablé (no el jesuita de París, sino un peofesor de Barcelona) y me insistió en que el documento él lo tenía por auténtico. Antes de que yo le mostrara una copia del texto (ahora dudoso) él ya sabía de su existencia desde sus tiempos de estudiente en la Universidad de Salamanca y en el Seminario --hace de ello unos 40 años--, me comentó que un profesor, como ejemplo de los errores históricos de la Iglesia, les habló de una bula de León X con un contenido similar al del documento ahora en cuestión. No se interesó por saber más, ni vió entonces el documento o la fuente, pero recuerda el escándalo que se formó entre los alumnos.

La cuestión es la siguiente: o bien el documento es falso y ha sucedido lo mismo que con los famosos "Protocolos de Sión", que muchos estudiosos en todo el mundo lo dieron por auténticos porque su contenido era "razonablemente creíble", o lo que sucede es parecido a otros documentos escandalosos de la Iglesia que han sido siempre negados por ésta aunque queden copias en diferentes bibliotecas europeas.

Respecto a la credibilidad de la historiografía católica (que es el apoyo de los datos críticos que adjunto más abajo)... cabe decir lo mismo que de la crítica contraria, hay de todo, pero el ser parte, en un lado u otro, siempre resta objetividad. Así, en los textos clásicos más "serios" de la historiagrafía católica se da siempre por auténtica la llamada Constitum Constantini o Donatio Constantini, que no es más que un documento criminal, falsificado por el papa romano en el año 754 en connivencia con la corte del emperador Pipino el Breve. En ese documento, su supuesto firmante, el emperador Constantino, otorgó grandes propiedades y tremendos poderes religiosos y civiles al papa de Roma... que fueron el origen, nada menos, del imperio que hoy se concentra en el Estado Vaticano (refundado, por si acaso, en 1929, ya que el primer Estado de la Iglesia lo había sido sobre un documento jurídicamente nulo al ser falsificado por los interesados). En este caso nos encontramos en el ejemplo contrario, la Iglesia falsificó un documento, se lucró como nunca jamás ha hecho nadie y negó su brutal delito hasta el siglo XIX (hoy ya no hace falta negarlo, simplemente se ha olvidado todo el mundo de él, especialmente los historiadores católicos).

En fin ¿es la Taxa Camarae una falsificación en sentido contrario, originada en el anticlericalismo del siglo XIX? Francamente, no lo sé. Lo que dice es coherente con lo que sucedía en esa época, pero algo bien distinto es que tal listado fuese puesto por escrito. Antes de publicarlo, ninguno de los expertos consultados, catolicos o no, dudó de su autenticidad --también lo dió por cierto el jesuita que me entregó la copia del texto--, por eso lo incluí en mi libro, aunque como un aspecto muy menor y absolutamente tangencial, de hecho sale como anexo porque era demasiado extenso para quedarse reducido a una nota a pie de página, que es lo que debió ser). Tampoco, hasta hoy, había recibido objeción alguna, antes al contrario, de expertos de diversos países que me han corregido o ampliado datos del libro dónde fue publicada. 

En cualquier caso, tan pronto pueda comenzaré a indagar para llegar a alguna conclusión. No tengo el menor interés en dar por cierto un documento si no lo es (creo que la Iglesia de hoy tiene aspectos mucho peores y más criticables que esa Taxa), mi objetivo no es escandalizar, sino criticar, con dureza, sin duda, pero criticar aquello que creo lo merece.

Por mi parte la duda queda abierta. Hay mucho que indagar y merece la pena hacerlo. Si se demuestra sin lugar dudas que es falsa (el que alguien no la encuentre no implica más que eso, que no la encontró), por supuesto que será eliminada de mi libro y de mi web. Pero necesitaré saber quién, cuándo y dónde falsificó ese documento (del mismo modo que se saben esos datos de los autores de los "Procolos de Sión"). Alguna de las claves para probar el origen de este texto debe andar, al menos, por algún libro publicado a finales del siglo XIX o principios del XX; en ese que me mostró el jesuita Martín en París y del que no anoté la referencia, ojalá pueda dar con él.

Eso es cuanto puedo decir por ahora,
Un abrazo,
 
Pepe Rodríguez

 

     

 
N. Mendoza (9/12/2001)
Estimado Sr. Rodriguez: Gracias por su atento mensaje. El material que viene al fin del mismo no me es extraño, pertenece al trabajo de investigación que estamos haciendo. El contenido de ese trabajo, en la versión que usted me envía, está recortado y cambiado (desconozco quién se lo ha hecho llegar). La versión que se quiere publicar va aquí adjunta en su sustancia, y podría sufrir cambios y actualizaciones. Le pediría que lo lea atentamente y nos haga saber su opinión lo más pronto posible.
 
Mientras tanto permítame decirle que es mi parecer que, si los sentimientos manifestados en su mensaje son auténticos, y sobretodo si usted está dispuesto, basado en la documentación que le adjunto, a retratactarse de modo conveniente, esto podría cambiar los planes de publicación y de divulgación que al momento estamos considerando. Creo le interesará saber que, dada la grave calumnia diseminada por todos lados con la publicación de ese documento atribuido a un Papa, y dado que, a juzgar por los datos que se aportan, no se tiene ninguna prueba de su autenticidad, los responsables de esta investigación tienen pensado dar a sus conclusiones toda la resonancia posible, particularmente en el ámbito ibérico; la razón es que desde el punto de vista  científico y, más aún, desde un punto de vista ético, es muy grave publicar un documento denigrante y atribuírselo a una persona pública, que en este caso representa a millones de personas, sin tener la más mínima prueba, o bien basados en que "un tal documento está en consonancia con la época". Con respecto a sus amigos historiadores y teólogos, tal vez ellos le puedan dar una mano: si le aseguraron a usted a ciencia cierta y sin sombras de duda que tal documento existía, es de pensar que alguna prueba tangible tendrían. Háganos llegar la referencia que ellos le den, y con gusto la comprobaremos.
 
Hay algo importante: usted parece exigir, para el retiro de dicho documento de sus publicaciones y para la oportuna retractación, que se le presente a usted autor, fecha y circunstancias de la verdadera producción del documento. Esto, con poco que se piense, es completamente absurdo. No somos nosotros los que debemos hurgar por toda la literatura del mundo producida en los últimos quinientos años para ver si encontramos al autor de un documento que nadie sabe de dónde viene, de qué año es, ni cómo se llama (los datos que usted da, a saber, León X, 1517 y Taxa Camarae no resultan en ningún sentido). Por el contrario, es usted quien da a conocer el documento y el que debe procurar la fuente verificable antes de publicarlo, o al menos, como en este caso, sacarlo de circulación inmediatamente por no tener la fundamentación oportuna. No creo sea necesario extenderme más en algo tan evidente, sobretodo para una persona que, a juzgar por su curriculum, conoce perfectamente el proceder científico.
 
[...]
 
De más está decir que usted puede obrar como mejor le parezca mejor, y dar oídos o no al material que le presentamos. Simplemente es nuestra intención cooperar con usted, en lo posible, a que esta situación calumniosa provocada por sus publicaciones pueda concluirse para bien de todos.
 
[...] También hay alusiones a extractos de su correspondencia con el Sr. T. y con quien le habla que serán oportunamente referenciadas.
 
Atentamente,
 
N. M.

 

Sr. Pepe Rodríguez (9/12/2001)

Estimado sr. M,

tal como considero que es justo y necesario, en mi web he incluido las aclaraciones oportunas y he añadido lo fundamental de su investigación.

Creo que no tiene objeto eliminar ahora esta página de mi web ya que manteniéndola se permite que quienes la visitaron o leyeron mi libro puedan contrastar los datos de su probable falsedad. Pero ni antes ni ahora tengo el menor interés en mantenerla, insisto en que es un tema absolutamente menor e insignificante dentro de mi critica a la Iglesia (en cualquier caso, suponen una muestra de corrupción muy superior, a mi juicio, sucesos actuales como el caso del encubrimiento de una red de menores en la diócesis de Barcelona, creo que más que suficientemente documentado, o los casos de las violaciones de monjas... y decenas de otros asuntos tremendamente importantes).

Por mi parte, intentaré averiguar, tan pronto me sea posible, cual fue el origen de una cadena de reproducciones de este texto que quizá comenzó en época de León X o tal vez hacia el siglo XVIII.

También celebraré que ustedes intenten ser más objetivos en sus apreciaciones. Dicen, por ejemplo: (curiosamente, la Taxa es una de las pocas cosas que de su libro el Sr. Rodríguez publica en el sitio web de su autoría, permitiendo así que cualquier persona en el mundo conozca la invención monstruosa que el Sr. Rodríguez, sin ningún escrúpulo, atribuye al Papa León X). En primer lugar, seguro que no desconocen que de mi libro "Mentiras..." hay en total 443 kb de información frente a los 50 Kb que dedica a la Taxa. No es, por tanto, "de las pocas cosas", sino todo lo contrario. Veo que lo que me acusan a mi define mucho mejor al autor de tamaña manipulación. Por otra parte, es obvio, para ustedes y para mi, que la reproducción de la Taxa no es una "invención monstruosa" mia, no tengo la imaginación ni la mala fe de muchos eclesiásticos, sino que se limitó a la reproducción de un documento que creí verdadero, así como también los expertos que consulté. Si alguien busca alguna "invención monstruosa" las encontrará tanto dentro como fuera de la Iglesia, pero no en mis libros (puedo equivocarme, pero jamás mentiré a sabiendas)... por ejemplo podríamos empezar por la falsificación de los hallazgos de la excavación arqueológica que concluyó con la declaración papal de que san Pedro anda enterrado por donde se le adora. Creo que mentir a sabiendas para hacer un negocio descarado debe ser pecado, máxime si lo hace un papa ¿o no?.

En fin, les agradezco su crítica, pero les ruego que se mantengan en el marco académico, porque la Iglesia, por desgracia (y lo digo sinceramente, créame), no es la institución que más puede alardear de honestidad.

 
Atentamente.
 
Pepe Rodríguez
 

 

 
N. Mendoza (10/12/2001)
Sr. Rodríguez: acuso recibo de su mensaje, y de lo publicado por usted en su sitio (al día de la fecha, 10/12/01). Nos alegra poder arrojar algo de luz sobre el tema. Nuestra publicación se hará esta semana, si Dios quiere. Lamento lo de "las pocas cosas", pero si uno vé el índice temático de su libro en la red, allí aparecen pocas cosas accesibles en linea, entre otras la Taxa. De todos modos, esa afirmación será sacada del escrito. Cualquier observación que le parezca pertinente será sinceramente agradecida.
 
En otro orden de cosas, no decimos en ningún lugar que la Taxa sea su invención (aunque faltando toda prueba en contrario, muy bien se podría pensar). Si se comprueba, por otro lado, la única fuente más antigua que sus fotocopias hasta el día de la fecha, a saber, un supuesto libro de Teófilo Gay (no sabemos que libro, y en cualquier caso no lleva tampoco la fuente, según parece) entonces quedará claro que no la inventó usted. Sin embargo, y una vez más, atribuir a alguien -como usted lo hace- un documento de ese calibre sin ninguna prueba en absoluto es, académicamente, una monstruosidad, y dígame usted si me equivoco o hay una palabra más apropiada. La apelación que usted hace una y otra vez a "sus amigos teólogos e historiadores" puede servir -de hecho así es- para mostrar de dónde habría sacado usted sus "pruebas" sobre la veracidad de tal documento, pero... trate usted de usar semejantes "pruebas" para fundamentar algún punto de la tesis doctoral que está preparando, y veremos si los Dr. Casas Aznar y Cornejo Alvarez lo aceptan. ¿Porqué lo debe aceptar el resto del mundo?
 
Las acusaciones que usted constantemente hace a toda la Iglesia Católica en bloque y de todos los tiempos de ser poco menos que la corrupción infinita encarnada es muy impertinente. ¿No le parece una generalización un tanto infantil?
 
Por eso, su petición de que "nos mantegamos en el marco académico", al margen de parecernos muy acertada, la esperamos también de parte suya: en este contexto no entiendo del todo qué tienen que ver con la Taxa... Pepino el Breve, la Donatio Constantini [...], el tráfico de niños en Barcelona, las violaciones de monjas, la Monita Secreta, los Protocolos de los Sabios de Sión, la expulsión de los judíos no bautizados de España o los huesos que están bajo la basílica de San Pedro [referencia a lo escrito por el Sr. Rodríguez en su sitio web, presentando nuestras conclusiones]. Para serle honesto, semeja el hilo argumentativo de los Testigos de Jehová y otras sectas.
 
Atentamente,
 
N. M.

 

Sr. Pepe Rodríguez (11/12/2001)

Sr. M.,

[...] 

Me permitirá que le contradiga, pero cuando en su trabajo se afirma "la invención monstruosa que el Sr. Rodríguez..." es obvio que se me está acusando de haber inventado ese documento y esa es una acusación no sólo grave sino indigna de quienes trabajan con la minuciosidad que lo hacen ustedes y, además, demuestra absoluta mala fe cuando conocen que existe la tal cita del 1800 del tal Teófilo Gay (aunque sea sin referencia). Por mi parte tengo ya una copia de todo un librito en el que aparece la Taxa, fue editado en Barcelona en 1936 y es radicalmente anticlerical (un ejemplar típico de esos días en España), tampoco da referencia de la fuente y reproduce fielmente el texto que yo había fotocopiado en francés, pero, en cualquier caso, no es nada relevante, me interesa ir mucho más allá. Quiero saber quién fue el autor de ese documento, lo demás no me importa en absoluto. Pretender que yo lo inventé, como siguen diciendo ustedes, es una total cretinez, pero ustedes son muy libres de difamar como les venga en gana. 

Sin duda, atribuir el tal documento a quien, en principio, no parece ser su autor, es un error (aunque el documento reproducido era cierto -quizá no real- y fue confirmado por fuentes académicas que se supone saben muchísimo más que yo), pero hablar de "monstruosidad académica" es andar por caminos interesadamente errados, primero porque saben, o deberían saber antes de criticar, que mi libro no se trata de un "trabajo académico" sino de uno divulgativo (aunque, en la forma con que trabajo, debe tener la misma seriedad de contenido que uno académico, pero con otro lenguaje y con menos revisión sistemática de bibliografía y fuentes diversas... que puede inducir a un presunto error grave como el que nos ocupa, cierto, pero podemos encontrar este defecto en miles de libros de historiadores, teólogos y otros padres de la patria académica; no soy el único pecador, aunque el pecado de otros no redime el mío... si es que lo es, que ya se verá en su día). Entrando en su campo de trabajo, ¿no deberían considerarse también una "monstruosidad académica" buena parte de las falsas atribuciones de autoría a textos bíblicos que han caracterizado los trabajos, particularmente católicos, hasta hace bien poco e incluso hasta hoy? [sigue una larga lista de "errores" -siempre a juicio del Sr. Rodríguez- en la historia de la exégesis bíblica]

Así es que, si le place, le ruego que revise su texto y elimine los insultos gratuitos que en él hay, no porque me ofendan, sino porque desmerecen su pretendida objetividad.

En otro aspecto, le aseguro que mi tesis doctoral no apela a vagedades -no es una mera revisión bibliográfica ni un compendio de teologías académicas-, se basa en una investigación estadística muy compleja y uno de mis directores es uno de los metodólogos más estrictos y exigentes que puede encontrarse. Y por mucho que le fastidie a alguno de los redactores del texto que leí, seré doctor cuando me de la gana terminar con mi investigación (cosa que, dicho sea de paso, no implica ni garantiza absolutamente nada, conozco a muchos doctores que son de una burrez infinita, casi milagrosa).

[...]

Creo que hemos entrado en la vía de aclarar lo que debía aclararse y eso era lo único importante, lo demás, paja mojada.

En cualquier caso, si como me dice en otro mail, en su artículo incluye fragmentos de mi correspondencia privada con el señor T., debo sugerirle que se limite a reproducir, sin descontextualizar, sólo la que he mantenido directamente con usted. Mi punto de vista queda claro y así debe seguir, del mismo modo que el suyo queda patente en mi web. Otra cosa sería manipulación en busca de intereses bastardos que, supongo, no están en su horizonte personal. 

Un fuerte abrazo,

 
Pepe Rodríguez