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Santiago Hermano de Jesus |
Santiago Hermano de Jesus
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El
hallazgo |
En los últimos días ha
saltado a las páginas de los periódicos la noticia de que ha aparecido un
osario de piedra caliza del tiempo de Jesucristo, procedente de Jerusalén,
con la inscripción aramea "Ya'aqob bar Yosef ajui di Yeshua" (Jacob –o lo
que es lo mismo, Santiago–, hijo de José, hermano de Jesús –o Josué–). Lo da
a conocer un estudio realizado por André Lemaire, especialista en
paleografía de la Escuela Práctica de Altos Estudios de París y publicado en
el último número (noviembre/diciembre 2002) de la "Biblical Archaeology
Review".
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Santiago |
El osario ha sido
datado por los arqueólogos en el año 63 de nuestra era. La inscripción está
grabada en una de sus caras laterales, escrita en arameo, con un tipo de
letra que se utilizó entre los años 10 y 70 dC. Según los editores, se
trataría del enterramiento de Santiago, al que se cuenta entre los "hermanos
de Jesús" en el Evangelio de San Mateo (Mt 13, 55) y en la Epístola a los
Gálatas (Ga 1, 19).
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Práctica
común |
En Jerusalén durante
el siglo I se utilizaba ese tipo de recipientes. Entonces estaba extendida
la práctica de depositar los cadáveres en una tumba excavada en la roca, y
al cabo de unos años reunir los huesos en un osario de piedra o cerámica,
que llevaba inscrito el nombre del difunto. Se han encontrado varios
centenares. Hasta ahora el personaje más conocido cuyos restos han aparecido
en uno de estos recipientes era Caifás, el que fue Sumo Sacerdote, y cuyo
osario salió a la luz en Jerusalén en 1990 cuando quedó al descubierto un
cementerio al remover tierras para la construcción de una avenida.
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Diversas
lecturas |
El nuevo hallazgo
arqueológico ha tenido amplia resonancia. Si ese "Yeshua" mencionado en la
inscripción fuera Jesús de Nazaret, ésta sería la primera vez que se
descubre una evidencia arqueológica sobre la figura de Jesucristo. Si ese "Yosef"
se identificase con San José, habría que tomar en consideración la alusión
del apócrifo "Protoevangelio de Santiago" (9, 2) a que José era viudo y
tenía hijos cuando tomó como esposa a María.
Los cristianos con tendencia a
realizar una lectura fundamentalista de la Biblia, y por tanto con un
cristianismo poco coherente, posiblemente estén de enhorabuena por lo que
considerarán un argumento más a favor de la historicidad de las Escrituras.
Sin embargo, una reflexión madura exige sopesar los hechos de modo crítico.
La fe católica no requiere argumentos demagógicos, sino una investigación
seria de la verdad.
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Cuestiones de interpretación |
Para cualquier técnico
en la materia está claro que nunca será posible tener certeza de que
realmente ese osario pertenezca al personaje del Nuevo Testamento. De una
parte porque los nombres que están grabados en él (Ya'aqob, Yosef y Yeshua)
eran muy comunes. Sólo entre los osarios encontrados en Jerusalén aparece
cada uno de ellos centenares de veces. Personajes en los que se diera la
misma combinación de esta inscripción se calcula que podía haber al menos
veinte. De otra parte, la denominación "hermano" de Jesús que se aplica a
Santiago es un modo semítico de hablar para designar a los "parientes". Pero
de ninguno de los personajes a los que se llama "hermano de Jesús" en el
Nuevo Testamento se afirma que fuera "hijo de José". De hecho, los dos
Apóstoles de Jesús que llevan el nombre de Ya'aqob, Santiago el Mayor y
Santiago el Menor, son hijos de Zebedeo y Alfeo, respectivamente según los
datos evangélicos (Mt 10, 2-3). No es posible, pues, identificar al
personaje del osario con ninguno de ellos. Además, la urna de piedra que
ahora sale a la luz tiene una procedencia insegura desde el punto de vista
de la técnica arqueológica: no se sabe de dónde procede ni en qué
condiciones se encontró. Es propiedad de un coleccionista que la compró
vacía en un mercado de antigüedades hace quince años.
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La
importancia del hallazgo |
Este hallazgo, por lo
tanto, no plantea ningún problema real a los datos que la historia y la fe
mantienen hasta ahora. Al contrario, es un testimonio más acerca del
trasfondo histórico de los textos del Nuevo Testamento. Se comprueba que los
nombres de sus protagonistas eran los nombres más corrientes en Jerusalén y
en la Galilea judía de aquel tiempo. Los Apóstoles y los primeros cristianos
eran gente normal. Pero en medio de las dificultades económicas, y con los
graves problemas sociales y políticos de la sociedad en que vivían, fueron
hombres y mujeres de fe, sabedores que tenían algo que aportar al mundo. El
gran descubrimiento al que nos acercan siempre estos hallazgos consiste en
recordar la existencia, ya desde los orígenes del cristianismo, de personas
corrientes que se esforzaban por ser santos allá donde estaban.
Francisco
Varo. Profesor de Sagrada Escritura. Universidad de Navarra
24 de octubre de 2002. Diario de Navarra
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