ROMA, 8 sep (ZENIT).- «El libro de Cornwell es muy confuso. No
se trata de
un verdadero análisis histórico. Faltan los documentos
que sostengan sus
tesis. Se hacen acusaciones gravísimas a Pío XII sin
la prueba de los
hechos». La crítica feroz, neta y decidida del libro «Hitler's
Pope» (El
Papa de Hitler: historia secreta de Pío XII), escrito por el
británico John
Cornwell y presentado en manera polémica por el mensual norteamericano
«Vanity Fair», la hace el padre Pierre Blet que junto a
Angelo Martini,
Burkhart Schneider y Robert A. Graham realizó, por encargo del
Papa Pablo
VI, la publicación de los doce volúmenes: «Actas
y documentos de la Santa
Sede durante la Segunda Guerra Mundial».
El padre Blet es un historiador competente y autorizado. Cuando en marzo
de
1998, los periodistas preguntaron a Juan Pablo II, en viaje hacia Nigeria,
una opinión sobre los presuntos silencios de Pío XII,
el Pontífice
respondió: «Se ha dado ya una respuesta satisfactoria,
basta leer al padre
Blet». A la distancia de más de un año, pocos han
seguido el consejo del
Papa, muchos más en cambio han preferido seguir creyendo en
exageraciones
más o menos fantásticas sobre el asunto. Zenit ha entrevistado
a este
autorizado experto en el tema para tener una opinión autorizada
sobre el
libro de Cornwell.
Zenit.- Según Cornwell, Pacelli habría favorecido el ascenso
de Hitler
porque en la firma del Concordato entre la Santa Sede y Alemania habría
aceptado la condición de la disolución del Partido del
Centro, cancelando
así toda oposición a la toma del poder por parte de los
nazis.
Padre Blet.- Aparte del hecho de que entonces era papa Pío XI
--explica el
padre Blet-- sobre el que debería recaer la eventual responsabilidad
de un
acto tal, no existe ninguna prueba que apoye esta tesis. Parece en
cambio
que Pacelli estuviera muy disgustado por la decisión de los
católicos
alemanes de disolver el Pertido del Centro. Basar sobre esta «hipótesis»
las acusaciones contra Pacelli como sostenedor del nazismo me parece
francamente exagerado.
Zenit.- ¿Y qué decir de la firma del Concordato con el Tercer Reich?
Blet.- ¿Qué otra cosa se podía hacer para defender
a la Iglesia en
Alemania? Rechazar el Concordato con los nazis habría significado
abandonar
a los católicos en las manos del nuevo poder y no habría
habido ninguna
posibilidad de defensa.
Zenit.- Cornwell sostiene que Pacelli era antisemita.
Blet.- Sobre la relacíón entre Pío XII y los judíos,
el autor británico
deja a un lado muchas cosas. Cita sólo la documentación
contraria a Pío XII
y evita sistemáticamente las manifestaciones de agradecimiento
de muchos
judíos salvados por la Iglesia. Por lo que se refiere a los
silencios,
sabemos claramente que una protesta pública contra el nazismo
habría sido
un desastre no sólo para los católicos sino sobre todo
para los judíos.
Cornwell dice que la única protesta pública de Pío
XII fue aquella de la
Navidad de 1943 y no cita la exhortación consistorial del 2
de junio de
1943, cuando Pío XII protesó enérgicamente en
defensa de gente mandada a la
muerte sin culpa. En esta misma intervención, Pío XII
explicó que la
protesta no podía ser más fuerte «porque debemos
tener cuidado de no
perjudicar a aquellos que queremos salvar».
Zenit.- Cornwell afirma que Pío XII estaba convencido de la conexión
entre
judíos y bolcheviques.
Blet.- Es una vieja historia. Se acusa a Pío XII de haber estado
obsesionado por los comunistas y por este motivo no habría visto
el peligro
nazi. En realidad era bien consciente del peligro comunista y del nazi.
En
relación a los bolcheviques, cuando los católicos norteamericanos
presentaron el problema de la colaboración económica
con la Unión
Soviética, Pío XII intervino diciendo que las prohibiciones
contenidas en
la encíclica contra el comunismo no valían en esta circunstancia.
Mostrando
en este modo que razonaba sin esquemas ideológicos.
En realidad, creo que el libro de Cornwell no mira sólo a desacreditar
a
Pío XII. Se trata de hecho de un ataque a la concepción
católica del
Papado. En el libro, en efecto, protesta contra el nombramiento de
los
obispos decidido por el Papa. Critica la declaración de infalibilidad
del
Concilio Vaticano e incluso habla contra la definición de los
dogmas
marianos. Cornwell sostiene que todos los Papas son dictadores. En
el
último capítulo critica a Juan Pablo II, que a su juicio
dirige la Iglesia
en manera más autoritaria que Pío XII.
Zenit.- Edicicines Paulinas han anunciado apenas la publicación
del libro
«Pío XII y la Segunda Guerra Mundial», escrito por
usted. ¿Puede
ilustrarnos sobre el contenido?
Blet.- A diferencia de Cornwell, yo me he atenido estrictamente a los
documentos. Es una síntesis de los doce volúmenes de
documentos publicados
por la Editora Vaticana, donde se puede ver día a día,
hora a hora, lo que
la Santa Sede hizo durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial.
Resalta en especial cómo Pío XII trató por todos
los medios de buscar la
paz, primero tratando de avitar la ocupación de Polonia, luego
tratando de
mantener fuera del conflicto a Italia. La diplomacia vaticana trabajaba
con
la ayuda de Ciano para convencer a Mussolini de que abandonara el Eje.
Por lo que se refiere a la relación con los judíos, en
los documentos se ve
claramente cómo Pío XII consideró cual fuese el
modo mejor para ayudarles.
Quería hacer una declaración pública, pero incluso
la Cruz Roja lo
desaconsejó porque una declaración pública no
sirve para nada, sobre todo
para regímenes como el de Hitler y más que nada habría
podido perjudicar
mucho más justamente a aquellos que quería ayudar.
En mi libro se ve también cómo Pío XII dedicó
mucha atención a la situación
de los católicos alemanes. Una declaración contra Alemania
habría provocado
el fin de la relación con el Papa y habría hecho el juego
a la propaganda
nazi que señalaba a Pío XII como un enemigo de Alemania.
El Papa Pacelli
conocía bien la naturaleza del nazismo. El hijo del embajador
francés en
Roma ha contado que durante una invitación a comer, uno de los
invitados
observó que quizá era mejor tener a Hitler en el poder
que a los generales
prusianos. Pacelli intervino diciendo: «Usted no sabe lo que
está diciendo.
Los generales prusianos tienen sus defectos, pero los nazis son
diabólicos».