TUCSON (ARIZONA), 19 ago 1999 (ZENIT).-
Nos encontramos en Tucson, Arizona. Un
grupo de investigadores absortos examinan el universo con el primer
telescopio de rayos infrarrojos del Mount Graham International Observatory
(MGIO), probablemente el mejor centro astronómico continental
de Estados
Unidos. Se trata del Vatican Advanced Technology Telescope (VATT).
Sí ha
leído bien. Bienvenido a la división del Observatorio
Vaticano que se
encuentra en Estados Unidos para descubrir los misterios de ese libro
abierto de la existencia de Dios, que es el universo.
El Observatorio Vaticano es uno de los centros astronómicos más
antiguos
del mundo. El Papa Gregorio XIII ya había creado una comisión
científica
encargada de estudiar los elementos necesarios para la realización
de la
reforma del calendario litúrgico que tuvo lugar en 1582.. Desde
entonces,
el papado ha apoyado la investigación astronómica. De
hecho, los Papas
fundaron tres observatorios: el Observatorio del Colegio Romano
(1774-1878), el Observatorio del Capitolio (1827-1870) y la Espécula
Vaticana (1789-1821). Esta tradición alcanzó su clímax
a mediados del siglo
XIX, con las investigaciones del famosos jesuita Angelo Secchi, el
primero
que clasificó las estrellas según su espectro.
Para responder a quienes acusaban a la Iglesia de oponerse a la ciencia,
el
Papa León XIII, en 1891, fundó formalmente la Espécula
Vaticana
(Observatorio Vaticano) y lo colocó en una montaña detrás
de la Basílica de
San Pedro.
Durante cuatro décadas, la investigación astronómica
de esta institución,
que llegó a realizar un famoso programa de gran prestigio científico
para
trazar un mapa de las estrellas, tenía lugar a la sombra de
San Pedro.
Ahora bien, el crecimiento de la ciudad de Roma y la contaminación
obligaron a transportar en los años treinta el Observatorio
a Castel
Gandolfo, localidad situada a 35 kilómetros de la Ciudad Eterna.
El nuevo
observatorio fue confiado a los jesuitas. Con la instalación
en 1957 de un
telescopio Schmidt, la investigación se extendió a las
nuevas técnicas de
clasificación de las estrellas según su espectro. Se
trata de una programa
que todavía se sigue en el Observatorio y que continúa
con la labor pionera
del padre Angelo Secchi.
Con el continuo crecimiento de Roma, el Observatorio de Castel Gandolfo
también comenzó a experimentar los efectos de contaminación
luminosa. Por
esta razón, el Observatorio fundó un segundo centro de
investigación, el
Vatican Observatory Research Group (VORG), en Tucson, Arizona (Estados
Unidos), uno de los centros astronómicos más importantes
en estos momentos.
Las oficinas se encuentran en el Steward Observatory de la Universidad
de
Arizona.
En 1993, el Observatorio Vaticano, en colaboración con el Steward
Observatory, terminó la construcción del Vatican Advanced
Technology
Telescope (VATT) en el Monte Graham de Arizona, como decíamos,
el primer
telescopio de rayos infrarrojos de este centro astronómico.
Este proyecto
es la base para la construcción en los próximos años
de algunos de los más
sofisticados y poderosos telescopios del mundo. Actualmente el Observatorio
Vaticano está dirigido por el astrónomo jesuita Richard
P. Boyle.
Por su parte, la librería de Castel Gandolfo contiene más
de 22 mil
volúmenes de incalculable valor, entre los que se encuentran
originales de
Copérnico, Galileo, Newton, Kepler, Brahe, Clavius y Secchi.
Además, se
encuentra una colección única de meteoros que está
sirviendo para estudiar
la historia del sistema solar. Las investigaciones científicas
se publicar
en revistas especializadas internacionales. El Observatorio publica
también
«Studi Galileiani» («Estudios de Galielo»),
una serie de estudios sobre las
controversias en torno a Galileo y Copérnico.
Cada dos años, el Observatorio ofrece a unos 20 estudiantes de
astronomía
--muchos de ellos provenientes de países del tercer mundo--
cursos de
formación y prácticas profesionales en Castel Gandolofo
y en Tucson durante
el verano.
El Observatorio Vaticano recibe una financiación anual de la
Santa Sede.
Ahora bien, para financiar proyectos especiales, como la construcción
del
Vatican Advanced Technology Telescope, pide también ayuda a
privados. Para
ello, ha creado la Vatican Observatory Foundation (VOF), institución
exenta
de impuestos.