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El "mandamiento nuevo"

Algunas consideraciones prácticas sobre Jn 13, 34-35.

Colaboración de Alejo Fernández Pérez / España

"Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis los unos a los otros como yo os he amado, que os améis mutuamente. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis caridad unos para con otros".

Consideraciones

¿Un mandamiento nuevo? En los diez mandamientos ya existían los preceptos del amor a Dios y a los hombres. En las Bienaventuranzas se habla también del amor, y en la parábola del samaritano, etc. 

Es nuevo porque es universal, se refiere a todos los hombres de toda condición social, sea amigos o enemigos, y cualquiera que sea su raza. Es nuevo porque no se trata de un amor cualquiera, sino de amar como Cristo nos amó, hasta dar la vida por nosotros, incluyendo a los que le crucificaron. Ya en la cruz pidió al Señor perdón para los que le mataron, y buscó una justificación para ellos: “Perdónalos Señor, porque no saben lo que hacen”

“En esto conocerán que sois mis discípulos”. No en que lleven un distintivo en la solapa, ni en la forma de vestir o saludarse; tampoco en que vayan a misa los domingos, ni en que recen en un templo determinado o mirando a Jerusalén, ni en que no roben o sean castos. Los cristianos se distinguirán o deberán distinguirse de las demás personas en una sola cosa: En el mutuo amor que se dispensen, en un amor tan grande que sean capaces de sacrificarse por “cualquiera de los demás”. Todo ello por caridad, por amor a Dios, que murió por todos los hombres buenos o malos, blancos o negros, sanos o enfermos, .. por todos..

Y en la vida corriente, normal, diaria, ¿cómo plasmamos ése amor?.

Por supuesto, cumpliendo con los mandamientos de Dios y de la Iglesia, sumándoles algunas facetas de tipo general, como:

No hace falta salir del entorno familiar para recibir la mejor lección  humana de amor: El amor de las madres por sus hijos. Una madre no piensa en nadie más que en los hijos: todo lo da, nada pide, todo lo perdona, todo  lo excusa, y con su amor termina convirtiéndose en el corazón de la familia.

Tenemos un mandato nuevo.  Con su cumplimiento o no, nos jugamos la vida eterna, la nuestra. Además, por lo que hacemos o no hacemos, puede que nos pregunten: ¿dónde esta tu hermano?

Mérida agosto 2000