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Más sobre Dios y el mal |
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Comentario al artículo de Fernando Renau. |
Boston,
13 de Marzo 2001
Querido
Juan Carlos:
Estuve visitando tu página que siempre encuentro
valiosa y estimulante. En mis paseos por allí me encontré con este artículo (La
experiencia del mal y la idea de Dios. Reflexiones sobre un gran misterio de
Fernando Renau) que me pareció muy bueno. Quisiera agregar algunos
argumentos que, personalmente encuentro muy fuertes en este asunto de la
existencia del mal y del dolor en la creación de Dios que es perfectamente
justo y bueno.
El autor hace bien en separar el mal circunstancial y el mal moral. En mi opinión
el mal moral es anterior al mal material. Según sabemos, hubo uno que pecó en
el principio y en su soberbia quiso ser como Dios mismo y arrastró con su
pecado a muchos de sus hermanos angélicos y con Adán, a toda la humanidad. En
el caso de Adán y Eva pareciera que algo en la mismísima matriz de la creación
se rompió cuando el pecado original humano fue cometido. Los hijos nacerían
con dolor, la tierra llegó a estar maldita y condenada a producir cardos y
espinas. Y no sólo eso sino que ahora sabemos que para rescatar a la humanidad
de tan mal paso, el propio Hijo de Dios tuvo que encarnarse y morir una muerte
horrenda e inmerecida en la Cruz.
El mal moral entonces, existe. ¿Pero has notado que si uno se observa con
cuidado al hacerse estas preguntas que el autor del artículo plantea...
pareciera haber una contradicción? Ten paciencia conmigo un minuto y trataré
de explicarte lo que tengo en mente.
Cuando digo que el mal existe (moral o material) estoy haciendo una comparación
sin darme cuenta ya que el mal de por sí no es sino una alteración dolorosa o
nociva del bien.
Nada es en sí mismo malo hasta que se realiza una injuria a la virtud o a la
dignidad de alguien, más frecuentemente a ambas. Y si cuando digo "el mal
moral existe" tengo que reconocer la petición inicial de que, este mal, está
modificando un bien mayor y anterior.
Si decimos como algunos (así llamados filósofos) "Dios ha fallado y el
mal está en él tanto como el bien" estamos invocando una moral, una regla
de juicio superior a la de ese 'Dios' del que estamos hablando.
Y ¿De dónde
viene esa regla de juicio? ¿Quién sino alguien o algo, superior al mismo Dios
que creemos estar juzgando puede haberla creado? Y ahí volvemos a fojas cero,
hemos descubierto sin querer a un Dios superior moralmente al que creíamos
juzgar y debemos empezar nuestro juicio otra vez.
De ahí que la condenación de Dios por el hombre no es posible pues "sus
cualidades invisibles [las de Dios] lo hacen manifiesto desde la creación en
adelante" y no hay como negar su absoluta bondad.
Un poeta que admiro dice en uno de sus versos "Soy un hombre común, engañado
entre el dolor y el placer" y qué justa es esa observación, pues teniendo
en cuenta lo que concluía antes; el dolor, el mal, moral o material no es sino
la consecuencia misteriosa del pecado. Y ¿Qué es el pecado sino el tratar de
vivir, actuar, pensar alejado de Dios y de los evidentes buenos y beneficiosos
principios que nos da El con nuestra conciencia?
De ahí que esta misteriosa paradoja de un Dios ,que es perfecto, pero debe
dejar que el mal exista como prueba suficiente de que la rebelión contra su
justa voluntad es una locura que solo acarrea el dolor y la muerte en cada caso
sin excepción.
De ahí el ataque de la "cultura de la muerte" a la virtud y a la
dignidad humana. La corte del dios de este mundo, su reino entero, no es más
que una miserable caravana de cadáveres tristes. A pesar de su mal interpretada
libertad los cortesanos del Diablo son todos esclavos. Pero, qué distinto el
caso de nuestro glorioso Rey, ¿verdad? Aquel que se humilló hasta la muerte en
la Cruz tiene una corte maravillosa de Santos, Profetas y Angeles tan numerosa
como llena de gloria y de vida sempiterna y pureza. Para que se cumpla lo que
Nuestra Señora exclamó en la Anunciación indicando que la misericordia divina
llena de bien las manos de los humildes pero envía sin nada a los altivos.
Sin saberlo, los "filósofos" que se sientan a juzgar a Dios condenan
al dios de este mundo, el Diablo, el eterno rebelde que introdujo en el universo
la maldad desafiante. Y así, sin quererlo, dan gloria al Dios de los cielos que
existe para siempre jamás y con quien "no hay la variación del giro de la
sombra" porque es Santo y perfecto en todas sus obras aunque deba tolerar
el mal para justificar nuestra libertad de adorarlo y reconocerlo como Padre.
Te
envío un gran abrazo
Carlos