ZENIT 9 de Noviembre 1998

EXCLUSIVO
INQUISICION, «NO PODEMOS PEDIR PERDON POR PECADOS INVENTADOS»
Habla Georges Cottier, organizador del reciente Simposio vaticano

CIUDAD DEL VATICANO, 9 nov (ZENIT).- «La gran debilidad de la Inquisición
consiste en haber querido defender la verdad con medios violentos». Este es
el sintético juicio del padre Georges Cottier, teólogo de la Casa
Pontificia y organizador del Simposio internacional sobre la Inquisición
que se celebró en los últimos días de octubre en el Vaticano.

«La historia de la inquisición no es la historia de Iglesia --declara en
exclusiva a Zenit el padre Cottier--. La Iglesia es santa y da siempre
frutos de santidad. Pero con esto no quiero decir que la Iglesia esté
compuesta sólo de hombres santos, sino que produce frutos de santidad, en
cada generación, también en nuestra época. La inquisición ha sido una
institución eclesiástica y temporal que ha tenido ciertamente grandes
defectos con sus consiguientes efectos negativos, pero éste no es el camino
de la Iglesia. La Iglesia, como esposa y cuerpo de Cristo, tiene que gozar
de toda nuestra confianza y, cuando hace penitencia, como indica Juan Pablo
II en la carta apostólica "Tertio Millennio Adveniente", está cumpliendo un
acto de lealtad y valentía que nos da nuevas fuerzas para afrontar el
presente y el futuro».

--Zenit: ¿Cuáles son las novedades que han emergido en el Simposio?

--Georges Cottier: No podemos hablar de auténticas novedades, en parte
porque los historiadores presentes trabajan sobre este argumento desde hace
muchos años. El encuentro ha servido para aprender los unos de los otros.
Se ha discutido mucho sobre la interpretación de algunos hechos concretos.
Por ejemplo, se constató que no existe claridad en el recuento de los
números de las víctimas de la Inquisición y mucho menos en su
interpretación. Nuestra información tiene todavía muchos puntos que deben
seguir siendo investigados. Muchos archivos fueron destruidos, otros no se
han estudiado suficientemente y el archivo del Santo Oficio acaba de ser
abierto. Sin embargo, a pesar de las dificultades, alcanzamos un consenso
en puntos realmente importantes.

--Zenit: Una cierta historiografía dibuja a la Inquisición con los colores
de la tortura y el calor de las hogueras. Por el contrario, algunos
expertos cristianos defienden la utilidad que tenían estos tribunales.
Usted, ¿qué piensa?

--Georges Cottier: La interpretación de los hechos que afectan a la
historia de la Inquisición es muy controvertida. El análisis histórico
tiene que tener en cuenta el contexto en el que tuvieron lugar los hechos.
Algunos de los procedimientos atribuidos a la Inquisición, por ejemplo,
eran los mismos que utilizaban los tribunales civiles. Incluso el
procedimiento del proceso era el mismo. Muchos procesos terminaron con el
reconocimiento de la inocencia del imputado y la pena para los condenados
no era siempre la ejecución capital. El porcentaje de condenas a muerte fue
inferior a lo que normalmente se piensa. Pero se trata de un problema de
principio. Aunque hubiera habido poca gente condenada a muerte
injustamente, el problema sigue en pie. Las comparaciones cuantitativas me
causan repugnancia, pues no afrontan el verdadero problema.

Por lo que se refiere a la interpretación de la Inquisición, se trata de un
problema más teológico que histórico, aunque es cierto que el argumento
histórico tiene que ser profundizado, pues no se puede hablar de este
tribunal sin conocer la verdad de los hechos. Desde el puntos de vista
teológico, se han identificado algunas pistas de reflexión. El padre Juan
Miguel Garrigues ha insistido en que la Inquisición, en sus raíces
doctrinales, es un problema que nace ya con san Agustín en su disputa
contra los donatistas. Ya en aquel entonces Agustín pidió ayuda al brazo
secular pues en aquel momento el imperio se había hecho oficialmente
cristiano. Esto significa que no se puede entender la Inquisición sin la
idea histórica de cristiandad, que es una forma de sociedad civil y
política en la que todos los miembros están comprometidos en la profesión
de la fe cristiana. En la Inquisición nos encontramos ante la defensa de la
fe como protección de la Iglesia y también como elemento cultural que une
al pueblo. Por ejemplo, no se puede entender la historia de la Inquisición
española fuera de esta lógica. Sólo cuando se hace un esfuerzo por pensar
como razonaban las personas de aquel tiempo es posible comprender por qué
tanta gente excelsa y de gran fe no experimentó los interrogantes que
planteaba esta institución.

Es verdad que en nuestro siglo se han dado genocidios, pero esto no quiere
decir que podemos analizar la Inquisición sin remordimientos.

--Zenit: A la edad moderna le gusta ponerse la etiqueta de «edad de los
derechos» y, por ello, critica severamente a la Inquisición. ¿Cómo es
posible analizar con los ojos de hoy lo que sucedió en la historia pasada?

--Georges Cottier: Hoy vivimos en una sociedad pluralista en la que la
distinción entre poder temporal y espiritual es mucho más clara que en el
pasado y esto representa un gran cambio. A partir de esta consideración,
hay que hacer una reflexión teológica. La conciencia moral cristiana se
afina con el avanzar de la historia. No estoy diciendo que los cristianos
son mejores hoy que antes, pues quizá hay más pecadores ahora que en el
pasado --sólo Dios lo sabe--. Pero, como ha sancionado el Concilio Vaticano
II y la carta «Tertio Millennio Adveniente», «la verdad se defiende con las
armas de la verdad» y esto representa un progreso enorme para la conciencia
cristiana.

Basta pensar, por ejemplo, en el debate actual sobre la pena de muerte. Al
inicio de este siglo, la pena de muerte era algo comúnmente aceptado,
ahora, por el contrario, su práctica es causa de auténticos problemas para
la conciencia de los cristianos. Esto demuestra que pueden nacer exigencias
más rigurosas en la conciencia cristiana. De este modo, se puede entender
cómo ciertos actos, que no fueron percibidos como un mal moral en una
época, son vistos hoy como inaceptables.

Pero quisiera añadir que la realidad moderna es paradójica. Hoy día vemos
cómo muchas personas critican las prácticas violentas de la Inquisición, y
cómo luchan contra la pena de muerte, pero al mismo tiempo asistimos a la
liberalización del aborto y de la eutanasia. De este modo, constatamos que
el progreso de la conciencia no es linear: se pueden dar pasos adelante en
un campo y pasos atrás en otro. Si, además, somos testigos de cómo algunos
sistemas totalitarios, en nombre de la «Razón de Estado», no han dudado en
cometer masacres y torturas de masa, entonces comprenderemos la complejidad
de la historia. El hombre está llamado a la santidad, pero es pecador y el
pecado forma parte de la historia.

--Zenit: Tomás de Torquemada es descrito como un inquisidor cruel y
torturador. Pero, ¿fue realmente así? ¿Qué responde ante el hecho de que
algunos inquisidores fueron canonizados?

--Georges Cottier: Hay santos inquisidores, pues vivieron la caridad
perfecta, sin participar en las malicias morales de estas prácticas. Es
conocido, por ejemplo, el carácter severo de la Inquisición romana bajo el
gobierno del Papa Pío V. Además, no hay que confundir la estructura
represiva de la Inquisición con la figura de algunos inquisidores, cuya
tarea consistía en identificar a los herejes y convertirles. Los santos
viven la vida evangélica, incluso aquellos que aceptaron la inquisición,
vivieron según esta senda. Uno de ellos fue, por ejemplo, San Pedro mártir
de Verona, quien es recordado en el calendario. Hay que tener en cuenta
que, en aquel entonces, no se percibía la incompatibilidad de algunas
prácticas con la difusión del Evangelio. La violencia ha abierto siempre
las puertas a períodos oscuros, especialmente cuando el poder civil ha
tomado en su mano la cuestión de la represión de los herejes.

Por lo que se refiere a Torquemada, hay que decir que era muy riguroso,
pero la búsqueda del rigor en ocasiones puede crear problemas. El afán
obstinado por perseguir el rigor de la virtud podría tener algo de
inhumano. Basta pensar, por ejemplo, en un hombre duro como Calvino.
Tenemos que rehabilitar la moderación que forma parte de la virtud de la
prudencia en la lucha contra el vicio. A veces el rigor puede ser
exagerado, para convertirse un tipo de celo que deja de ser evangélico. No
creo que Torquemada fuera un sádico. Quizá se dieron casos graves, en
especial cuando utilizaba la tortura para obtener la confesión.

--Zenit: ¿Cuál es su opinión sobre la utilidad de los resultados obtenidos
en el simposio?

--Georges Cottier: El primer objetivo consiste en preparar un dossier al
Santo Padre. El Jubileo es un acto de alegría, una alegría que nace del
perdón de Dios.

Tenemos que pedir perdón también por algunos pecados cometidos en la
historia. Pero se corre el riesgo de pedir perdón por hechos que nunca
existieron. El Papa habla de purificación de la memoria. Esto quiere decir
que tenemos que purificar nuestra imagen del pasado de los errores que son
promovidos por la propaganda. La idea horrorosa de la Inquisición difundida
entre la opinión pública es seguramente exagerada. Por este motivo, hemos
decidido escuchar a los historiadores para que nos digan qué fue
exactamente la Inquisición. La petición de perdón debe formularse
basándonos en la información más exacta posible. Este era el objetivo
fundamental del Simposio y estamos contentos por los resultados alcanzados.

--Zenit: ¿En qué medida estos resultados pueden ser estímulo o freno para
el diálogo ecuménico e interreligioso?

--Georges Cottier: Creo que pueden ser un auténtico estímulo a condición de
que se trate de un auténtico diálogo. La Iglesia no tiene miedo de la
verdad y, considerando que no puede  diálogo sin dos interlocutores,
tenemos que esperar que la otra parte muestre la misma disponibilidad. Esta
es la primera condición del diálogo. Por este motivo, la investigación de
la verdad histórica debería ayudar a todas las partes interesadas en el
diálogo. La inquisición fue instituida por los católicos, pero la pena de
muerte fue aplicada por otro muchos sistemas y confesiones. De todos modos,
estoy convencido de que nuestra disponibilidad para descubrir la verdad
servirá de ayuda para el diálogo ecuménico.