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Los
ojos de Guadalupe: |
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Los resultados de las investigaciones científicas. |
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Tomado de Zenit.org |
Un
científico revela las conclusiones de la tecnología digital
ROMA, 20 diciembre 2001.- Los ojos de Guadalupe constituyen uno de los grandes
enigmas para la ciencia en estos momentos, como han constatado los estudios
del ingeniero José Aste Tönsmann del Centro de Estudios Guadalupanos de
México.
Este graduado en ingeniería en sistemas ambientales por la Universidad de
Cornell ha estudiado durante más de veinte años la imagen impresa de la Virgen
en ese tosco tejido hecho con fibras de maguey de Juan Diego, el indígena que
recibió las apariciones que cambiarían decisivamente la historia de México.
Si bien sus dimensiones son microscópicas, el iris y las pupilas de los ojos
de la imagen tienen impresa al menos la imagen sumamente detallada de trece
personajes. Las mismas personas están presentes tanto en el ojo izquierdo como
en el derecho, con diferentes proporciones, al igual que sucede en los ojos de
un ser humano que refleja los objetos que tiene en frente.
El reflejo transmitido por los ojos de la Virgen de Guadalupe es la escena en
la que Juan Diego mostraba al obispo fray Juan de Zumárraga y a los presentes
en la estancia el manto con la misteriosa imagen. Era el 9 de diciembre de
1531.
La técnica que ha utilizado para su estudio el ingeniero Aste Tönsmann es la
del proceso digital de imágenes usado por los satélites y por las sondas
espaciales para transmitir informaciones visivas. El científico, de hecho, ha
trabajado durante años en IBM en procesamiento digital de imágenes.
Según las conclusiones del estudio, reveladas por Aste Tönsmann a Zenit,
durante una visita que realizó a Roma a inicios de enero, nos encontramos ante
una imagen «que no ha sido pintada con mano de hombre».
Ya en el siglo XVIII varios científicos realizaron pruebas científicas que
mostraban cómo era imposible pintar una imagen así en un tejido de esa
textura. De hecho, con el pasar del tiempo, las fibras del «ayate» que
utilizaban los indios se degradan. Normalmente no deberían durar más de veinte
años. Sin embargo, la imagen está impresa desde hace 470 años.
Richard Kuhn premio Nobel de Química, recordó Aste Tönsmann, hizo análisis
químicos en los que se pudo constatar que la imagen no tiene colorantes
naturales, ni animales ni mucho menos minerales. Dado que en aquella época no
existían los colorantes sintéticos, la imagen, desde este punto de vista, es
inexplicable.
En 1979 los estadounidenses Philip Callahan y Jody B. Smith estudiaron la
imagen con rayos infrarrojos y descubrieron con sorpresa que no había huella
de pintura y que el tejido no había sido tratado con ningún tipo de técnica.
Aste Tönsmann, se pregunta, «¿Cómo es posible explicar esta imagen y su
consistencia en el tiempo sin colores y con un tejido que no ha sido tratado?
Es más, ¿cómo es posible que, a pesar de que no haya pintura, los colores
mantengan su luminosidad y brillantez?».
El ingeniero peruano explica que «Cahallan y Smith han mostrado cómo la imagen
cambia ligeramente de color según el ángulo de visión, un fenómeno que se
conoce con el término de iridescencia, una técnica que no se puede reproducir
con manos humanas».
El investigador comenzó a desarrollar su estudio en 1979. Agrandó los iris de
los ojos de la Virgen hasta alcanzar una escala 2.500 veces superior al tamaño
real y, a través de procedimientos matemáticos y ópticos, logró identificar
todos los personajes impresos en los ojos de la Virgen.
En los ojos de la Virgen --revela-- se encuentran reflejados los testigos del
milagro guadalupano, el momento la que Juan Diego mostraba el ayate al obispo.
Los ojos de la Virgen tienen así el reflejo que hubiera quedado impreso en los
ojos de cualquier persona en esa posición.
Se puede individuar un indio sentado, que mira hacia lo alto; el perfil de un
hombre anciano, con la barba blanca y la cabeza con calvicie avanzada, como el
retrato de Juan de Zumárraga realizado por Miguel Cabrera para representar el
milagro; un hombre más joven, con toda probabilidad el intérprete Juan
González; un indio de rasgos marcados, con barba y bigote, que abre su propio
manto ante el obispo, sin duda Juan Diego; una mujer de rostro oscuro, una
sierva negra que estaba al servicio del obispo; un hombre de rasgos españoles
que mira pensativo acariciándose la barba con la mano.
En definitiva, en los ojos de la imagen de la Virgen de Guadalupe está impresa
una especie de instantánea de lo que sucedió en el momento en que tuvo lugar
el milagro.
En el centro de las pupilas, además, a escala mucho más reducida, se puede ver
otra «escena», totalmente independiente a la primera. Se trata de una familia
indígena compuesta por una mujer, un hombre, y algunos niños. En el ojo
derecho, aparecen otras personas de pie detrás de la mujer.
Hasta aquí llega la ciencia, fue la conclusión de Aste Tönsmann. El cómo se ha
realizado algo así no es posible descifrarlo con métodos científicos.