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La Misa y la Última Cena |
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Reflexiones sobre la Eucaristía en los relatos evangélicos. |
La
institución de la Eucaristía se encuentra relatada cuatro veces en el N.T., en
los tres sinópticos y en la primera carta del apóstol San Pablo a los
Corintios.
San
Juan por su parte, no refiere el momento de la institución de la Eucaristía,
atento a su propósito de no repetir lo que otros narraron, sino más
bien de precisarlos o concretarlos y es por ello que en el cap. 6
tenemos la promesa de la Eucaristía, que es una pieza doctrinal sobre
ella y que llamamos el discurso de: El Pan
de Vida, en el cual se destacan dos partes:
a)
Que es don del Padre a los
hombres y ha de ser tomado por la fe.
b)
Que es don de Jesús que sólo
se da en el futuro y se toma por comida y bebida.
Los
trozos particulares están enlazados por la idea
a la Eucaristía y en ellos
se halla la terminología de la última cena. La doctrina de la promesa,
se resume en tres proposiciones:
1.
<< Yo soy el pan vivo que ha
bajado del cielo. >>
2.
<< Si alguno come de este
pan, vivirá eternamente.>>
3.
<< El pan que yo os voy a dar
es mi carne para que el mundo viva
>>
La
palabra griega que usa Jesús para decir carne es sarx, que traduce la hebrea basar;
y que significa el compuesto humano formado por el cuerpo y el alma como unidad
indivisible; esto se opone al concepto griego dualista
de alma y cuerpo como realidades separadas.
Decimos
que en la mentalidad hebrea decir basar = sarx = carne; incluye al hombre entero es decir un cuerpo
con alma. Consecuentemente, cuando Jesús habla de comer su "carne", eso es alimentarse de su humanidad completa, que
en El va unida inseparablemente su divinidad.
El
realismo de esta promesa de un alimento, queda reforzado por lo que Jesús añade:
<< Si no bebéis mi sangre, no
tendréis vida en vosotros.
>> Al mencionar su sangre, acentúa el realismo del don de su persona, ya
que "carne y sangre" es una expresión hebraica que significa
"hombre", un ser humano completo y vivo. No es como el maná, ni
tampoco como el pan con que se alimentó la muchedumbre, sino verdadera comida y
bebida, alimento que produce vida eterna y la resurrección final.
La
institución de la Eucaristía, tuvo lugar durante la última cena pascual que
celebró con sus discípulos y los cuatro relatos coinciden en lo esencial, en
todos ellos la consagración del pan precede a la del cáliz; aunque debemos
recordar, que en la realidad histórica, la celebración de la Eucaristía
( Fracción del Pan ) comenzó en la Iglesia
primitiva antes de la redacción de los Evangelios.
Para
entender mejor la Eucaristía ubiquémonos en el marco de los acontecimientos:
a)
Dentro de una comida festiva
de despedida.
b)
La institución de la
Eucaristía fue encajada en el marco de la cena pascual.
En
este contexto hay un mensaje claro, Cristo en persona es la nueva pascua. La
Antigua Alianza ha quedado superada por la Nueva y definitiva Alianza, que se
sella con la sangre del Cordero pascual que es Cristo. El pueblo de la Antigua
Alianza, conmemora el paso, la Pascua, de Yahveh; en cambio el pueblo de la
Nueva Alianza, celebra la presencia del Señor entre nosotros.
La
celebración eucarística, va más allá, como podemos deducir por lo antes
expuesto, de reunirse para recordar lo que Jesús hizo por nosotros, tal como lo
hacen nuestros hermanos separados, no puede ser el Señor un recuerdo, el pan de
vida, es eso, Vida y como "memorial",
la celebración eucarística tiene la connotación de actualidad;
por la acción del Espíritu Santo el acontecimiento salvífico, al cual
nosotros en nuestro aquí y ahora
nos asociamos, no es que se repita una y otra vez sino que se hace presente.
Durante
la consagración se realiza el
milagro de la transubstanciación, es
decir que aún cuando ante nuestros ojos aparezcan las especies de pan y vino;
estas ya no son tales, sino que estamos ante la presencia real y substancial de
Cristo con su cuerpo, sangre, alma y divinidad; esto es la Eucaristía, que
podemos contemplar en sus dos vertientes; como sacramento en el cual Cristo se
nos da como alimento para santificarnos y como sacrificio en cuanto que Cristo
se ofrece a Dios como víctima para el perdón de los pecados. Cristo
efectivamente no fue inmolado en ése
momento, pero si se ofreció para ser inmolado en la Cruz:" Este
es mi cuerpo que será entregado por vosotros. Esta es mi sangre que será
derramada por vosotros." Se ve pues, que su cuerpo y su sangre tuvieron
ya carácter de víctima inmolada; y por eso si la Misa es la renovación del
sacrificio de la Cruz, la última Cena
fue la anticipación de el.
Hay
también una íntima relación entre la Misa y la última Cena, porque ésta fue
la primera Misa celebrada por
Cristo, las que siguen después son el cumplimiento de las palabras que entonces
pronunció " Haced esto en memoria mía "
A
la luz de la Revelación en la Escritura, y en el desarrollo de la Tradición,
vemos y entendemos que el Señor tiene una intención clara en la última Cena,
donde también queda instituido el sacramento del Orden (en virtud del
requerimiento del mandato). Deja un mandamiento claro "haced
esto en memoria mía", para que su presencia y su salvación lleguen a
todos los hombres y en todas las épocas, para que podamos tener vida eterna, al
comer su carne y beber su sangre.
Todos
los elementos y palabras presentes en los relatos de la institución de la
Eucaristía, recogen todas las grandes ideas del Antiguo Testamento. ( Alianza y
Reino de Dios, expiación y martirio, culto y predicación escatológica).
Cristo es el centro de todo, por El
se realiza la obra salvadora de Dios en plenitud y consumación. En la
Eucaristía se concentra todo lo que Dios ha hecho y ha de hacer por los hombres
en la historia de la salvación. El Reino de Dios no sólo es proclamado por El
como próximo, sino que fue inaugurado ya por su presencia y por su obra;
en este sentido, la Eucaristía es un adelanto de lo que en plenitud gozaremos
en el Cielo.
Para
ilustrar lo que significa la
Eucaristía como misterio de fe, remitámonos a Juan 6,25-40 dentro del discurso del Pan de Vida. Jesús
les declara que ese pan destinado a dar la vida al mundo es El en persona, pero
puntualiza que es condición indispensable el tener fe, hay que creer en Jesús
y eso nos plantea una pregunta: ¿ Que es creer en Jesús ? para El, "creer
en El " es lo mismo que "
ir a El " , es entregarse a El. No es un simple acontecimiento, sino un
acercamiento afectivo y una decisión de la voluntad para seguir a Jesús y además
dice que esto es una Gracia que el Padre concede: << que todo el que vea
al Hijo y crea en el, tenga vida eterna>>, Jesús a lo largo del Evangelio
repite que Dios llama a todos los hombres a la fe, luego el don es ofrecido a
todos los hombres, pero es aceptado por unos y rechazado por otros, por otra
parte como don de Dios se entiende
que es gratuito y que no tiene el hombre ningún mérito propio para recibirlo.
El mérito que podemos tener, consiste en el ejercicio que hagamos de ese don,
es decir si lo abrazamos y lo vivimos.
En
teoría todo cristiano sabe ( o debe saber) que en la Eucaristía esta presente
Jesús en cuerpo, sangre, alma y divinidad. Pero parece en la práctica, que no
lo lleváramos impreso en nuestra conciencia, ni el corazón, porque se así
fuera sentiríamos en nuestro ser hambre y sed de recibirlo diariamente como
verdadera comida y verdadera bebida, Toda nuestra vida estaría centrada
alrededor de la presencia real del Maestro y la Santa Misa sería, como
consecuencia lógica, la primera , diaria y más importante necesidad de nuestra
vida.
Por
otra parte al estar inmersos en la celebración eucarística, no cabría ninguna
distracción y la profundidad del misterio nos invadiría. De esta forma
viviendo y dejándonos penetrar por la Gracia, los que nos rodean verían al
trasluz que nuestra fe es vida y no sólo teoría.
El
carácter de "memorial" que
tiene la Sta. Misa, por definición, exige
de nosotros la actitud de introducirnos al misterio pascual tal y como
es; no como recuerdo de algo que sucedió, sino asociándonos a una acción que
sigue verificándose hoy, por ello cuando celebramos la Sta. Misa, nos
trasladamos, nos hacemos presentes en la Cena del Señor y estamos con María al
pié de la Cruz. Estamos alimentándonos del Cuerpo y Sangre del Señor, estamos
siendo salvados en virtud de su sacrificio. Estaremos participando de la unidad
en comunión con el Señor y por ello podemos unir nuestros sacrificios y
sufrimientos a los de Cristo. Sólo "por El ,con El y en El" tienen un
profundo sentido y acceden a la
dimensión redentora.
Necesariamente
el encuentro con Cristo Eucaristía es una experiencia personal e íntima, ha de
ser el encuentro pleno de dos que se aman. Es por tanto imposible generalizar
acerca de ellos. Porque sólo Dios conoce los corazones de los hombres. Sin
embargo sí debemos traslucir en
nuestra vida, la trascendencia del encuentro íntimo con el Amor. Resulta lógico
pensar que quien recibe esta Gracia, está en mayor capacidad de amar y de
servir al hermano y que además alimentado con el Pan de Vida debe estar más
fortalecido para enfrentar las pruebas, para encarar el sufrimiento, para
contagiar su fe y su esperanza. En fin para llevar a feliz término la misión,
la vocación, que el Señor le otorgue.
Si
apreciáramos de veras la Presencia real de Cristo en el sagrario, nunca lo
encontraríamos solo, únicamente
acompañado de la lámpara Eucarística encendida, el Señor hoy nos dice a
todos y a cada uno, lo mismo que les dijo a los Apóstoles
"Con ansias he deseado comer esta Pascua con vosotros "
Lc.22,15. El Señor nos espera con ansias para dársenos como alimento;
¿somos conscientes de ello, de que el Señor nos espera
el Sagrario, con la mesa celestial servida.? Y nosotros ¿ por qué lo
dejamos esperando.? O es que acaso,
¿ cuando viene alguien de visita a nuestra casa, lo dejamos sólo en la
sala y nos vamos a ocupar de nuestras cosas.?
Eso
exactamente es lo que hacemos en nuestro apostolado, cuando nos llenamos de
actividades y nos descuidamos en la oración delante del Señor, que nos espera
en el Sagrario, preso porque nos "amó
hasta el extremo" y resulta que, por quien se hizo el mundo y todo lo que
contiene (nosotros incluidos) se encuentra allí, oculto a los ojos, pero increíblemente
luminoso y poderoso para saciar todas nuestras necesidades.