|
Consideraciones |
|
J. Pedernera (Argentina) |
Este artículo requiere la lectura del artículo principal
|
Aclaración: Cuando publiqué mi artículo revisado sobre la cruz invertida en el sillón papal (10 de marzo de 2003) sucedió que el Sr. Sapia había publicado su respuesta a mi artículo original el día anterior (9 de marzo). Dado que en mi artículo revisado había datos novedosos, él añadió más tarde comentarios (20 de marzo) que incluyó en el mismo archivo de su respuesta. En el artículo que el lector tiene ante sus ojos presento mis consideraciones sobre los argumentos propuestos en esa respuesta y en esos comentarios del Sr. Sapia. Con el paso del tiempo éste ha agregado, quitado y cambiado su presentación del tema, cosa perfectamente lícita al ir conociendo nuevo material;[1] en los cambios que ha hecho, sin embargo, hay una evolución de su pensamiento que es digna de notar y que se manifiesta particularmente en la desaparición del fundamento de su acusación inicial (en un comienzo la cruz invertida era "de naturaleza satánica", ahora no lo es más) como también un cambio en la formalidad específica del debate (ahora lo único que interesa parece ser “el uso del signo por parte de los Papas” y “desde cuándo”, mientras que antes era “¿Tiene la Iglesia Romana argumentos valederos que justifiquen el uso del símbolo?”[2]) Con la reciente publicación de mi tercera versión del artículo principal, donde se pueden ver abundantes ejemplos del uso cristiano de la cruz invertida -con o sin Pedro- Sapia deberá sin duda reconsiderar su posición y explicar satisfactoriamente, si es que aún desea sostener la clave de lectura “satánica” del símbolo de la cruz invertida, la presencia de ese símbolo en el amplio abanico de iglesias cristianas no-católicas, entre otras la bautista, denominación a la que él mismo pertenece. Pero eso no es todo... |
1. Delimitar el tema
Dejo de lado todos los temas que Sapia menciona en su “respuesta” y que en nada hacen a nuestra cuestión. La sustancia de nuestro debate se puede resumir con la pregunta que el mismo Sapia se formulaba: ¿Tiene la Iglesia Romana argumentos valederos que justifiquen el uso del símbolo? Me parece el modo correcto de enfocar el debate, pues si la “Iglesia Romana” tiene argumentos valederos, entonces se debilitan enteramente los argumentos esgrimidos por él que apuntan a definir el símbolo en cuestión como “satánico”.[3]
2. Resultado relativamente positivo de mi artículo en el de Sapia[4]
Teniendo en cuenta el material publicado en mi artículo, Sapia ha hecho cambios también en su artículo principal; las reformas más importantes son:
a. ha agregado más fotografías de cruces invertidas tomadas de fuentes diversas;
b. ha cambiado sustancialmente su visión sobre el signo, dejando la teoría de la "naturaleza satánica" del mismo;
c. ha cambiado sutilmente la formalidad de nuestra discusión.
2. a. Con respecto a las fotografías -tomadas de fuentes varias- no llego a ver el provecho de esta galería. El objetivo sea tal vez “probar” que la cruz invertida efectivamente es usada por grupos satanistas y semejantes.
Sobre esto lo que puedo decir es que se trata de algo que nadie discute. El mismo Sapia cita allí algunos textos de lugares católicos -entre ellos Apologetica.org donde se publica mi artículo- en los que se dice que ese símbolo es usado por grupos satánicos. Es inútil, por lo tanto, continuar publicando fotografías para probar algo que ya sabemos (aunque no comparto las supuestas consecuencias que Sapia da al hecho del uso satanista del signo, que me parecen rebuscadas). No es allí donde hay más urgencia de aportar ejemplos: es un dato que no se ha puesto nunca en duda y que es parte de los datos que manejé en mi artículo desde el primer momento.[5]
La intención de la galería fotográfica que yo publico, por el contrario, sí es importante por razones evidentes: brinda al lector el ambiente propio, el origen o “la clave de lectura” para interpretar el símbolo usado en aquella Misa de Juan Pablo II, en oposición con el “ambiente satanista” en el que lo ubica Sapia en su articulo -sacándolo de su ambiente propio. Sapia dice tener intenciones de “combatir la ignorancia”, pero ignoró a conciencia esa galería fotográfica y su valor ilustrativo en extremo útil para combatir la ignorancia entorno al símbolo. Volveré sobre este detalle más abajo (punto 3.c.). [6]
Es claro que tanto él como cualquier católico o no católico pueden discutir sobre la conveniencia o inconveniencia del signo usado en aquella Misa; sin embargo, una discusión sana y desprejuiciada no puede obviar todo el material que presento en mi artículo como si no tuviera ninguna importancia, y del cual no había mención alguna en el artículo de Sapia.[7] Una presentación semejante está muy lejos de hacer “conocer la verdad” a nadie. Para valorar la oportunidad del signo hay que conocer toda la información al respecto. Esa ha sido la intención de mi artículo.[8]
2. b. Con respecto a su versión del signo: advierto un cambio sustancial, lo cual es positivo. En su primer artículo decía con toda soltura, después de algunas pocas referencias:
Habiendo establecido la naturaleza Satánica de la CRUZ INVERTIDA, etc.
Debido a mi publicación, en lugar de la frase anterior se lee allí mismo:
Habiendo demostrado el generalizado y reconocido significado satánico de la CRUZ INVERTIDA, etc.[9]
No deje de notar el lector la importancia de este cambio: si el signo es por su propia naturaleza satánico, entonces no hay demasiado lugar a discusiones: el Papa usó un signo satánico y se acabó el debate; si por el contrario se habla de un “generalizado y reconocido significado” satánico, entonces hay lugar para objeciones a su presentación satanista, que se debilita grandemente considerando la otra cara de la moneda que presento en mi artículo.[10]
2.c. Con respecto al cambio en la formalidad de nuestra discusión, me explico mejor en los puntos siguientes, sobretodo en 3.e.
3. Los argumentos a favor de una lectura anticristiana del signo, según Sapia.
Con respecto a su respuesta y comentarios, entiendo que los argumentos principales que versan sobre nuestro tema y que sí merecen atención son los siguientes:[11]
3.a. Un sacerdote católico de reconocida ciencia no sabía que esa cruz era la cruz de Pedro. Esto lo recuerda Sapia en varias oportunidades, reservándose delicadamente el nombre del sacerdote por guardar su fama y ofreciéndolo a quienes se lo pidan (lo cual arruina un poco la delicadeza, en mi opinión personal). Exagera la importancia de este hecho.
Sapia dice que en su momento, antes de publicar su artículo, consultó “fuentes inobjetables” (el resaltado es suyo) sobre la naturaleza del símbolo. ¿Cuáles son las “fuentes inobjetables” que consultó? Lo ignoramos. El plural de “fuentes” no parece corresponderse con la realidad. Sólo da a conocer un dato -a duras penas se podría llamar “fuente”: “un sacerdote católico romano de un muy conocido sitio de apologética católica”.[12]
Enterado quién era ese sacerdote, le pedí que explicara esta situación a mis lectores, a lo que gentilmente accedió. Presento aquí lo que el mismo sacerdote escribe (la nota es del 3 de mayo de 2003; el resaltado es mío):
|
Querido Jorge: [...] Sobre lo de Sapia: no pensaba entrar en este asunto por varios motivos, pero finalmente me pareció oportuno una breve declaración para bien de nuestros lectores, y sobretodo para dar más claridad a tu artículo en nuestro sitio, que en verdad nos honra por la información que brinda. Declaro: - Las palabras que Daniel Sapia presenta en su página como “Opinión de un sacerdote católico romano, Miércoles 14 de Junio de 2000 - 08:00 PM” son mías. - Cuando Daniel me preguntó sobre aquella cruz, gozaba yo de una relación bastante familiar con él, hecho que me movió a responder lo que me pareció entonces, sin detenerme demasiado en dar una repuesta muy elaborada, sin siquiera sospechar que más tarde esa respuesta aparecería -sin indicar mi nombre- en su página de “apologética cristiana”, en la sección "Justificaciones católicas" del uso del signo, o algo similar (luego retiró mi respuesta, por motivos que no vienen al caso). Mi intención era la de disuadir a Daniel para que cometiera él el error de seguir la propuesta ridícula de aquel sitio anticatólico. - El sitio que en aquel entonces él me señaló pidiéndome mi opinión era básicamente del mismo estilo que la presentación que él luego hizo del tema: las fotografías del sillón pontificio estaban precedidas por fotografías que señalaban la cruz invertida como signo satánico. Había también música “de suspenso” y si no me equivoco tenía el mismo motivo de fondo. Me parece recordar algunas antorchas ardiendo. Creo que todo era en inglés. - Cuando vi la fotografía de aquel sillón no lo asocié con la cruz de Pedro, a pesar de que conocía perfectamente la tradición de su crucifixión cabeza abajo, y la cruz invertida como símbolo de Pedro me era familiar. De esto último hay una buena prueba, si hace falta, y que ya está en tu artículo: en el breviario que uso diariamente desde 1982, cada 29 de Junio encuentro una cruz invertida relacionada con el Apóstol; de modo que esa cruz invertida pasó ante mis ojos al menos 17 veces desde 1982 a 1999, cuando Daniel me escribió.[13] Además, en los himnos de esa fiesta en ese mismo breviario se leen los siguientes textos poéticos distribuidos durante el día: "el maestro del mundo [muere] por la espada; y, por la cruz, el celestial portero" -himno de las primeras vísperas-, "Roma se vistió de gracia: crucificada la roca, y la espada muerta a espada" -himno del oficio de lecturas-; "y abriste tus dos brazos, al madero sangriento. La cabeza hacia abajo y el corazón al cielo" -himno de laudes. - ¿Porqué no asocié entonces esa cruz con la de Pedro? No sabría decirlo a ciencia cierta. Tal vez porque la cruz invertida en aquella celebración papal comienza en el mismo borde superior del sillón y me pareció ver una suerte de cruz que descendía como colgada desde ese borde, motivo por el cual le escribí a Daniel hablándole de “la cruz estilizada en esa forma”. Tan sólo unos días después Luis, un amigo de España me comentó que se trataba de “la cruz de Pedro”, momento en el cual me di cuenta de lo insustancial de mi respuesta a Daniel... pero que dejé pasar sin mayores preocupaciones, porque él no me había pedido mi parecer para ser publicado, sino que me había dicho simplemente algo así como “me gustaría saber tu opinión sobre este sitio”, todo muy informal.
- Más
allá de cuál haya sido el motivo que me condujo a no reconocer esa cruz en
aquella silla litúrgica, lo que sí puedo
decir y quiero declarar a los lectores es que conocía muy bien tanto la tradición de
Pedro muerto cabeza abajo -la aprendí en mi pueblo natal en Entre Ríos
cuando tendría uno diez años, de labios de mi catequista, Florentina, que nos
ilustraba la escena con una gran cartulina de colores- como también el
signo de la cruz invertida referida al Apóstol, como quedó dicho más arriba. P. Juan Carlos Sack
|
El argumento que Sapia manejaba sobre este hecho podría expresarse más o menos así: Si el padre J.C. Sack, “un sacerdote católico romano de un muy conocido sitio de apologética católica, de quien no tengo la menor duda tanto de sus capacidades académicas y erudición eclesial como de su pujante y honesta perseverancia en la defensa de su Iglesia” -palabras de Sapia- si él no conocía esa tradición, entonces no la conoce virtualmente nadie. Pero una vez conocida la situación de boca del autor del mensaje, naturalmente el “argumento” del Sr. Sapia se desvanece en el aire: el P. Juan Carlos conocía tanto la tradición de la crucifixión de Pedro cabeza abajo, como también el uso petrino del símbolo. La única conclusión válida que se puede inferir de este hecho es lo que él mismo explica con suma claridad: no reconoció esa cruz en aquel sillón, presentada en ambiente satánico, como la cruz que simboliza el martirio de Pedro. Pretender sacar de aquí alguna conclusión más en la dirección que quiere Sapia me parece imposible, y estoy seguro que él estará de acuerdo.[14]
La respuesta que nos da el P. Juan Carlos está en perfecta sintonía con todo lo que publico en mi artículo, y que ya nadie puede obviar: la tradición existe, es usada y mucho, y el símbolo de la cruz invertida se encuentra -creo se lo puede decir así- por todas las iglesias.[15]
Tomando pie de esta correspondencia con el P. Sack, Sapia quería concluir:
es evidente que el argumento planteado por el sacerdote L.R.R, respecto a que "el más ignorante de los estudiantes de la historia del cristianismo sabe que el símbolo es la cruz de San Pedro", es erróneo
Pero no es así: el argumento planteado por el sacerdote L.R.R. es verdadero: el más ignorante de los estudiantes de historia del cristianismo que no supiese de esta tradición se merece un cero.[16]
3. b. La "Enciclopedia Católica" no enumera la cruz invertida entre los atributos simbólicos de Pedro.
Sapia cita un texto de la Catholic Encyclopedia, donde entre las representaciones de Pedro no aparece la cruz invertida. Esto es sin duda así. Me permito recordar, sin embargo, que los datos que publico en mi artículo son tan reales como la Catholic Encyclopedia. Yo no pinté ni dibujé ninguno de los más de doscientos ejemplos que brindo en mi artículo. ¿Porqué no menciona esa Enciclopedia la cruz invertida como símbolo de Pedro? Entiendo que el autor de ese artículo se detiene sólo en los primeros siglos del cristianismo, sin analizar en detalle lo que sucedió más allá del sexto siglo, señalando simplemente que “Desde fines del siglo sexto se sustituye [el cayado-cetro con el que se solía representar a Pedro] por las llaves (usualmente dos, aunque a veces tres) que de allí en más se convirtieron en los atributos de Pedro”.[17] El autor no va más allá en su estudio y no hace mención alguna de representaciones petrina en los últimos catorce siglos. Según los datos de ese articulo, en los primeros siglos del cristianismo -hasta el sexto siglo- la simbología de Pedro no incluía esa cruz, sino más bien las llaves, el gallo, un rollo de la ley y un cayado de pastor, en tiempos sucesivos. De lo que sucedió después del sexto siglo en cuanto a las representaciones de Pedro, nada dice.
El articulista no parece pretender ser exhaustivo sobre el tema,[18] y no parece tratar en detalle los símbolos de Pedro, ya que no menciona las redes, el pez, el 70/7, el ancla, la roca, la barca de pescador, las lágrimas, las cadenas, el corazón y el pergamino como símbolos de Pedro, todos elementos que sí aparecen en representaciones petrinas en varias iglesias (ver mi artículo principal). La tiara, que Sapia propone como un símbolo que no hubiese presentado dificultad, tampoco está en la Enciclopedia Católica: ¿deja por ello de ser un símbolo petrino? De manera que no estamos ante un artículo exhaustivo en cuanto a los símbolos de Pedro, que aparecen más bien en cuanto elementos de las pinturas.
El articulista ni siquiera quiso ser exhaustivo sobre las representaciones de Pedro -pinturas, dibujos, etc-. Y esto salta a al vista: menciona expresiones artísticas “con las cabezas de los Apóstoles Santos Pedro y Pablo”, “frecuentemente aparecen como intercesores y abogados de los difuntos del Juicio Final”, “como introduciendo a un Orante (una figura que reza y representa a los muertos) en el Paraíso”, “escenas de la vida de San Pedro: su caminata sobre el Lago de Genesarét desde el bote cuando Cristo lo llamó; la profecía de sus negaciones; el lavatorio de los pies; el elevar a Tabitá de entre los muertos; la captura de Pedro y ser llevado al lugar de su ejecución”, “se lo representa como a Moisés haciendo brotar agua de la roca con su vara”, “el Señor entrega a Pedro las llaves”, “Pedro suele llevar una vara en su mano (luego del siglo quinto una cruz con una larga vara)”. Pero la crucifixión de Pedro cabeza abajo... no aparece. ¿Cómo puede ser? ¡En mi artículo presento más de un centenar de ejemplos de representaciones de Pedro cabeza abajo pertenecientes a los últimos diez siglos y a los mejores artistas del mundo! Queda por explicar entonces porqué el articulista de la Catholic Encyclopedia no incluyó la crucifixión de Pedro cabeza abajo entre las “representaciones de Pedro”. La respuesta que se me ocurre más coherente es esta: porque no es un artículo exhaustivo, y se detiene en los seis primeros siglos de cristianismo. Una vez más, yo no inventé las “representaciones de Pedro” crucificado cabeza abajo y sin embargo la Enciclopedia Católica no las menciona: ¿se puede deducir de ello que Pedro crucificado cabeza abajo no es una “representación” válida? Si gentilmente Sapia o el lector tienen una mejor respuesta, que me la manden.
Este razonamiento hace a la cuestión, porque manifiesta que no podemos tomar a ese párrafo de ese articulista como si fuera la última palabra en la historia de las representaciones de Pedro. Ciertamente no lo es. Y entonces ¿lo podremos tomar como un gran argumento en cuanto a la simbología petrina, que apenas aparece esbozada? Por supuesto que no.
Por lo tanto lo que dice Sapia...
Podríamos inferir, basados nada menos que en la Enciclopedia Católica, que HASTA ESA FECHA (1907) no se conocía a la Cruz Invertida como símbolo petrino.
...es una inferencia ilícita dada la naturaleza no exhaustiva del artículo. No podemos “inferir” lo que Sapia sugiere del mismo modo como no podríamos “inferir” que hasta esa fecha (1907) no se conocía la crucifixión de Pedro cabeza abajo del hecho que la Enciclopedia Católica no se mencione esa escena entre las “representaciones de Pedro”.[19] Es forzar las conclusiones el querer negar el sentido petrino del signo porque “ha sido ignorado en el punto Representaciones de San Pedro de la Enciclopedia Católica”. [20]
Si queremos dar una visión de conjunto acerca de esa enciclopedia en nuestro asunto, recuerdo aquí que unos renglones antes ese mismo artículo habla de la tradición católica sobre la muerte de Pedro cabeza abajo. Dice:
Acerca de la forma en la que murió Pedro, poseemos una tradición -atestiguada por Tertuliano a finales del siglo II y por Orígenes (en Eusebio, “Hist. Eccl.”, II, i)- según la cual sufrió crucifixión. Orígenes dice: “Pedro fue crucificado en Roma cabeza abajo, como él mismo quiso sufrir”.[21]
De modo que, si bien el articulista no pone la cruz invertida entre los símbolos propios de Pedro y ni siquiera su muerte cabeza abajo aparece en la lista de las representaciones -tampoco la excluye, dicho sea de paso- sin embargo conoce perfectamente esa tradición. ¿Cómo puede ser? Probablemente debamos acudir a la misma respuesta anterior: no tuvo intención de ser exhaustivo. Por su parte, los artistas de todos los siglos son libres para representar el momento de la muerte de Pedro cabeza abajo, así como lo representan llorando su negación, o curando con su sombra, o siendo liberado de la prisión, o encontrándose con Cristo que va a Roma “a ser crucificado de nuevo”, según la conocida leyenda del Quo vadis. Lo que pueda decir o no la Catholic Encyclopedia no parece les preocupe demasiado.[22]
Pero podemos dar otro paso más aún: vea el lector la imagen que presenta la misma Catholic Encyclopedia frente al texto sobre las representaciones de Pedro, donde se omite la escena de la crucifixión cabeza abajo (edición 1967):
|
Martirio de los santos Pedro y Pablo |
¿Porqué el articulista no mencionó esta escena en las "representaciones de Pedro"? Servirá una vez más la misma respuesta de antes: no tuvo ninguna intención de ser exhaustivo.
Considero que es suficiente para probar que las conclusiones a las que llega Sapia partiendo de la omisión de la escena en la Enciclopedia Católica no son lícitas. Él dice: "Podríamos inferir, basados nada menos que en la Enciclopedia Católica, que HASTA ESA FECHA (1907) no se conocía a la Cruz Invertida como símbolo petrino." En mi artículo principal puede ver el lector "la Cruz Invertida como símbolo petrino" varios siglos antes de esa fecha.
3. c. La tradición sobre Pedro crucificado cabeza abajo es “prácticamente desconocida para muchos” e “ignorada por el papado”.
Esta afirmación, que se repite de diversas formas en la respuesta de Sapia a mi artículo original, ya no puede ser sostenida de ninguna manera si se tiene en cuenta el material que presento en mi nuevo artículo.[23] La tradición -literaria y artística- sobre la muerte de Pedro en una cruz invertida puede ser ignorada, evidentemente, por personas particulares. Pero no se puede decir que la Iglesia no cuenta con esa tradición, o que se trata de una tradición “desconocida”. Es cierto que Hollywood no ha producido aún película alguna sobre la muerte de Pedro cabeza abajo -que yo sepa- con la que se pueda hacer frente al “Bebé de Rosemary” o a los videoclips de las bandas satanistas de Rock. Pero la tradición existe y ha sido afianzada por extraordinarias obras artísticas de artistas extraordinarios, y se ve reflejada en representaciones menores con el motivo de la cruz invertida durante siglos y en todas las grandes denominaciones cristianas, según pruebo en mi artículo. Es más, se puede esperar que la tradición artística cristiana sobre la muerte de Pedro cabeza abajo sobrevivirá ampliamente a las lamentables manifestaciones satanistas que usan el signo de Cristo invertido como expresión de su desprecio por él.
Aquí debo notar una inconsistencia en la respuesta de Sapia a mi artículo original. Por un lado él habla de cuán conocida o no fuese esta tradición (la declara virtualmente desconocida); por otro lado, ignoró por completo los datos artísticos que presenté para probar lo contrario, cuando de eso precisamente se trata, de probar que no es una tradición “desconocida”, sino que está representada por todos lados: si esa tradición no es “desconocida”, entonces el uso de la cruz invertida se entiende con facilidad. Pero ahora parece que Sapia no quiere “ver” todo ese tesoro artístico y prefiere que el lector siga viendo cruces invertidas satánicas en tapas de discos, comerciales de películas y pendientes de jóvenes descarriados. El motivo es que las imágenes que publico en mi artículo debilitan sustancialmente la clave de interpretación satánica del símbolo propuesta por él.
En su respuesta, procede tomando algunos textos de mi artículo y haciendo su comentario; al llegar a los cuadros de Masaccio, Filippi, Miguel Angel y Caravaggio (note el autor la envergadura de los artistas, que por cierto no pueden pasar por “desconocidos”) pues... ni siquiera los considera. Dice refiriéndose a mi apelo al arte:
“Sucede que no es necesario, Jorge”.
Probar que la crucifixión de Pedro en una cruz invertida es material católico por centurias ¿no es necesario? Dar el fundamento del cual se tomó el signo ¿no es necesario? Mostrar que la tradición se extiende virtualmente por todo el mundo cristiano ¿no es necesario? ¿No estábamos tratando de si tiene la Iglesia Romana argumentos valederos que justifiquen el uso del símbolo?
Encuentro aquí una inconsistencia, que Sapia parece querer disimular argumentando que no sería la tradición lo que importa, sería el signo, como si fuese cosa del todo extraordinaria e improcedente simbolizar a un hombre crucificado cabeza abajo con una cruz cabeza abajo. Yo no me puedo detener a probar lo que es evidente.
Para poder juzgar si se trata de una tradición “prácticamente desconocida” o no, ofrezco en mi nuevo artículo no ya cuatro sino más de ciento treinta obras de arte pertenecientes a los mejores artistas del mundo, distribuidas por casi toda la geografía cristiana y que abarcan diez siglos de historia; además, presento un centenar de ejemplos tomados de iglesias católicas, ortodoxas, protestantes y evangélicas que usan el símbolo de la cruz invertida, sin Pedro en ella.
Puede que la Iglesia Católica -y los cristianos de buena voluntad en general- se muevan para sus celebraciones y su simbología en un nivel distinto del callejero o de aquellos que pintaron los grafitos en aquella iglesia de Buenos Aires, o el grupo Deicide. Puede que la Iglesia quiera conservar su patrimonio artístico a pesar de lo que se le ocurra mostrar al director del "Bebé de Rosemary". No se puede obviar la realidad que ilustro en mi artículo si se está interesado en la verdad. Ignorar esa realidad me parece una falta de respeto hacia la labor realizada y hacia los lectores.
Hay otra cosa que encuentro digna de un breve comentario en el marco de las obras de arte presentadas. Sapia parece querer desmerecer, aminorar, restar importancia a la obra de los grandes artistas, y creo ver a qué apunta. Según él:
El hecho de que pueda existir una buena cantidad de obras de arte que representen la crucifixión de Pedro cabeza abajo sólo implica que hubo quienes, creyendo la tal tradición (o no), la plasmaron en pinturas gracias al recibido don personal del arte. ¿Qué la exposición de las obras de arte es útil para testimoniar que la tradición ya era conocida? Repito, es algo que nunca se negó. Con lo cual podría quintuplicarse la cantidad de obras de arte expuesta que poco agregaría al tema.
Y en otro lugar dice que seguir agrandando la lista de obras de arte sobre la crucifixión de Pedro cabeza abajo “poco y nada agregarían al tema”.
Esto me parece una renovada inconsistencia. Tal vez no se ha reflexionado demasiado en los hechos. O en lo que se dice. Por un lado él afirma que el símbolo de la cruz invertida estaría “basado en una tradición desconocida para muchos” (subrayado original); por otro, cuando yo presento un testimonio gráfico importante que revela la universalidad de esa tradición -es decir, contradice con hechos la teoría de la supuesta ignorancia generalizada de la tradición- dice: “Sucede que no es necesario, Jorge”, presentando esas obras de arte como si fuesen meras producciones de personas individuales, por cuenta propia, “gracias al recibido don personal del arte”.[24] La verdad, sin embargo, es esta: las obras que presento son de los autores más representativos del mundo, de varias centurias, y si no todas casi todas ellas hechas o bien por encargo específico de papas, obispos, sacerdotes o bien hechas para iglesias, abadías, libros litúrgicos y demás lugares de culto público de la Iglesia. No pierda de vista el lector los nombres de los artistas cuyas obras testimonian la tradición de Pedro crucificado cabeza abajo: Lippi, della Robbia, Miguel Ángel, Zurbaran, Giotto, Masaccio, Bramante, Caravaggio, Rubens, los artistas de las grandes catedrales europeas, por citar los más conocidos. En otras palabras, no se trata simplemente de autores aislados, que obraban según les venía en mente “gracias al recibido don personal del arte”, y poco importa si creían o no en esa tradición; se trata de los mejores representantes y creadores de la cultura de sus tiempos. Esto no prueba solamente que la tradición existía, sino que prueba también que es imposible llamarla “virtualmente ignorada” o expresiones semejantes. Será o no ignorada para un cierto número de personas, pero eso ya es otra cosa. No se trata de saber el porcentaje exacto de ignorantes o conocedores como para usar o no el signo en base a esas estadísticas: los nombres de los artistas y sus obras están ahí y pertenecen irrenunciablemente al tesoro cultural de la iglesia: es allí donde podemos buscar las raíces de los signos cristianos; ante esa evidencia la teoría de la ignorancia virtual generalizada no puede permanecer en pie por mucho tiempo más.[25]
Finalmente, sus menciones a este o aquel sitio web que no mencionan la cruz invertida como símbolo de Pedro tienen un valor demostrativo nulo. Se trata de argumentos “negativos” que no concluyen nada: no niegan el hecho, simplemente lo omiten, cosa que puede darse por varios motivos. En esos sitios tampoco se mencionan otros signos que son ampliamente reconocidos como petrinos. Si por otro lado hay decenas de testimonios extraídos de casi todas las principales denominaciones cristianas donde Pedro sí aparece representado por una cruz invertida, entonces lo que se haya omitido en este o aquel sitio no tiene ninguna importancia. [26]
3. d. Los testimonios escritos de los primeros siglos no son convincentes.
Así ha considerado Sapia los datos de la tradición acerca de la muerte de Pedro, crucificado cabeza abajo.
Sobre esta cuestión puedo decir lo siguiente:
Ø Nada importa, en lo más mínimo, si a Fulano o a Mengano la tradición parece convincente o no. Lo que importa es que la tradición existe, no presenta motivos serios para ser puesta en duda, no niega ninguna enseñanza cristiana, es respetada y usada por la Iglesia Católica -e iglesias no-católicas-, como queda claro en mi artículo central.
Ø La Iglesia transmite la memoria de la muerte de Pedro cabeza abajo como lo que es en realidad y nada más, a saber, un testimonio transmitido por autores antiguos (como Tertuliano, en el caso de la crucifixión, y Orígenes -recogido por Eusebio de Cesarea- en el caso de la crucifixión cabeza abajo) y escritos de vario tipo y valor (como los apócrifos, himnos litúrgicos y demás obras). Ni el Papa Juan Pablo II ni sus predecesores ni yo ni nadie que yo conozca pretenden que los testimonios de esos autores sean de un valor tal que no permitan la menor duda desde el punto de vista histórico. El trabajo de investigación científica sobre lo históricamente acaecido va más allá de los límites de nuestro tema. Semejante empresa ya ha sido realizada por los historiadores, con las conclusiones que aparecen en cualquier obra de alguna seriedad: se trata de un dato de la tradición, contradicho por ningún dato histórico serio, que permanece en la memoria artística y piadosa de la Iglesia. Yo no pretendo ni un gramo más de certeza; a efectos de la simbología que estamos discutiendo es sobradamente suficiente. [27] Por ende son superfluas todas sus insistencias en que “no es un dato histórico”. [28]
Ø No existe motivo alguno para dudar seriamente de esa tradición (hay otras tradiciones sobre la vida de Pedro, por ejemplo, que son tomadas universalmente como fabulosas, no es el caso de esta). Sapia intenta hacer una breve interpretación de los textos que presenté en mi primer para tratar de anular su valor. Lo veremos enseguida.[29]
Ø Y como ya lo hemos repetido tantas veces, no estamos tratando sobre la absoluta seguridad histórica de la muerte de Pedro cabeza abajo, sino sobre el sentido del uso de ese signo en una celebración eucarística. Para este fin es suficiente constatar que el signo no es siquiera una innovación, tomada de ambientes satánicos, sino una continuación de la antiquísima tradición que recuerda a Pedro, muerto en cruz invertida. De esto ya nadie puede tener dudas.[30]
Ø Y finalmente, la tradición es lo suficientemente buena para los católicos en general, ¿cuál es el problema? ¿Es que deberemos pedirle autorización a los mormones, o a los bautistas, o a los satanistas, o a la Enciclopedia Católica, o a quién, para usar o no de esa tradición? Lo han representado así las centurias que nos precedieron, ¿cuál es el problema? ¿Las ocurrencias de los anónimos y pobres satanistas? [31]
Como dijimos, Sapia hace una suerte de un ligero análisis de los testimonios de la tradición. Sin faltar el respeto de ninguna manera, y desde un estricto punto de vista crítico, creo que ese análisis es absolutamente insustancial. Los motivos los explico al pié de página.[32] Sin embargo, tratándose de información muy antigua y sujeta a estudio, tanto él como cualquier persona pueden darle a esos testimonios el valor que buenamente piense tengan, aunque siempre reservando también a los demás el derecho de darles el valor que ellos crean que esos datos tienen.[33]
3.e. No interesa grandemente la tradición de Pedro cabeza abajo, sino el uso del símbolo de una cruz invertida (sin Pedro).
Según he podido comprobar, esta es una novedad en los argumentos de Sapia, formulada en sus comentarios y en ligeros cambios que hizo en la respuesta: el argumento fuerte pasó a ser este, mientras todos los anteriores pasan a un segundo plano -incluso el de la veracidad o no de la tradición. Y a fin de presentar este nuevo argumento alambicado en sintonía con lo que había dicho en la respuesta, cambió algunos elementos de la misma que merecen señalarse:
¿Qué pretendo significar?, pues, que una cosa es la antigua tradición, tan representada artísticamente y otra cosa es su reconocimiento como símbolo petrino. Con lo cual, aunque la tradición sea del siglo II, el símbolo no tiene porqué ser también del siglo II. Como ejemplo, nótese que si bien las llaves le fueron entregadas a Pedro (como a todos sus discípulos: Mt 18:18; Jn 20:23) en el siglo I, la misma Enciclopedia Católica declara que "las llaves" fueron tomadas como símbolo recién a fines del siglo VI.”
Entonces pregunto: ¿cuál es el siglo límite para que la Iglesia use los signos que le parezcan oportunos válidamente? Si era válido comenzar a usar las llaves -como símbolo- en el siglo VI, ¿porqué no sería válido comenzar a usar la cruz invertida -como símbolo- en cualquier otro siglo?[34]
En la nueva arena donde Sapia quiere llevar el debate se subraya la cuestión del símbolo, más que la veracidad de la tradición. Lo vuelve a decir de nuevo agregando estas palabras a su “respuesta”:
Además, una cosa es la existencia de un relato tradicional y otra diferente es que de ese relato tradicional se haya definido un símbolo. Y desde cuándo ese símbolo es popularmente utilizado.[35]
En otro retoque en su respuesta se lee:
No es cuestión de tradiciones representadas artísticamente, sino de definición y efectiva utilización de símbolos. El tema pasa por definir desde cuándo el Papado utiliza la Cruz Invertida como símbolo petrino.
|
|
Quedo
asombrado por este cambio de frentes: ¿desde cuándo -pregunto yo- “el
tema pasa por definir desde cuándo el Papado utiliza la Cruz Invertida como
símbolo petrino”? ¿Cuál sería el siglo universalmente aceptable? ¿Qué
significa “el papado”? ¿Cuántos papas deberían haber usado el signo para que
Juan Pablo II lo hubiese podido usar sin escándalo de nadie? Espero ahora que, una vez presentadas las pruebas del
uso
del signo por centurias, no aparezca ningún nuevo frente según el
cual el tema
pasa por definir desde cuándo el Papado utiliza la Cruz Invertida como símbolo
de Pedro... en un sillón!
Sapia se muestra como un histórico exigente cuando propone:
Eso si. De mucha utilidad sería que pudiera hacer referencia:
a) ..de la utilización de una Cruz Invertida como símbolo petrino por parte de algunos de los 264 papas, tal cual lo hizo Juan Pablo II (símbolo gráfico, como es utilizado el escudo con las llaves).
b) ..de la fecha más antigua que, independientemente del lugar u ocasión, una Cruz Invertida fue utilizada como símbolo petrino (símbolo gráfico, no representación de una tradición). Para que tenga una idea, según las imágenes que expuso, entiendo que la más antigua data del año 1964, hace 39 años).
Espero que los datos que proveo en mi artículo le sean de mucha utilidad. Por ahora -habrá más en el futuro- tenemos datos del uso petrino de la cruz invertida como símbolo en el corazón de la Basílica de San Pedro, desde inicios del siglo XVII, hace no ya 39 años, sino unos 400, y no precisamente en un lugar secundario. Ante esa cruz han pasado ya 32 papas y... ¿cuántos millones de peregrinos?
También de notar lo siguiente: he procurado -en parte- ir a fuentes de Internet para que el lector pueda considerar el tema al menos como indicio de partida, dado que no todos logran llegar a las bibliotecas, museos y archivos esparcidos por el mundo, o a tantos otros documentos que dependen de fondos universitarios o privados. La presentación que hago no exhaustiva, es apenas indicativa. Por otro lado, los acaecimientos obvios del tiempo disolvieron, a no dudarlo, tantos otros rastros artísticos, particularmente en los primeros siglos del cristianismo, aunque no sólo, además de las persecuciones, guerras, y la sistemática devastación protestante en los templos y monasterios católicos, etc. Lo que he podido mostrar en mi artículo es la punta del iceberg, no mucho más. ¡Qué exigente se muestra Sapia en pedir lo que él no supo buscar!
Cuando el lector haya visto toda la información que contiene en mi artículo principal, analice esta expresión de Sapia:
[el signo es] virtualmente ignorado en la historia del papado
Y lo que personalmente me parece más interesante y preocupante aún: ¿de dónde sacó Sapia la seguridad con la que propone estas gratuidades para fundamentar una acusación tan grave como la que hace al Papa?[36]
Ahora bien, el apologista parece tener dificultad en aceptar que de un hombre crucificado cabeza abajo se puede lícitamente extraer el símbolo de una cruz cabeza abajo. Yo no veo la dificultad. ¿La ve el lector? En caso positivo, mándeme un mensaje explicándome cuál es la insalvable dificultad. Más que una objeción seria me parece más bien un absurdo, esgrimido para huir de la evidencia. Cualquier persona con un poco de dignidad intelectual no se detendrá a “demostrar” que de un crucificado cabeza abajo se pueda extraer el símbolo de una cruz cabeza abajo: en caso de hacerlo bien podría el lector tacharme de insano.[37] La dificultad en aceptar este sencillo y natural razonamiento puede aparecer solamente en aquel que tiene intereses creados ajenos a la verdad.[38]
Supongo me concederá Sapia mantener mi razonamiento en pie: si Pedro es representado frecuentemente en una crucifixión cabeza abajo, entonces la cruz cabeza abajo es la “cruz de Pedro".[39]
3.f. “Cuál fue la necesidad de la Iglesia Romana de representar al "sillón de Pedro" justamente con "ESE" símbolo [...] en lugar del popularísimo escudo de la tiara con las llaves cruzadas, o simplemente con las llaves (tal cual testimonia la misma Enciclopedia Católica, como vimos antes).”
Según hemos considerado antes, Sapia abusa de la Enciclopedia Católica para negar el uso petrino del signo de la cruz invertida, basado en que en esa obra no se lo menciona; pero en el mismo párrafo sugiere usar el signo de la tiara que tampoco está en la Enciclopedia Católica. Pero entonces la Enciclopedia Católica ¿tiene autoridad para excluir un eventual símbolo como “petrino” o no la tiene? ¿La tiene para la cruz invertida, pero no la tiene para la tiara? Hay aquí una nueva incongruencia.
Al margen de esta incongruencia, creo que el razonamiento de Sapia puede tener alguna mella solamente si se desconoce todo lo que publiqué en mi artículo principal, pues si se lo tiene en cuenta entonces la pregunta “qué necesidad hay” no tiene sentido. O en todo caso, habría que hacerle la misma pregunta a cientos de personas, artistas, iglesias no-Católicas, escritores, diccionarios, enciclopedias..., y no sólo a la “iglesia romana”. No seré yo quien la haga, sobretodo porque ya conozco la respuesta.[40]
4. ¿Ingenuidades?
Agrego un punto importante para detectar un razonamiento sofístico. Considere el lector la siguiente progresión:
Primer momento: Cuando el sacerdote “L.R.R.” le informó a Sapia que la cruz invertida se refería a una antigua tradición sobre la muerte de Pedro cabeza abajo, respondió:
¿Que una "antigua tradición" dice que es el símbolo de Pedro? ..¿? Y aunque así fuera, el Papa (supuestamente) gobierna la Iglesia de Cristo, no la iglesia de Pedro. Pedro fue un siervo mas del Gran Maestro.
Es decir, Sapia entiende que el símbolo de la cruz invertida, aún en el caso que fuera un símbolo de Pedro, no es un símbolo oportuno ya que la Iglesia no es “de Pedro”, sino “de Cristo”, y el signo más bien apuntaría -según él- a poner al “siervo” -Pedro- por encima del “Maestro” -Jesús-. En resumen, de uno de los símbolos de aquella celebración -un dato de aquella escenografía- concluyó que se estaba de algún modo confundiendo a los creyentes acerca de la sustancia misma de la Iglesia, y por eso enseña: “el Papa (supuestamente) gobierna la Iglesia de Cristo, no la iglesia de Pedro. Pedro fue un siervo mas del Gran Maestro”.
Segundo momento: dado que las conclusiones que estaba sacando de la presencia de ese símbolo en aquella celebración me parecían un poco desorbitadas, respondí, entre otras cosas:
“en estas dos fotos que presento a continuación y tomadas de su mismo sitio, tanto usted como yo, Señor Daniel, podemos ver de qué manera los organizadores de esa Misa resaltaron en la escenografía la "iglesia de Pedro" en detrimento de la "Iglesia de Cristo".
Y mostraba dos fotografías de esa celebración, donde se podía ver un Cristo en poder, enorme, que presidía el altar, visible a gran distancia, al contrario de la cruz invertida, de proporciones muy menores. Me pareció que, si el Sr. Sapia sacaba conclusiones teológicas (Iglesia “de Pedro” vs. Iglesia “de Cristo”, etc.) llevado por el uso de aquel símbolo de la cruz invertida, tal vez habría sido por no haber visto el signo enorme de Cristo que no deja lugar a ninguna confusión en cuanto quién gobierna la Iglesia; siempre hablando de los símbolos que allí se veían, que de eso se trata todo nuestro debate.
Tercer momento: Sapia contestó a mis palabras así:
Sin ánimo de ofenderlo, Jorge, discúlpeme pero su lógica es extremadamente ingenua. Lo verdaderamente importante en la exaltación de Cristo no es una cuestión de "escenografía" sino del Evangelio que se predique (Gálatas 1:8).
¿Lógica extremadamente ingenua? Lo que hice fue contestarle según la lógica que él usó en el primer momento -por cierto muy ingenua- cuando sacó conclusiones teológicas basado en la escenografía, en vez de averiguar las razones del símbolo que el sacerdote le estaba dando. Por este motivo le respondí en base a esa misma escenografía: el Cristo gigante estaba ahí, de modo que no había ninguna posibilidad simbólica de sacar las conclusiones que saca Sapia. Pero ahora resulta que mi lógica es ... ingenua. La situación a la que lleva ese modo de razonar es esta: él puede concluir en la supuesta iglesia “de Pedro” basado en el símbolo la cruz invertida, pero a mí no me permite concluir en la iglesia “de Cristo” basado en el Cristo gigante que presidió la celebración. Debemos quedarnos con sus conclusiones, las mías son... extremadamente ingenuas.
Demás decir que nuestro debate por cierto no es cuestión “del Evangelio que se predique” como él dice, sino del significado del símbolo de la cruz invertida sobre aquel sillón: "¿Tiene la Iglesia Romana argumentos valederos que justifiquen el uso del símbolo?" ¿Los tiene o no? Que el evangelio que predica el Papa sea o no el evangelio que predica Sapia, es otro tema. Si en este debate vamos a partir del principio de que el Papa es la mano de obra del anticristo, tal vez yo debería partir de otro principio, por ejemplo, de que el Sr. Sapia es mano de obra excelente del anticristo. Pero haciendo así nos alejaríamos de una discusión razonable entorno al símbolo.
5. Una pregunta sin respuesta.
Sapia cita en su “respuesta” una pregunta que yo hacía en mi artículo original: “¿Va a presentar en su página estos cuadros de Masaccio, Filippi, Miguel Ángel y Caravaggio como pruebas adicionales de la "cruz invertida satánica"? ¡Nos gustaría verlo!”. Por toda respuesta Sapia escribe:
“Seguramente”
Cuando formulé mi pregunta había publicado tan solo una pequeñísima parte de los ejemplos y testimonios que publiqué en la versión actualizada. La pregunta no me parece descabellada: ¿debemos atribuir los más de doscientos ejemplos que presento en mi artículo un valor satánicos o no?[41]
Pero como ahora el tema no son los cuadros sobre la muerte de Pedro, sino “el símbolo”, según la nueva posición de Sapia, reformulo mi pregunta en base a las novedades de mi artículo: ¿debemos considerar los cien ejemplos del símbolo de la cruz invertida que presento en mi artículo como satánicos o no?
Tal vez ahora Sapia descubra el valor del contexto en el que un signo se encuentra. Sería de desear.
6. Ofensas
En su respuesta, el Sr. Sapia se muestra ofendido por algunas expresiones mías -que llama “agresivas”- lo cual es siempre atendible en el ambiente de un debate. Lo siento si lo ofendí. En este sentido, he cambiado mi presentación de modo que el lector aproveche de la sustancia del mismo y el Sr. Sapia no se sienta ya tan ofendido y pueda así valorar con toda calma los argumentos que presento.
Sin embargo, creo ver en su respuesta una suerte de hipersensibilidad a supuestas “agresiones” de mi parte, que más bien parece un modo de evitar la realidad que presento, o evitar las conclusiones a las que se llega siguiendo su lógica.[42]
6.a En mi trabajo inicial yo decía:
“La acusación que Sapia hace es por cierto muy grave. Llama al Papa -cabeza visible de la Iglesia Católica y sus millones de miembros- "mano de obra del anticristo", uno de los tres personajes apocalípticos de la "trinidad maléfica", junto a Satanás y al Anticristo.”
A esto Sapia contestó:
“Lo que es realmente grave, Sr. Pedernera, es SU propia acusación, basada en una lectura prejuiciosa del artículo de marras. Jamás dije que los millones de fieles de la Iglesia Católica fueran mano de obra del anticristo. Esta “conclusión” es pura y exclusivamente de su personal factoría. Por supuesto, Usted se hace cargo de tamaña afirmación.”
No sólo me hago cargo, sino que la repito aquí con la misma convicción.
En primer lugar, el que hace una lectura prejuiciosa es él: parece que no notó que la expresión “cabeza visible de la Iglesia Católica y sus millones de miembros” va entre guiones, los cuales sirven para aclarar algo sobre el sujeto de la oración principal, en este caso “el Papa”. En otras palabras, la oración se puede leer sacando todo lo que va dentro de los guiones sin cambiar su sustancia; lo que dije fue que Sapia “llama al Papa ... mano de obra del Anticristo”, y lo que va entre guiones explica: el Papa, quien es “la cabeza visible de la Iglesia y sus millones de miembros”. Eso fue lo que dije.
A pesar de su airada reacción en realidad Sapia sí acusa a los millones de católicos de participar de la poco feliz empresa del anticristo, aunque ahora vuelva sobre sus pisadas. Él claramente acusa al Papa de ser “mano de obra del anticristo”; pero siendo el Papa el líder espiritual de los millones de católicos ¿no está diciendo análogamente lo mismo de todos ellos? Es evidente que la acusación no va dirigida al Papa como creyente personal, como si fuese lo mismo decir “el verdulero” o “Pepito” o “mi tía Ruperta” son “mano de obra del Anticristo”, sino al Papa que es considerado por los católicos como cabeza visible de la Iglesia, de modo que la acusación que se le hace de servir al anticristo naturalmente cae también sobre los que lo siguen como a su pastor. Seamos honestos: acusar al pastor de una iglesia de ser “mano de obra del anticristo” tiene como implicación natural decir que este líder conduce a su rebaño -los millones de católicos en este caso- a hacer lo que el anticristo quiere, y en este sentido todo el rebaño es “mano de obra del anticristo”, según un más y un menos, dependiendo de los oficios de cada uno, por supuesto. Esta conclusión sería -según las palabras de Sapia- una conclusión “pura y exclusivamente” de mi “personal factoría”... Entenderá el Sr. Sapia que no estoy de acuerdo en absoluto. La conclusión es “factoría” de cualquier persona que razone con sentido común, mientras que de la factoría de Sapia son los enunciados que llevan a esa conclusión. Poco importaría si el Papa fuese o no un seguidor del anticristo si el discurso no abarcaría de algún modo a todos los católicos que lo consideran como su pastor. Esto está implícito en el mismo artículo de Sapia: cuando presentaba el signo de la cruz invertida se preguntaba si “tiene la Iglesia argumentos valederos...” etc., y no se preguntaba si “tiene el Papa argumentos valederos...” Pregunto: ¿Porqué “la Iglesia” Sr. Sapia? Cuando usted dice “la Iglesia” ¿debemos entender “el Papa” o “la Iglesia”?
Es claro entonces que, al margen de lo que se diga ahora, la acusación va contra toda la Iglesia Católica que ve en el Papa a su cabeza visible, su pastor principal en la tierra, y que Sapia llama “mano de obra del anticristo”, uno de los miembros de la infeliz “trinidad maléfica”. No aceptar esta conclusión es tirar la piedra y esconder la mano.
6.b. Decía yo en mi artículo:
Un signo consagrado por el uso de la Iglesia -como ha quedado definitivamente demostrado en este artículo- no puede volverse satánico por decisión de un puñado de impíos. Sapia, dándose cuenta o no, se ha vuelto defensor de la triste causa de querer invalidar un signo consagrado por dos mil años de memoria cristiana en favor nada menos que de los satanistas. Si a alguien le deben estar agradecidos los satanistas en este asunto no es ciertamente al Papa, a quien odian con todas sus fuerzas, sino a Sapia, que les hace el juego.
A lo que Sapia contestó:
Muy duro lo suyo, Sr. Pedernera. Por mi parte no le sea tenido en cuenta.
Quede muy claro al Sr. Sapia para sus eventuales respuestas que me tienen muy sin cuidado sus esporádicos ataques de mansedumbre. Cuando él acusó al Papa, pastor de millones, de ser la mano de obra del anticristo, basado en un símbolo que malinterpretó lleno de prejuicios, semejante acusación, según parece, no la consideró muy dura. Lamento decir que, todo considerado, no encuentro motivo alguno para cambiar mi opinión. Ojalá lo encuentre en futuras actitudes, cosa que me encargaré de notar aquí con mucho gusto. Mientras no se acuse recibo de la realidad que presento en mi artículo y se deje de promover la satanización de un signo que representa el martirio del Apóstol Pedro para tantas iglesias cristianas, romanas y no romanas, no veo porqué deba dejar de pensar que se le está haciendo el juego a los satanistas. Si le parecen muy duras mis palabras al Sr. Sapia, será tal vez porque muy dura es la realidad.
7. Finalmente
Sapia expresa que sería “coherente con el estilo romanista” la actitud del “No piense..! no analice..! no reflexione..! A él invito, entonces, a estudiar, uno por uno -sin descuidar ninguno- los más de doscientos ejemplos que presento en mi artículo principal. No aceptaré argumentación alguna que omita considerar los datos que presento en mi artículo principal. En otras palabras, sólo exijo un poco de respeto por la obra realizada. No me interesa continuar debatiendo sob