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Consideraciones |
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J. Pedernera (Argentina) |
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Aclaración: Cuando publiqué mi artículo revisado sobre la cruz invertida en el sillón papal (10 de marzo de 2003) sucedió que el Sr. Sapia había publicado su respuesta a mi artículo original el día anterior (9 de marzo). Dado que en mi artículo revisado había datos novedosos, él añadió más tarde comentarios (20 de marzo) que incluyó en el mismo archivo de su respuesta. En el artículo que el lector tiene ante sus ojos presento mis consideraciones sobre los argumentos propuestos en esa respuesta y en esos comentarios del Sr. Sapia. Con el paso del tiempo éste ha agregado, quitado y cambiado su presentación del tema, cosa perfectamente lícita al ir conociendo nuevo material;[1] en los cambios que ha hecho, sin embargo, hay una evolución de su pensamiento que es digna de notar y que se manifiesta particularmente en la desaparición del fundamento de su acusación inicial (en un comienzo la cruz invertida era "de naturaleza satánica", ahora no lo es más) como también un cambio en la formalidad específica del debate (ahora lo único que interesa parece ser “el uso del signo por parte de los Papas” y “desde cuándo”, mientras que antes era “¿Tiene la Iglesia Romana argumentos valederos que justifiquen el uso del símbolo?”[2]) Con la reciente publicación de mi tercera versión del artículo principal, donde se pueden ver abundantes ejemplos del uso cristiano de la cruz invertida -con o sin Pedro- Sapia deberá sin duda reconsiderar su posición y explicar satisfactoriamente, si es que aún desea sostener la clave de lectura “satánica” del símbolo de la cruz invertida, la presencia de ese símbolo en el amplio abanico de iglesias cristianas no-católicas, entre otras la bautista, denominación a la que él mismo pertenece. Pero eso no es todo... |
1. Delimitar el tema
Dejo de lado todos los temas que Sapia menciona en su “respuesta” y que en nada hacen a nuestra cuestión. La sustancia de nuestro debate se puede resumir con la pregunta que el mismo Sapia se formulaba: ¿Tiene la Iglesia Romana argumentos valederos que justifiquen el uso del símbolo? Me parece el modo correcto de enfocar el debate, pues si la “Iglesia Romana” tiene argumentos valederos, entonces se debilitan enteramente los argumentos esgrimidos por él que apuntan a definir el símbolo en cuestión como “satánico”.[3]
2. Resultado relativamente positivo de mi artículo en el de Sapia[4]
Teniendo en cuenta el material publicado en mi artículo, Sapia ha hecho cambios también en su artículo principal; las reformas más importantes son:
a. ha agregado más fotografías de cruces invertidas tomadas de fuentes diversas;
b. ha cambiado sustancialmente su visión sobre el signo, dejando la teoría de la "naturaleza satánica" del mismo;
c. ha cambiado sutilmente la formalidad de nuestra discusión.
2. a. Con respecto a las fotografías -tomadas de fuentes varias- no llego a ver el provecho de esta galería. El objetivo sea tal vez “probar” que la cruz invertida efectivamente es usada por grupos satanistas y semejantes.
Sobre esto lo que puedo decir es que se trata de algo que nadie discute. El mismo Sapia cita allí algunos textos de lugares católicos -entre ellos Apologetica.org donde se publica mi artículo- en los que se dice que ese símbolo es usado por grupos satánicos. Es inútil, por lo tanto, continuar publicando fotografías para probar algo que ya sabemos (aunque no comparto las supuestas consecuencias que Sapia da al hecho del uso satanista del signo, que me parecen rebuscadas). No es allí donde hay más urgencia de aportar ejemplos: es un dato que no se ha puesto nunca en duda y que es parte de los datos que manejé en mi artículo desde el primer momento.[5]
La intención de la galería fotográfica que yo publico, por el contrario, sí es importante por razones evidentes: brinda al lector el ambiente propio, el origen o “la clave de lectura” para interpretar el símbolo usado en aquella Misa de Juan Pablo II, en oposición con el “ambiente satanista” en el que lo ubica Sapia en su articulo -sacándolo de su ambiente propio. Sapia dice tener intenciones de “combatir la ignorancia”, pero ignoró a conciencia esa galería fotográfica y su valor ilustrativo en extremo útil para combatir la ignorancia entorno al símbolo. Volveré sobre este detalle más abajo (punto 3.c.). [6]
Es claro que tanto él como cualquier católico o no católico pueden discutir sobre la conveniencia o inconveniencia del signo usado en aquella Misa; sin embargo, una discusión sana y desprejuiciada no puede obviar todo el material que presento en mi artículo como si no tuviera ninguna importancia, y del cual no había mención alguna en el artículo de Sapia.[7] Una presentación semejante está muy lejos de hacer “conocer la verdad” a nadie. Para valorar la oportunidad del signo hay que conocer toda la información al respecto. Esa ha sido la intención de mi artículo.[8]
2. b. Con respecto a su versión del signo: advierto un cambio sustancial, lo cual es positivo. En su primer artículo decía con toda soltura, después de algunas pocas referencias:
Habiendo establecido la naturaleza Satánica de la CRUZ INVERTIDA, etc.
Debido a mi publicación, en lugar de la frase anterior se lee allí mismo:
Habiendo demostrado el generalizado y reconocido significado satánico de la CRUZ INVERTIDA, etc.[9]
No deje de notar el lector la importancia de este cambio: si el signo es por su propia naturaleza satánico, entonces no hay demasiado lugar a discusiones: el Papa usó un signo satánico y se acabó el debate; si por el contrario se habla de un “generalizado y reconocido significado” satánico, entonces hay lugar para objeciones a su presentación satanista, que se debilita grandemente considerando la otra cara de la moneda que presento en mi artículo.[10]
2.c. Con respecto al cambio en la formalidad de nuestra discusión, me explico mejor en los puntos siguientes, sobretodo en 3.e.
3. Los argumentos a favor de una lectura anticristiana del signo, según Sapia.
Con respecto a su respuesta y comentarios, entiendo que los argumentos principales que versan sobre nuestro tema y que sí merecen atención son los siguientes:[11]
3.a. Un sacerdote católico de reconocida ciencia no sabía que esa cruz era la cruz de Pedro. Esto lo recuerda Sapia en varias oportunidades, reservándose delicadamente el nombre del sacerdote por guardar su fama y ofreciéndolo a quienes se lo pidan (lo cual arruina un poco la delicadeza, en mi opinión personal). Exagera la importancia de este hecho.
Sapia dice que en su momento, antes de publicar su artículo, consultó “fuentes inobjetables” (el resaltado es suyo) sobre la naturaleza del símbolo. ¿Cuáles son las “fuentes inobjetables” que consultó? Lo ignoramos. El plural de “fuentes” no parece corresponderse con la realidad. Sólo da a conocer un dato -a duras penas se podría llamar “fuente”: “un sacerdote católico romano de un muy conocido sitio de apologética católica”.[12]
Enterado quién era ese sacerdote, le pedí que explicara esta situación a mis lectores, a lo que gentilmente accedió. Presento aquí lo que el mismo sacerdote escribe (la nota es del 3 de mayo de 2003; el resaltado es mío):
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Querido Jorge: [...] Sobre lo de Sapia: no pensaba entrar en este asunto por varios motivos, pero finalmente me pareció oportuno una breve declaración para bien de nuestros lectores, y sobretodo para dar más claridad a tu artículo en nuestro sitio, que en verdad nos honra por la información que brinda. Declaro: - Las palabras que Daniel Sapia presenta en su página como “Opinión de un sacerdote católico romano, Miércoles 14 de Junio de 2000 - 08:00 PM” son mías. - Cuando Daniel me preguntó sobre aquella cruz, gozaba yo de una relación bastante familiar con él, hecho que me movió a responder lo que me pareció entonces, sin detenerme demasiado en dar una repuesta muy elaborada, sin siquiera sospechar que más tarde esa respuesta aparecería -sin indicar mi nombre- en su página de “apologética cristiana”, en la sección "Justificaciones católicas" del uso del signo, o algo similar (luego retiró mi respuesta, por motivos que no vienen al caso). Mi intención era la de disuadir a Daniel para que cometiera él el error de seguir la propuesta ridícula de aquel sitio anticatólico. - El sitio que en aquel entonces él me señaló pidiéndome mi opinión era básicamente del mismo estilo que la presentación que él luego hizo del tema: las fotografías del sillón pontificio estaban precedidas por fotografías que señalaban la cruz invertida como signo satánico. Había también música “de suspenso” y si no me equivoco tenía el mismo motivo de fondo. Me parece recordar algunas antorchas ardiendo. Creo que todo era en inglés. - Cuando vi la fotografía de aquel sillón no lo asocié con la cruz de Pedro, a pesar de que conocía perfectamente la tradición de su crucifixión cabeza abajo, y la cruz invertida como símbolo de Pedro me era familiar. De esto último hay una buena prueba, si hace falta, y que ya está en tu artículo: en el breviario que uso diariamente desde 1982, cada 29 de Junio encuentro una cruz invertida relacionada con el Apóstol; de modo que esa cruz invertida pasó ante mis ojos al menos 17 veces desde 1982 a 1999, cuando Daniel me escribió.[13] Además, en los himnos de esa fiesta en ese mismo breviario se leen los siguientes textos poéticos distribuidos durante el día: "el maestro del mundo [muere] por la espada; y, por la cruz, el celestial portero" -himno de las primeras vísperas-, "Roma se vistió de gracia: crucificada la roca, y la espada muerta a espada" -himno del oficio de lecturas-; "y abriste tus dos brazos, al madero sangriento. La cabeza hacia abajo y el corazón al cielo" -himno de laudes. - ¿Porqué no asocié entonces esa cruz con la de Pedro? No sabría decirlo a ciencia cierta. Tal vez porque la cruz invertida en aquella celebración papal comienza en el mismo borde superior del sillón y me pareció ver una suerte de cruz que descendía como colgada desde ese borde, motivo por el cual le escribí a Daniel hablándole de “la cruz estilizada en esa forma”. Tan sólo unos días después Luis, un amigo de España me comentó que se trataba de “la cruz de Pedro”, momento en el cual me di cuenta de lo insustancial de mi respuesta a Daniel... pero que dejé pasar sin mayores preocupaciones, porque él no me había pedido mi parecer para ser publicado, sino que me había dicho simplemente algo así como “me gustaría saber tu opinión sobre este sitio”, todo muy informal.
- Más
allá de cuál haya sido el motivo que me condujo a no reconocer esa cruz en
aquella silla litúrgica, lo que sí puedo
decir y quiero declarar a los lectores es que conocía muy bien tanto la tradición de
Pedro muerto cabeza abajo -la aprendí en mi pueblo natal en Entre Ríos
cuando tendría uno diez años, de labios de mi catequista, Florentina, que nos
ilustraba la escena con una gran cartulina de colores- como también el
signo de la cruz invertida referida al Apóstol, como quedó dicho más arriba. P. Juan Carlos Sack
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El argumento que Sapia manejaba sobre este hecho podría expresarse más o menos así: Si el padre J.C. Sack, “un sacerdote católico romano de un muy conocido sitio de apologética católica, de quien no tengo la menor duda tanto de sus capacidades académicas y erudición eclesial como de su pujante y honesta perseverancia en la defensa de su Iglesia” -palabras de Sapia- si él no conocía esa tradición, entonces no la conoce virtualmente nadie. Pero una vez conocida la situación de boca del autor del mensaje, naturalmente el “argumento” del Sr. Sapia se desvanece en el aire: el P. Juan Carlos conocía tanto la tradición de la crucifixión de Pedro cabeza abajo, como también el uso petrino del símbolo. La única conclusión válida que se puede inferir de este hecho es lo que él mismo explica con suma claridad: no reconoció esa cruz en aquel sillón, presentada en ambiente satánico, como la cruz que simboliza el martirio de Pedro. Pretender sacar de aquí alguna conclusión más en la dirección que quiere Sapia me parece imposible, y estoy seguro que él estará de acuerdo.[14]
La respuesta que nos da el P. Juan Carlos está en perfecta sintonía con todo lo que publico en mi artículo, y que ya nadie puede obviar: la tradición existe, es usada y mucho, y el símbolo de la cruz invertida se encuentra -creo se lo puede decir así- por todas las iglesias.[15]
Tomando pie de esta correspondencia con el P. Sack, Sapia quería concluir:
es evidente que el argumento planteado por el sacerdote L.R.R, respecto a que "el más ignorante de los estudiantes de la historia del cristianismo sabe que el símbolo es la cruz de San Pedro", es erróneo
Pero no es así: el argumento planteado por el sacerdote L.R.R. es verdadero: el más ignorante de los estudiantes de historia del cristianismo que no supiese de esta tradición se merece un cero.[16]
3. b. La "Enciclopedia Católica" no enumera la cruz invertida entre los atributos simbólicos de Pedro.
Sapia cita un texto de la Catholic Encyclopedia, donde entre las representaciones de Pedro no aparece la cruz invertida. Esto es sin duda así. Me permito recordar, sin embargo, que los datos que publico en mi artículo son tan reales como la Catholic Encyclopedia. Yo no pinté ni dibujé ninguno de los más de doscientos ejemplos que brindo en mi artículo. ¿Porqué no menciona esa Enciclopedia la cruz invertida como símbolo de Pedro? Entiendo que el autor de ese artículo se detiene sólo en los primeros siglos del cristianismo, sin analizar en detalle lo que sucedió más allá del sexto siglo, señalando simplemente que “Desde fines del siglo sexto se sustituye [el cayado-cetro con el que se solía representar a Pedro] por las llaves (usualmente dos, aunque a veces tres) que de allí en más se convirtieron en los atributos de Pedro”.[17] El autor no va más allá en su estudio y no hace mención alguna de representaciones petrina en los últimos catorce siglos. Según los datos de ese articulo, en los primeros siglos del cristianismo -hasta el sexto siglo- la simbología de Pedro no incluía esa cruz, sino más bien las llaves, el gallo, un rollo de la ley y un cayado de pastor, en tiempos sucesivos. De lo que sucedió después del sexto siglo en cuanto a las representaciones de Pedro, nada dice.
El articulista no parece pretender ser exhaustivo sobre el tema,[18] y no parece tratar en detalle los símbolos de Pedro, ya que no menciona las redes, el pez, el 70/7, el ancla, la roca, la barca de pescador, las lágrimas, las cadenas, el corazón y el pergamino como símbolos de Pedro, todos elementos que sí aparecen en representaciones petrinas en varias iglesias (ver mi artículo principal). La tiara, que Sapia propone como un símbolo que no hubiese presentado dificultad, tampoco está en la Enciclopedia Católica: ¿deja por ello de ser un símbolo petrino? De manera que no estamos ante un artículo exhaustivo en cuanto a los símbolos de Pedro, que aparecen más bien en cuanto elementos de las pinturas.
El articulista ni siquiera quiso ser exhaustivo sobre las representaciones de Pedro -pinturas, dibujos, etc-. Y esto salta a al vista: menciona expresiones artísticas “con las cabezas de los Apóstoles Santos Pedro y Pablo”, “frecuentemente aparecen como intercesores y abogados de los difuntos del Juicio Final”, “como introduciendo a un Orante (una figura que reza y representa a los muertos) en el Paraíso”, “escenas de la vida de San Pedro: su caminata sobre el Lago de Genesarét desde el bote cuando Cristo lo llamó; la profecía de sus negaciones; el lavatorio de los pies; el elevar a Tabitá de entre los muertos; la captura de Pedro y ser llevado al lugar de su ejecución”, “se lo representa como a Moisés haciendo brotar agua de la roca con su vara”, “el Señor entrega a Pedro las llaves”, “Pedro suele llevar una vara en su mano (luego del siglo quinto una cruz con una larga vara)”. Pero la crucifixión de Pedro cabeza abajo... no aparece. ¿Cómo puede ser? ¡En mi artículo presento más de un centenar de ejemplos de representaciones de Pedro cabeza abajo pertenecientes a los últimos diez siglos y a los mejores artistas del mundo! Queda por explicar entonces porqué el articulista de la Catholic Encyclopedia no incluyó la crucifixión de Pedro cabeza abajo entre las “representaciones de Pedro”. La respuesta que se me ocurre más coherente es esta: porque no es un artículo exhaustivo, y se detiene en los seis primeros siglos de cristianismo. Una vez más, yo no inventé las “representaciones de Pedro” crucificado cabeza abajo y sin embargo la Enciclopedia Católica no las menciona: ¿se puede deducir de ello que Pedro crucificado cabeza abajo no es una “representación” válida? Si gentilmente Sapia o el lector tienen una mejor respuesta, que me la manden.
Este razonamiento hace a la cuestión, porque manifiesta que no podemos tomar a ese párrafo de ese articulista como si fuera la última palabra en la historia de las representaciones de Pedro. Ciertamente no lo es. Y entonces ¿lo podremos tomar como un gran argumento en cuanto a la simbología petrina, que apenas aparece esbozada? Por supuesto que no.
Por lo tanto lo que dice Sapia...
Podríamos inferir, basados nada menos que en la Enciclopedia Católica, que HASTA ESA FECHA (1907) no se conocía a la Cruz Invertida como símbolo petrino.
...es una inferencia ilícita dada la naturaleza no exhaustiva del artículo. No podemos “inferir” lo que Sapia sugiere del mismo modo como no podríamos “inferir” que hasta esa fecha (1907) no se conocía la crucifixión de Pedro cabeza abajo del hecho que la Enciclopedia Católica no se mencione esa escena entre las “representaciones de Pedro”.[19] Es forzar las conclusiones el querer negar el sentido petrino del signo porque “ha sido ignorado en el punto Representaciones de San Pedro de la Enciclopedia Católica”. [20]
Si queremos dar una visión de conjunto acerca de esa enciclopedia en nuestro asunto, recuerdo aquí que unos renglones antes ese mismo artículo habla de la tradición católica sobre la muerte de Pedro cabeza abajo. Dice:
Acerca de la forma en la que murió Pedro, poseemos una tradición -atestiguada por Tertuliano a finales del siglo II y por Orígenes (en Eusebio, “Hist. Eccl.”, II, i)- según la cual sufrió crucifixión. Orígenes dice: “Pedro fue crucificado en Roma cabeza abajo, como él mismo quiso sufrir”.[21]
De modo que, si bien el articulista no pone la cruz invertida entre los símbolos propios de Pedro y ni siquiera su muerte cabeza abajo aparece en la lista de las representaciones -tampoco la excluye, dicho sea de paso- sin embargo conoce perfectamente esa tradición. ¿Cómo puede ser? Probablemente debamos acudir a la misma respuesta anterior: no tuvo intención de ser exhaustivo. Por su parte, los artistas de todos los siglos son libres para representar el momento de la muerte de Pedro cabeza abajo, así como lo representan llorando su negación, o curando con su sombra, o siendo liberado de la prisión, o encontrándose con Cristo que va a Roma “a ser crucificado de nuevo”, según la conocida leyenda del Quo vadis. Lo que pueda decir o no la Catholic Encyclopedia no parece les preocupe demasiado.[22]
Pero podemos dar otro paso más aún: vea el lector la imagen que presenta la misma Catholic Encyclopedia frente al texto sobre las representaciones de Pedro, donde se omite la escena de la crucifixión cabeza abajo (edición 1967):
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Martirio de los santos Pedro y Pablo |
¿Porqué el articulista no mencionó esta escena en las "representaciones de Pedro"? Servirá una vez más la misma respuesta de antes: no tuvo ninguna intención de ser exhaustivo.
Considero que es suficiente para probar que las conclusiones a las que llega Sapia partiendo de la omisión de la escena en la Enciclopedia Católica no son lícitas. Él dice: "Podríamos inferir, basados nada menos que en la Enciclopedia Católica, que HASTA ESA FECHA (1907) no se conocía a la Cruz Invertida como símbolo petrino." En mi artículo principal puede ver el lector "la Cruz Invertida como símbolo petrino" varios siglos antes de esa fecha.
3. c. La tradición sobre Pedro crucificado cabeza abajo es “prácticamente desconocida para muchos” e “ignorada por el papado”.
Esta afirmación, que se repite de diversas formas en la respuesta de Sapia a mi artículo original, ya no puede ser sostenida de ninguna manera si se tiene en cuenta el material que presento en mi nuevo artículo.[23] La tradición -literaria y artística- sobre la muerte de Pedro en una cruz invertida puede ser ignorada, evidentemente, por personas particulares. Pero no se puede decir que la Iglesia no cuenta con esa tradición, o que se trata de una tradición “desconocida”. Es cierto que Hollywood no ha producido aún película alguna sobre la muerte de Pedro cabeza abajo -que yo sepa- con la que se pueda hacer frente al “Bebé de Rosemary” o a los videoclips de las bandas satanistas de Rock. Pero la tradición existe y ha sido afianzada por extraordinarias obras artísticas de artistas extraordinarios, y se ve reflejada en representaciones menores con el motivo de la cruz invertida durante siglos y en todas las grandes denominaciones cristianas, según pruebo en mi artículo. Es más, se puede esperar que la tradición artística cristiana sobre la muerte de Pedro cabeza abajo sobrevivirá ampliamente a las lamentables manifestaciones satanistas que usan el signo de Cristo invertido como expresión de su desprecio por él.
Aquí debo notar una inconsistencia en la respuesta de Sapia a mi artículo original. Por un lado él habla de cuán conocida o no fuese esta tradición (la declara virtualmente desconocida); por otro lado, ignoró por completo los datos artísticos que presenté para probar lo contrario, cuando de eso precisamente se trata, de probar que no es una tradición “desconocida”, sino que está representada por todos lados: si esa tradición no es “desconocida”, entonces el uso de la cruz invertida se entiende con facilidad. Pero ahora parece que Sapia no quiere “ver” todo ese tesoro artístico y prefiere que el lector siga viendo cruces invertidas satánicas en tapas de discos, comerciales de películas y pendientes de jóvenes descarriados. El motivo es que las imágenes que publico en mi artículo debilitan sustancialmente la clave de interpretación satánica del símbolo propuesta por él.
En su respuesta, procede tomando algunos textos de mi artículo y haciendo su comentario; al llegar a los cuadros de Masaccio, Filippi, Miguel Angel y Caravaggio (note el autor la envergadura de los artistas, que por cierto no pueden pasar por “desconocidos”) pues... ni siquiera los considera. Dice refiriéndose a mi apelo al arte:
“Sucede que no es necesario, Jorge”.
Probar que la crucifixión de Pedro en una cruz invertida es material católico por centurias ¿no es necesario? Dar el fundamento del cual se tomó el signo ¿no es necesario? Mostrar que la tradición se extiende virtualmente por todo el mundo cristiano ¿no es necesario? ¿No estábamos tratando de si tiene la Iglesia Romana argumentos valederos que justifiquen el uso del símbolo?
Encuentro aquí una inconsistencia, que Sapia parece querer disimular argumentando que no sería la tradición lo que importa, sería el signo, como si fuese cosa del todo extraordinaria e improcedente simbolizar a un hombre crucificado cabeza abajo con una cruz cabeza abajo. Yo no me puedo detener a probar lo que es evidente.
Para poder juzgar si se trata de una tradición “prácticamente desconocida” o no, ofrezco en mi nuevo artículo no ya cuatro sino más de ciento treinta obras de arte pertenecientes a los mejores artistas del mundo, distribuidas por casi toda la geografía cristiana y que abarcan diez siglos de historia; además, presento un centenar de ejemplos tomados de iglesias católicas, ortodoxas, protestantes y evangélicas que usan el símbolo de la cruz invertida, sin Pedro en ella.
Puede que la Iglesia Católica -y los cristianos de buena voluntad en general- se muevan para sus celebraciones y su simbología en un nivel distinto del callejero o de aquellos que pintaron los grafitos en aquella iglesia de Buenos Aires, o el grupo Deicide. Puede que la Iglesia quiera conservar su patrimonio artístico a pesar de lo que se le ocurra mostrar al director del "Bebé de Rosemary". No se puede obviar la realidad que ilustro en mi artículo si se está interesado en la verdad. Ignorar esa realidad me parece una falta de respeto hacia la labor realizada y hacia los lectores.
Hay otra cosa que encuentro digna de un breve comentario en el marco de las obras de arte presentadas. Sapia parece querer desmerecer, aminorar, restar importancia a la obra de los grandes artistas, y creo ver a qué apunta. Según él:
El hecho de que pueda existir una buena cantidad de obras de arte que representen la crucifixión de Pedro cabeza abajo sólo implica que hubo quienes, creyendo la tal tradición (o no), la plasmaron en pinturas gracias al recibido don personal del arte. ¿Qué la exposición de las obras de arte es útil para testimoniar que la tradición ya era conocida? Repito, es algo que nunca se negó. Con lo cual podría quintuplicarse la cantidad de obras de arte expuesta que poco agregaría al tema.
Y en otro lugar dice que seguir agrandando la lista de obras de arte sobre la crucifixión de Pedro cabeza abajo “poco y nada agregarían al tema”.
Esto me parece una renovada inconsistencia. Tal vez no se ha reflexionado demasiado en los hechos. O en lo que se dice. Por un lado él afirma que el símbolo de la cruz invertida estaría “basado en una tradición desconocida para muchos” (subrayado original); por otro, cuando yo presento un testimonio gráfico importante que revela la universalidad de esa tradición -es decir, contradice con hechos la teoría de la supuesta ignorancia generalizada de la tradición- dice: “Sucede que no es necesario, Jorge”, presentando esas obras de arte como si fuesen meras producciones de personas individuales, por cuenta propia, “gracias al recibido don personal del arte”.[24] La verdad, sin embargo, es esta: las obras que presento son de los autores más representativos del mundo, de varias centurias, y si no todas casi todas ellas hechas o bien por encargo específico de papas, obispos, sacerdotes o bien hechas para iglesias, abadías, libros litúrgicos y demás lugares de culto público de la Iglesia. No pierda de vista el lector los nombres de los artistas cuyas obras testimonian la tradición de Pedro crucificado cabeza abajo: Lippi, della Robbia, Miguel Ángel, Zurbaran, Giotto, Masaccio, Bramante, Caravaggio, Rubens, los artistas de las grandes catedrales europeas, por citar los más conocidos. En otras palabras, no se trata simplemente de autores aislados, que obraban según les venía en mente “gracias al recibido don personal del arte”, y poco importa si creían o no en esa tradición; se trata de los mejores representantes y creadores de la cultura de sus tiempos. Esto no prueba solamente que la tradición existía, sino que prueba también que es imposible llamarla “virtualmente ignorada” o expresiones semejantes. Será o no ignorada para un cierto número de personas, pero eso ya es otra cosa. No se trata de saber el porcentaje exacto de ignorantes o conocedores como para usar o no el signo en base a esas estadísticas: los nombres de los artistas y sus obras están ahí y pertenecen irrenunciablemente al tesoro cultural de la iglesia: es allí donde podemos buscar las raíces de los signos cristianos; ante esa evidencia la teoría de la ignorancia virtual generalizada no puede permanecer en pie por mucho tiempo más.[25]
Finalmente, sus menciones a este o aquel sitio web que no mencionan la cruz invertida como símbolo de Pedro tienen un valor demostrativo nulo. Se trata de argumentos “negativos” que no concluyen nada: no niegan el hecho, simplemente lo omiten, cosa que puede darse por varios motivos. En esos sitios tampoco se mencionan otros signos que son ampliamente reconocidos como petrinos. Si por otro lado hay decenas de testimonios extraídos de casi todas las principales denominaciones cristianas donde Pedro sí aparece representado por una cruz invertida, entonces lo que se haya omitido en este o aquel sitio no tiene ninguna importancia. [26]
3. d. Los testimonios escritos de los primeros siglos no son convincentes.
Así ha considerado Sapia los datos de la tradición acerca de la muerte de Pedro, crucificado cabeza abajo.
Sobre esta cuestión puedo decir lo siguiente:
Ø Nada importa, en lo más mínimo, si a Fulano o a Mengano la tradición parece convincente o no. Lo que importa es que la tradición existe, no presenta motivos serios para ser puesta en duda, no niega ninguna enseñanza cristiana, es respetada y usada por la Iglesia Católica -e iglesias no-católicas-, como queda claro en mi artículo central.
Ø La Iglesia transmite la memoria de la muerte de Pedro cabeza abajo como lo que es en realidad y nada más, a saber, un testimonio transmitido por autores antiguos (como Tertuliano, en el caso de la crucifixión, y Orígenes -recogido por Eusebio de Cesarea- en el caso de la crucifixión cabeza abajo) y escritos de vario tipo y valor (como los apócrifos, himnos litúrgicos y demás obras). Ni el Papa Juan Pablo II ni sus predecesores ni yo ni nadie que yo conozca pretenden que los testimonios de esos autores sean de un valor tal que no permitan la menor duda desde el punto de vista histórico. El trabajo de investigación científica sobre lo históricamente acaecido va más allá de los límites de nuestro tema. Semejante empresa ya ha sido realizada por los historiadores, con las conclusiones que aparecen en cualquier obra de alguna seriedad: se trata de un dato de la tradición, contradicho por ningún dato histórico serio, que permanece en la memoria artística y piadosa de la Iglesia. Yo no pretendo ni un gramo más de certeza; a efectos de la simbología que estamos discutiendo es sobradamente suficiente. [27] Por ende son superfluas todas sus insistencias en que “no es un dato histórico”. [28]
Ø No existe motivo alguno para dudar seriamente de esa tradición (hay otras tradiciones sobre la vida de Pedro, por ejemplo, que son tomadas universalmente como fabulosas, no es el caso de esta). Sapia intenta hacer una breve interpretación de los textos que presenté en mi primer para tratar de anular su valor. Lo veremos enseguida.[29]
Ø Y como ya lo hemos repetido tantas veces, no estamos tratando sobre la absoluta seguridad histórica de la muerte de Pedro cabeza abajo, sino sobre el sentido del uso de ese signo en una celebración eucarística. Para este fin es suficiente constatar que el signo no es siquiera una innovación, tomada de ambientes satánicos, sino una continuación de la antiquísima tradición que recuerda a Pedro, muerto en cruz invertida. De esto ya nadie puede tener dudas.[30]
Ø Y finalmente, la tradición es lo suficientemente buena para los católicos en general, ¿cuál es el problema? ¿Es que deberemos pedirle autorización a los mormones, o a los bautistas, o a los satanistas, o a la Enciclopedia Católica, o a quién, para usar o no de esa tradición? Lo han representado así las centurias que nos precedieron, ¿cuál es el problema? ¿Las ocurrencias de los anónimos y pobres satanistas? [31]
Como dijimos, Sapia hace una suerte de un ligero análisis de los testimonios de la tradición. Sin faltar el respeto de ninguna manera, y desde un estricto punto de vista crítico, creo que ese análisis es absolutamente insustancial. Los motivos los explico al pié de página.[32] Sin embargo, tratándose de información muy antigua y sujeta a estudio, tanto él como cualquier persona pueden darle a esos testimonios el valor que buenamente piense tengan, aunque siempre reservando también a los demás el derecho de darles el valor que ellos crean que esos datos tienen.[33]
3.e. No interesa grandemente la tradición de Pedro cabeza abajo, sino el uso del símbolo de una cruz invertida (sin Pedro).
Según he podido comprobar, esta es una novedad en los argumentos de Sapia, formulada en sus comentarios y en ligeros cambios que hizo en la respuesta: el argumento fuerte pasó a ser este, mientras todos los anteriores pasan a un segundo plano -incluso el de la veracidad o no de la tradición. Y a fin de presentar este nuevo argumento alambicado en sintonía con lo que había dicho en la respuesta, cambió algunos elementos de la misma que merecen señalarse:
¿Qué pretendo significar?, pues, que una cosa es la antigua tradición, tan representada artísticamente y otra cosa es su reconocimiento como símbolo petrino. Con lo cual, aunque la tradición sea del siglo II, el símbolo no tiene porqué ser también del siglo II. Como ejemplo, nótese que si bien las llaves le fueron entregadas a Pedro (como a todos sus discípulos: Mt 18:18; Jn 20:23) en el siglo I, la misma Enciclopedia Católica declara que "las llaves" fueron tomadas como símbolo recién a fines del siglo VI.”
Entonces pregunto: ¿cuál es el siglo límite para que la Iglesia use los signos que le parezcan oportunos válidamente? Si era válido comenzar a usar las llaves -como símbolo- en el siglo VI, ¿porqué no sería válido comenzar a usar la cruz invertida -como símbolo- en cualquier otro siglo?[34]
En la nueva arena donde Sapia quiere llevar el debate se subraya la cuestión del símbolo, más que la veracidad de la tradición. Lo vuelve a decir de nuevo agregando estas palabras a su “respuesta”:
Además, una cosa es la existencia de un relato tradicional y otra diferente es que de ese relato tradicional se haya definido un símbolo. Y desde cuándo ese símbolo es popularmente utilizado.[35]
En otro retoque en su respuesta se lee:
No es cuestión de tradiciones representadas artísticamente, sino de definición y efectiva utilización de símbolos. El tema pasa por definir desde cuándo el Papado utiliza la Cruz Invertida como símbolo petrino.
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Quedo
asombrado por este cambio de frentes: ¿desde cuándo -pregunto yo- “el
tema pasa por definir desde cuándo el Papado utiliza la Cruz Invertida como
símbolo petrino”? ¿Cuál sería el siglo universalmente aceptable? ¿Qué
significa “el papado”? ¿Cuántos papas deberían haber usado el signo para que
Juan Pablo II lo hubiese podido usar sin escándalo de nadie? Espero ahora que, una vez presentadas las pruebas del
uso
del signo por centurias, no aparezca ningún nuevo frente según el
cual el tema
pasa por definir desde cuándo el Papado utiliza la Cruz Invertida como símbolo
de Pedro... en un sillón!
Sapia se muestra como un histórico exigente cuando propone:
Eso si. De mucha utilidad sería que pudiera hacer referencia:
a) ..de la utilización de una Cruz Invertida como símbolo petrino por parte de algunos de los 264 papas, tal cual lo hizo Juan Pablo II (símbolo gráfico, como es utilizado el escudo con las llaves).
b) ..de la fecha más antigua que, independientemente del lugar u ocasión, una Cruz Invertida fue utilizada como símbolo petrino (símbolo gráfico, no representación de una tradición). Para que tenga una idea, según las imágenes que expuso, entiendo que la más antigua data del año 1964, hace 39 años).
Espero que los datos que proveo en mi artículo le sean de mucha utilidad. Por ahora -habrá más en el futuro- tenemos datos del uso petrino de la cruz invertida como símbolo en el corazón de la Basílica de San Pedro, desde inicios del siglo XVII, hace no ya 39 años, sino unos 400, y no precisamente en un lugar secundario. Ante esa cruz han pasado ya 32 papas y... ¿cuántos millones de peregrinos?
También de notar lo siguiente: he procurado -en parte- ir a fuentes de Internet para que el lector pueda considerar el tema al menos como indicio de partida, dado que no todos logran llegar a las bibliotecas, museos y archivos esparcidos por el mundo, o a tantos otros documentos que dependen de fondos universitarios o privados. La presentación que hago no exhaustiva, es apenas indicativa. Por otro lado, los acaecimientos obvios del tiempo disolvieron, a no dudarlo, tantos otros rastros artísticos, particularmente en los primeros siglos del cristianismo, aunque no sólo, además de las persecuciones, guerras, y la sistemática devastación protestante en los templos y monasterios católicos, etc. Lo que he podido mostrar en mi artículo es la punta del iceberg, no mucho más. ¡Qué exigente se muestra Sapia en pedir lo que él no supo buscar!
Cuando el lector haya visto toda la información que contiene en mi artículo principal, analice esta expresión de Sapia:
[el signo es] virtualmente ignorado en la historia del papado
Y lo que personalmente me parece más interesante y preocupante aún: ¿de dónde sacó Sapia la seguridad con la que propone estas gratuidades para fundamentar una acusación tan grave como la que hace al Papa?[36]
Ahora bien, el apologista parece tener dificultad en aceptar que de un hombre crucificado cabeza abajo se puede lícitamente extraer el símbolo de una cruz cabeza abajo. Yo no veo la dificultad. ¿La ve el lector? En caso positivo, mándeme un mensaje explicándome cuál es la insalvable dificultad. Más que una objeción seria me parece más bien un absurdo, esgrimido para huir de la evidencia. Cualquier persona con un poco de dignidad intelectual no se detendrá a “demostrar” que de un crucificado cabeza abajo se pueda extraer el símbolo de una cruz cabeza abajo: en caso de hacerlo bien podría el lector tacharme de insano.[37] La dificultad en aceptar este sencillo y natural razonamiento puede aparecer solamente en aquel que tiene intereses creados ajenos a la verdad.[38]
Supongo me concederá Sapia mantener mi razonamiento en pie: si Pedro es representado frecuentemente en una crucifixión cabeza abajo, entonces la cruz cabeza abajo es la “cruz de Pedro".[39]
3.f. “Cuál fue la necesidad de la Iglesia Romana de representar al "sillón de Pedro" justamente con "ESE" símbolo [...] en lugar del popularísimo escudo de la tiara con las llaves cruzadas, o simplemente con las llaves (tal cual testimonia la misma Enciclopedia Católica, como vimos antes).”
Según hemos considerado antes, Sapia abusa de la Enciclopedia Católica para negar el uso petrino del signo de la cruz invertida, basado en que en esa obra no se lo menciona; pero en el mismo párrafo sugiere usar el signo de la tiara que tampoco está en la Enciclopedia Católica. Pero entonces la Enciclopedia Católica ¿tiene autoridad para excluir un eventual símbolo como “petrino” o no la tiene? ¿La tiene para la cruz invertida, pero no la tiene para la tiara? Hay aquí una nueva incongruencia.
Al margen de esta incongruencia, creo que el razonamiento de Sapia puede tener alguna mella solamente si se desconoce todo lo que publiqué en mi artículo principal, pues si se lo tiene en cuenta entonces la pregunta “qué necesidad hay” no tiene sentido. O en todo caso, habría que hacerle la misma pregunta a cientos de personas, artistas, iglesias no-Católicas, escritores, diccionarios, enciclopedias..., y no sólo a la “iglesia romana”. No seré yo quien la haga, sobretodo porque ya conozco la respuesta.[40]
4. ¿Ingenuidades?
Agrego un punto importante para detectar un razonamiento sofístico. Considere el lector la siguiente progresión:
Primer momento: Cuando el sacerdote “L.R.R.” le informó a Sapia que la cruz invertida se refería a una antigua tradición sobre la muerte de Pedro cabeza abajo, respondió:
¿Que una "antigua tradición" dice que es el símbolo de Pedro? ..¿? Y aunque así fuera, el Papa (supuestamente) gobierna la Iglesia de Cristo, no la iglesia de Pedro. Pedro fue un siervo mas del Gran Maestro.
Es decir, Sapia entiende que el símbolo de la cruz invertida, aún en el caso que fuera un símbolo de Pedro, no es un símbolo oportuno ya que la Iglesia no es “de Pedro”, sino “de Cristo”, y el signo más bien apuntaría -según él- a poner al “siervo” -Pedro- por encima del “Maestro” -Jesús-. En resumen, de uno de los símbolos de aquella celebración -un dato de aquella escenografía- concluyó que se estaba de algún modo confundiendo a los creyentes acerca de la sustancia misma de la Iglesia, y por eso enseña: “el Papa (supuestamente) gobierna la Iglesia de Cristo, no la iglesia de Pedro. Pedro fue un siervo mas del Gran Maestro”.
Segundo momento: dado que las conclusiones que estaba sacando de la presencia de ese símbolo en aquella celebración me parecían un poco desorbitadas, respondí, entre otras cosas:
“en estas dos fotos que presento a continuación y tomadas de su mismo sitio, tanto usted como yo, Señor Daniel, podemos ver de qué manera los organizadores de esa Misa resaltaron en la escenografía la "iglesia de Pedro" en detrimento de la "Iglesia de Cristo".
Y mostraba dos fotografías de esa celebración, donde se podía ver un Cristo en poder, enorme, que presidía el altar, visible a gran distancia, al contrario de la cruz invertida, de proporciones muy menores. Me pareció que, si el Sr. Sapia sacaba conclusiones teológicas (Iglesia “de Pedro” vs. Iglesia “de Cristo”, etc.) llevado por el uso de aquel símbolo de la cruz invertida, tal vez habría sido por no haber visto el signo enorme de Cristo que no deja lugar a ninguna confusión en cuanto quién gobierna la Iglesia; siempre hablando de los símbolos que allí se veían, que de eso se trata todo nuestro debate.
Tercer momento: Sapia contestó a mis palabras así:
Sin ánimo de ofenderlo, Jorge, discúlpeme pero su lógica es extremadamente ingenua. Lo verdaderamente importante en la exaltación de Cristo no es una cuestión de "escenografía" sino del Evangelio que se predique (Gálatas 1:8).
¿Lógica extremadamente ingenua? Lo que hice fue contestarle según la lógica que él usó en el primer momento -por cierto muy ingenua- cuando sacó conclusiones teológicas basado en la escenografía, en vez de averiguar las razones del símbolo que el sacerdote le estaba dando. Por este motivo le respondí en base a esa misma escenografía: el Cristo gigante estaba ahí, de modo que no había ninguna posibilidad simbólica de sacar las conclusiones que saca Sapia. Pero ahora resulta que mi lógica es ... ingenua. La situación a la que lleva ese modo de razonar es esta: él puede concluir en la supuesta iglesia “de Pedro” basado en el símbolo la cruz invertida, pero a mí no me permite concluir en la iglesia “de Cristo” basado en el Cristo gigante que presidió la celebración. Debemos quedarnos con sus conclusiones, las mías son... extremadamente ingenuas.
Demás decir que nuestro debate por cierto no es cuestión “del Evangelio que se predique” como él dice, sino del significado del símbolo de la cruz invertida sobre aquel sillón: "¿Tiene la Iglesia Romana argumentos valederos que justifiquen el uso del símbolo?" ¿Los tiene o no? Que el evangelio que predica el Papa sea o no el evangelio que predica Sapia, es otro tema. Si en este debate vamos a partir del principio de que el Papa es la mano de obra del anticristo, tal vez yo debería partir de otro principio, por ejemplo, de que el Sr. Sapia es mano de obra excelente del anticristo. Pero haciendo así nos alejaríamos de una discusión razonable entorno al símbolo.
5. Una pregunta sin respuesta.
Sapia cita en su “respuesta” una pregunta que yo hacía en mi artículo original: “¿Va a presentar en su página estos cuadros de Masaccio, Filippi, Miguel Ángel y Caravaggio como pruebas adicionales de la "cruz invertida satánica"? ¡Nos gustaría verlo!”. Por toda respuesta Sapia escribe:
“Seguramente”
Cuando formulé mi pregunta había publicado tan solo una pequeñísima parte de los ejemplos y testimonios que publiqué en la versión actualizada. La pregunta no me parece descabellada: ¿debemos atribuir los más de doscientos ejemplos que presento en mi artículo un valor satánicos o no?[41]
Pero como ahora el tema no son los cuadros sobre la muerte de Pedro, sino “el símbolo”, según la nueva posición de Sapia, reformulo mi pregunta en base a las novedades de mi artículo: ¿debemos considerar los cien ejemplos del símbolo de la cruz invertida que presento en mi artículo como satánicos o no?
Tal vez ahora Sapia descubra el valor del contexto en el que un signo se encuentra. Sería de desear.
6. Ofensas
En su respuesta, el Sr. Sapia se muestra ofendido por algunas expresiones mías -que llama “agresivas”- lo cual es siempre atendible en el ambiente de un debate. Lo siento si lo ofendí. En este sentido, he cambiado mi presentación de modo que el lector aproveche de la sustancia del mismo y el Sr. Sapia no se sienta ya tan ofendido y pueda así valorar con toda calma los argumentos que presento.
Sin embargo, creo ver en su respuesta una suerte de hipersensibilidad a supuestas “agresiones” de mi parte, que más bien parece un modo de evitar la realidad que presento, o evitar las conclusiones a las que se llega siguiendo su lógica.[42]
6.a En mi trabajo inicial yo decía:
“La acusación que Sapia hace es por cierto muy grave. Llama al Papa -cabeza visible de la Iglesia Católica y sus millones de miembros- "mano de obra del anticristo", uno de los tres personajes apocalípticos de la "trinidad maléfica", junto a Satanás y al Anticristo.”
A esto Sapia contestó:
“Lo que es realmente grave, Sr. Pedernera, es SU propia acusación, basada en una lectura prejuiciosa del artículo de marras. Jamás dije que los millones de fieles de la Iglesia Católica fueran mano de obra del anticristo. Esta “conclusión” es pura y exclusivamente de su personal factoría. Por supuesto, Usted se hace cargo de tamaña afirmación.”
No sólo me hago cargo, sino que la repito aquí con la misma convicción.
En primer lugar, el que hace una lectura prejuiciosa es él: parece que no notó que la expresión “cabeza visible de la Iglesia Católica y sus millones de miembros” va entre guiones, los cuales sirven para aclarar algo sobre el sujeto de la oración principal, en este caso “el Papa”. En otras palabras, la oración se puede leer sacando todo lo que va dentro de los guiones sin cambiar su sustancia; lo que dije fue que Sapia “llama al Papa ... mano de obra del Anticristo”, y lo que va entre guiones explica: el Papa, quien es “la cabeza visible de la Iglesia y sus millones de miembros”. Eso fue lo que dije.
A pesar de su airada reacción en realidad Sapia sí acusa a los millones de católicos de participar de la poco feliz empresa del anticristo, aunque ahora vuelva sobre sus pisadas. Él claramente acusa al Papa de ser “mano de obra del anticristo”; pero siendo el Papa el líder espiritual de los millones de católicos ¿no está diciendo análogamente lo mismo de todos ellos? Es evidente que la acusación no va dirigida al Papa como creyente personal, como si fuese lo mismo decir “el verdulero” o “Pepito” o “mi tía Ruperta” son “mano de obra del Anticristo”, sino al Papa que es considerado por los católicos como cabeza visible de la Iglesia, de modo que la acusación que se le hace de servir al anticristo naturalmente cae también sobre los que lo siguen como a su pastor. Seamos honestos: acusar al pastor de una iglesia de ser “mano de obra del anticristo” tiene como implicación natural decir que este líder conduce a su rebaño -los millones de católicos en este caso- a hacer lo que el anticristo quiere, y en este sentido todo el rebaño es “mano de obra del anticristo”, según un más y un menos, dependiendo de los oficios de cada uno, por supuesto. Esta conclusión sería -según las palabras de Sapia- una conclusión “pura y exclusivamente” de mi “personal factoría”... Entenderá el Sr. Sapia que no estoy de acuerdo en absoluto. La conclusión es “factoría” de cualquier persona que razone con sentido común, mientras que de la factoría de Sapia son los enunciados que llevan a esa conclusión. Poco importaría si el Papa fuese o no un seguidor del anticristo si el discurso no abarcaría de algún modo a todos los católicos que lo consideran como su pastor. Esto está implícito en el mismo artículo de Sapia: cuando presentaba el signo de la cruz invertida se preguntaba si “tiene la Iglesia argumentos valederos...” etc., y no se preguntaba si “tiene el Papa argumentos valederos...” Pregunto: ¿Porqué “la Iglesia” Sr. Sapia? Cuando usted dice “la Iglesia” ¿debemos entender “el Papa” o “la Iglesia”?
Es claro entonces que, al margen de lo que se diga ahora, la acusación va contra toda la Iglesia Católica que ve en el Papa a su cabeza visible, su pastor principal en la tierra, y que Sapia llama “mano de obra del anticristo”, uno de los miembros de la infeliz “trinidad maléfica”. No aceptar esta conclusión es tirar la piedra y esconder la mano.
6.b. Decía yo en mi artículo:
Un signo consagrado por el uso de la Iglesia -como ha quedado definitivamente demostrado en este artículo- no puede volverse satánico por decisión de un puñado de impíos. Sapia, dándose cuenta o no, se ha vuelto defensor de la triste causa de querer invalidar un signo consagrado por dos mil años de memoria cristiana en favor nada menos que de los satanistas. Si a alguien le deben estar agradecidos los satanistas en este asunto no es ciertamente al Papa, a quien odian con todas sus fuerzas, sino a Sapia, que les hace el juego.
A lo que Sapia contestó:
Muy duro lo suyo, Sr. Pedernera. Por mi parte no le sea tenido en cuenta.
Quede muy claro al Sr. Sapia para sus eventuales respuestas que me tienen muy sin cuidado sus esporádicos ataques de mansedumbre. Cuando él acusó al Papa, pastor de millones, de ser la mano de obra del anticristo, basado en un símbolo que malinterpretó lleno de prejuicios, semejante acusación, según parece, no la consideró muy dura. Lamento decir que, todo considerado, no encuentro motivo alguno para cambiar mi opinión. Ojalá lo encuentre en futuras actitudes, cosa que me encargaré de notar aquí con mucho gusto. Mientras no se acuse recibo de la realidad que presento en mi artículo y se deje de promover la satanización de un signo que representa el martirio del Apóstol Pedro para tantas iglesias cristianas, romanas y no romanas, no veo porqué deba dejar de pensar que se le está haciendo el juego a los satanistas. Si le parecen muy duras mis palabras al Sr. Sapia, será tal vez porque muy dura es la realidad.
7. Finalmente
Sapia expresa que sería “coherente con el estilo romanista” la actitud del “No piense..! no analice..! no reflexione..! A él invito, entonces, a estudiar, uno por uno -sin descuidar ninguno- los más de doscientos ejemplos que presento en mi artículo principal. No aceptaré argumentación alguna que omita considerar los datos que presento en mi artículo principal. En otras palabras, sólo exijo un poco de respeto por la obra realizada. No me interesa continuar debatiendo sobre temas secundarios y periféricos: quiero permanecer en un nivel tal, que la palabra y el razonamiento puedan verse claramente como servidores de la realidad.
Hay otras cuestiones que se podrían comentar, responder o proponer, pero sería irnos por temas y sub-temas de nunca acabar.[43] La sustancia de nuestro estudio está tratada.
Sapia dice que el uso de la cruz invertida en el sillón Papal “abona” grandemente “la hipótesis de que la Iglesia de Cristo no subsiste precisamente en la Institución Iglesia Católica Romana”. [44] No estoy seguro que el lector, después de ver mi artículo principal, comparta semejante extrapolación. Lo único que aquella cruz abona, a mi entender, es la venerable tradición del Apóstol Pedro, que por humildad pidió ser crucificado cabeza abajo.
Jorge Pedernera
Notas
[1] Sapia ha publicado en su sitio web mi artículo inicial como punto de referencia para su respuesta. Yo he preferido sacar de Apologetica.org ese artículo para evitar una inútil abundancia de artículos y más artículos. Prefiero mantener y renovar constantemente el artículo principal con material atemporal, haciendo allí la menor alusión posible a elementos circunstanciales del tema; por otro lado escribo el presente artículo, donde contesto o comento lo expresado por Sapia, que no necesariamente interesará al lector; éste deberá acudir siempre al artículo principal para encontrar los argumentos más sustanciosos.
[2] Curiosamente esta expresión de Sapia, que ponía el debate en el camino justo, desapareció de sus artículos en sus últimas ediciones; ahora la discusión la dirige al uso de la cruz sin Pedro, y a averiguar si algún Papa la usó antes. Sin ninguna duda esta no era la impostación inicial de su presentación, y se aleja de aquella en lo que tenía de medular. Estoy de acuerdo en averiguar todo lo que se pueda averiguar para presentar el tema con amplitud, pero la lógica nos impone ciertos límites, fuera de los cuales la conversación es -como se suele decir popularmente- de locos.
[3] Por lo tanto no doy atención alguna a los siguientes puntos que aparecen en aquella respuesta y en los comentarios:
a. La "limpia" que le realizaron en México a
Juan Pablo II;
b. Sus citas bíblicas sobre el advenimiento
del anticristo;
c. Sus menciones sobre el Papa como usurpador
del lugar de Cristo;
d. Su recurso a la Inquisición.
e. La discusión sobre cuál es el fundamento
de la Iglesia según el evangelio;
f. Sus dudas sobre el evangelio que predica
la Iglesia;
g. Las citas del catecismo sobre el oficio
magisterial de la Iglesia;
h. La "reducción a la esclavitud" según San
Ignacio de Loyola;
i. Sus especulaciones sobre qué tipo de
sillón hubiese usado el Apóstol Pedro;
[4] Digo “relativo” en cuanto que a pesar de haber cambiado en su artículo la sustancia del argumento que servía de fundamento para su presentación, como diré a continuación, sigue insistiendo en su objetivo de presentar esa cruz a sus lectores como “satánica”, desconsiderando el contexto cristiano en la que fue usada durante la celebración de la Santa Misa. Si la cruz es “de naturaleza” satánica -como decía él antes, erróneamente- entonces no cabría duda del mensaje satánico del símbolo; pero si no es de naturaleza satánica sino petrina entonces sus argumentos se reducen a cavilaciones teológicas. La cuestión pasa por saber si una cruz invertida puede usarse lícitamente como símbolo de Pedro o si es un símbolo anti-cristiano.
[5] Para conocimiento del lector, en muchos sitios de Internet y obras de referencia, algunas de ellas relacionadas con el ocultismo, se dice expresamente que el signo “es de origen cristiano”, “se refiere a la muerte de Pedro cabeza abajo” o expresiones parecidas, indicando luego que se ha convertido en un signo usado también por los satanistas. Esta es la realidad que he manejado desde el primer momento. Por su parte Sapia insiste en decir que el símbolo no pertenece a la tradición cristiana en cuanto símbolo, cosa que es imposible mantener si consideramos lo que expongo en mi artículo principal.
En uno de los sitios de la red, a cargo de una persona privada, leí que “en algún momento de la historia el cristianismo concedió el signo al satanismo, aunque no es fácil definir la fecha exacta” (la cita no es textual, pero ese era el concepto). Esta idea es un invento de cabo a rabo: el “cristianismo” no se dedica al comercio o trueque de signos. El autor simplemente inventa una explicación a lo que él imagina ser una suerte de “traspaso de símbolo” y la enseña a sus lectores, desconociendo que se trata en realidad de dos signos totalmente distintos -aunque idénticos en la forma- tanto en cuanto al origen como al significado: uno nace en la tradición cristiana sobre la muerte de Pedro cabeza abajo -no es pues el mismo evento histórico que la cruz de Cristo-, el otro nace del odio a Cristo y a su cruz; uno señala la muerte de Pedro para honra suya de sus hermanos en la fe, el otro se burla de Cristo crucificado. No hay ninguna necesidad de “pasar” ningún signo para ningún lado.
[6] En ese artículo se presentan fotografías de una iglesia católica en Buenos Aires, en cuyo frente algunos delincuentes callejeros habían pintado el signo de la cruz invertida y otros signos, con intención blasfema, y que fueron “prontamente quitadas”, aclara Sapia. ¿Qué pretende demostrar con esas fotografías? Si lo que quiere demostrar es que para la gente de esa parroquia católica la cruz invertida no era en ese caso una copia de Crucifixión de San Pedro de Caravaggio... ¡pues que lo dé por probado!
[7] La mención del origen petrino del símbolo aparecerá sólo con la intervención de aquel sacerdote que le informó a Sapia sobre el sentido petrino de esa cruz, información que Sapia despachó en menos de un renglón, explayándose luego en especulaciones teológicas sobre la centralidad de Cristo y otros temas semejantes.
[8] Es mi parecer que la información que brinda Sapia y la que brindo yo en mi artículo apenas si pueden ubicarse en el mismo nivel de argumentación, ya que la información que él brinda tiene su fuerza en la publicidad -que él quiere hiperbolizar- ganada por los grupos satanistas con su uso de la cruz del Señor invertida, para befarse de Él, mientras que lo que yo presento son centurias de arte sacro pertenecientes a la misma Iglesia que usará el signo en aquella celebración, y un ingente ejemplos de esa misma cruz invertida usada en otras iglesias no-católicas. Juzgue el lector si los argumentos pro-satanistas tienen el valor de los petrinos.
[9] Note el lector con qué rapidez Sapia “estableció” para todos sus lectores que ese signo era “de naturaleza satánica”. Nos dirá luego que consultó “fuentes inobjetables”, como veremos.
[10] Algo muy digno de mención: a pesar de haber publicado originalmente en su sitio que esa cruz era “de naturaleza satánica”, sin embargo en su respuesta a mi artículo se leen estas palabras (el subrayado y las negritas son originales):
“jamás supuse que la Iglesia romana pretendía exponer abiertamente emblemas satánicos o claramente anti-cristianos, como si les hubiera dado lo mismo colocar una cruz invertida como un pentagrama invertido o un "666". Siquiera considerarlo me parece sencillamente ridículo.”
Pero él de hecho así lo consideró, a pesar de que ahora diga que no para librarse de las consecuencias: si la cruz invertida es -como él lo afirmó categóricamente- “de naturaleza satánica”, entonces la Iglesia romana sin duda habría expuesto un signo satánico abiertamente: ¿qué otra “naturaleza” del signo conocía o manejaba Sapia entonces? Ninguna, al menos a juzgar por lo que él mismo escribió entonces. Esa ridiculez de la que ahora se quiere librar por motivos obvios, sí estuvo presente en su artículo original, dado que le dio al signo en cuestión una “naturaleza satánica” e inmediatamente lo mostró expuesto en el sillón presidencial de aquella celebración, sin ningún atenuante. ¿Qué conclusión obligada se sacaba de ello? Pues que el Papa había usado un signo de naturaleza satánica abiertamente. Es claro que con poco que se piense se ve la ridiculez de suponer que se haya usado un signo abiertamente satánico. Pero eso fue lo que se concluye al leer las palabras de Sapia en su presentación original, y que ahora dice que “jamás supuso”. El silogismo está claramente presente en sus palabras, y de ello debe hacerse cargo. Yo saco conclusiones de sus enunciados. Creo ver un indicio de todo esto, también, en las varias fotos del mismo sillón, tomadas de varios medios y citando en detalle el origen de las fotos, e insistiendo en declarar que las fotos “no habían sido trucadas”. Este afán por “documentar” el sillón desde todos los ángulos posibles se explica si lo que Sapia en realidad pensaba era lo que en realidad dijo: que esa cruz era “de naturaleza satánica” y de ninguna otra naturaleza, y que por un lógico razonamiento de cualquier persona normal, el Papa estaría usando un signo abiertamente satánico. Lo que todo esto finalmente delata es hasta qué punto el fanatismo anticatólico puede atrofiar el sentido común.
[11] El método de citar y contestar a la cita, al menos en este caso, no me parece el más útil, perderíamos mucho tiempo, energía y sobretodo claridad de ideas. Más bien prefiero ver cuales son los argumentos que maneja mi contendiente y exponer los míos.
[12] "Fuentes inobjetables" serían en todo caso obras que tratan específicamente el tema, y no un e-mail informal de un amigo con su opinión personal, como veremos. Si a esto le sumamos toda la información que publico en mi artículo -y que bien hubiese podido encontrar Sapia en la red- podemos decir con fundamento que no se informó debidamente: al menos de las “fuentes inobjetables” no conocemos ninguna. El solitario recurso a la Enciclopedia Católica vino varios años después y tiene un valor muy relativo, como se verá más adelante. Me vienen a la mente las fuentes inobjetables de Pepe Rodríguez, en debate con Apologetica.org sobre la Taxa Camarae: "un par de teólogos católicos y tres historiadores", decía Rodríguez, había él consultado antes de publicar aquel documento criminal, teólogos e historiadores que habrían avalado su autenticidad... y que resultó ser todo cuento.
[13]
Agrego el diseño aquí, que ya había sido publicado en mi artícul
o anterior.
El P. Juan Carlos habla de 1982, mientras que el breviario de donde
yo tomé la fotografía es edición 1997; he comprobado que en la
edición de 1980 a la que hace referencia el P. Juan Carlos ya aparece
el mismo diseño, visible en la página 1507 del volumen III.
Secundariamente se puede notar lo siguiente: todos los sacerdotes de Argentina que usan el breviario a diario se han encontrado con esa cruz invertida como símbolo de Pedro todos los años desde 1980. No hay ningún motivo para pensar que la Iglesia en Argentina sea una excepción en el uso del símbolo, como se ve en mi artículo principal. Se también que esa edición del breviario se ha extendido a otros países de América hispana. Noto finalmente que Sapia en su “respuesta” deja varias cosas sin “responder” que merecerían una respuesta, entre otras cosas este diseño del breviario argentino. Con la información que presento en mi nuevo artículo los datos de ese breviario son apenas una pequeña muestra en medios de tantas otras.
[14] Hubiese bastado tal vez no haber sido expuesto a las parcialidades prejuiciosas de las presentaciones del tipo que hace Sapia, para haber dado un juicio mejor. Sapia pretende que sus lectores reconozcan la cruz de Pedro en medio de un bosque de cruces de simbolismo satánico. Lo que hago en mi artículo es ubicar al signo en su contexto natural: la tradición y el uso de la Iglesia. Después de todo, el signo estaba siendo usado en una Misa, no en un concierto de Black Sabath.
[15] Y en última instancia, en el caso irreal que el P. Sack no hubiese conocido esa tradición ni el uso del signo, con todo el material que brindo en mi artículo principal esa deficiencia hubiese corrido por cuenta suya, y de ninguna manera podría haberse tomado su ejemplo como válido para todos o la mayoría de los cristianos.
[16] ¿Qué habría sucedido si el P. Sack, en vez de dar la opinión que dio, hubiese respondido diciendo que esa era la cruz de Pedro? ¿Qué actitud hubiese tomado Sapia? ¿Hubiese dado oídos a esa respuesta de su “fuente inobjetable” y se hubiese abstenido de publicar su artículo? Claro que esto es una pregunta que no tiene respuesta, y no vamos a tratar de averiguarla. Lo que sí conocemos es lo que Sapia hizo ante el mensaje del otro sacerdote (“L.R.R.”, de la cadena EWTN) quién le decía exactamente cuál era la naturaleza de ese símbolo; por toda reacción Sapia respondió: “¿Que una "antigua tradición" dice que es el símbolo de Pedro? ..¿?”, para continuar hablando de asuntos de teología bíblica.
[17] Agrego aquí todo lo que trae la enciclopedia acerca de las representaciones de S. Pedro, para la consideración del lector, tomado de http://www.enciclopediacatolica.com/p/pedroapost.htm:
VI. REPRESENTACIONES DE SAN PEDRO
La más antigua que existe es el medallón de bronce con las cabezas de los Apóstoles; esto data de fines del siglo segundo o principios del tercero y se conserva en el Museo Cristiano de la Biblioteca Vaticana. Pedro tiene una cabeza fuerte y redondeada, mandíbulas prominentes, una frente retrotraída, cabello crespo grueso y barba (ver la ilustración en CATACUMBAS). Los rasgos son tan distintivos, que semejan la naturaleza de un retrato. Esto también se encuentra en dos representaciones de San Pedro en la cámara de la Catacumba de Pedro y Marcelino que data de la segunda mitad del siglo tercero (Wilpert, "Die Malerein der Katakomben Rom", placas 94 y 96). En las pinturas de las catacumbas los Santos Pedro y Pablo frecuentemente aparecen como intercesores y abogados de los difuntos, en las representaciones del Juicio Final (Wilpert, 390 sqq.), y como introduciendo a un Orante (una figura que reza y representa a los muertos) en el Paraíso.En las numerosas representaciones de Cristo en medio de Sus Apóstoles, que aparece en las pinturas de las catacumbas y labradas en los sarcófagos, Pedro y Pablo siempre ocupan los lugares de honor a derecha e izquierda del Salvador. En los mosaicos de las basílicas Romanas, que datan del siglo cuarto al noveno, Cristo aparece como figura central, con los Santos Pedro y Pablo a Su derecha e izquierda y aparte de ellos los santos especialmente venerados en cada iglesia en particular. En los sarcófagos y otros memoriales, aparecen escenas de la vida de San Pedro: su caminata sobre el Lago de Genesarét desde el bote cuando Cristo lo llamó; la profecía de sus negaciones; el lavatorio de los pies; el elevar a Tabitá de entre los muertos; la captura de Pedro y ser llevado al lugar de su ejecución. En dos copas doradas se lo representa como a Moisés haciendo brotar agua de la roca con su vara; el nombre de Pedro bajo la escena demuestra que es visto como el guía del pueblo de Dios en el Nuevo Testamento.
En el período que vas del cuarto al sexto siglo es particularmente frecuente la escena de la entrega de la Ley a Pedro, lo que ocurre en varias clases de monumento. Cristo entrega a Pedro un escrito enrollado o abierto, en el que a menudo está la inscripción Lex Domini (Ley del Señor) o Dominus legem dat (El Señor da la Ley). En el mausoleo de Constantina en Roma (S. Constanza en la Vía Nomentana) esta escena se da como un paralelo a la entrega de la Ley a Moisés. En representaciones en los sarcófagos del siglo quinto el Señor entrega a Pedro las llaves (en lugar del escrito). En labrados del siglo cuarto, Pedro suele llevar una vara en su mano (luego del siglo quinto una cruz con una larga vara, portada por el Apóstol sobre su hombro) como una suerte de cetro indicativo del oficio de Pedro. Desde fines del siglo sexto se sustituye esto por las llaves (usualmente dos, aunque a veces tres) que de allí en más se convirtieron en los atributos de Pedro. Hasta la renombrada y grandemente venerada estatua de bronce en San Pedro las posee; esta, que es la más conocida representación del Apóstol, data del último período de la antigüedad Cristiana (Grisar, "Analecta romana", I, Roma, 1899, 627 sqq.).
[18] Sapia es de opinión contraria: “Desde 1907 la misma Enciclopedia Católica viene desconociendo a la Cruz Invertida como "símbolo petrino", ya que en su detallado tema "Representaciones de Pedro", no la incluye.” Lo subrayado es mío, las negritas y cursivas originales.
[19] Entre otras cosas en mi artículo principal encontrará el lector una enciclopedia protestante importantísima, anterior a la Enciclopedia Católica, que sí menciona el símbolo de la cruz invertida como símbolo petrino y notablemente antiguo. Todo apunta a lo mismo: la conclusión que Sapia se apresura a sacar basado “nada menos que en la Enciclopedia Católica” no se sigue.
[20] Ya me había pasado cosa semejante con anterioridad. Algunas personas parecen atribuir a la “Enciclopedia Católica” propiedades que esa obra ciertamente no tiene, como la de ser una suerte de Enciclopedia oficial de la Iglesia, poco menos. La Enciclopedia Católica no es una enciclopedia oficial de la Iglesia, es una de las tantas enciclopedias dirigidas por católicos. Como tal, sus artículos tienen el valor que puede tener un artículo de una enciclopedia y hay que juzgar del mismo en cada caso particular según las leyes de la ciencia más adecuada a cada artículo, sin tomarlo necesariamente como la última palabra en lo que toca a la Iglesia Católica. Menos que menos como si fuera la última palabra nada menos que en simbología.
[21] También aquí podemos notar que el articulista no es para nada exhaustivo: vea el lector los otros testimonios de la tradición sobre la muerte de Pedro cabeza abajo que cito en mi artículo principal y que no están citados en la Enciclopedia Católica.
[22] Sapia es de la opinión que la relación entre la crucifixión de Pedro en una cruz invertida, por un lado, y una cruz invertida que la representa, por otro, no tendría fundamento suficiente como para que esta última sea usada como símbolo de la muerte de Pedro. No llego a ver que este razonar sea muy convincente, por decirlo cortésmente. Y de la muerte de Cristo “cabeza arriba” ¿tenemos derecho de extraer el símbolo de la cruz cabeza arriba? ¿Porqué en este caso sí, y en el de Pedro no? Volveré sobre esto en el punto 3. e.
[23] Según él, el signo petrino carecería de “práctica popular”, ha sido “virtualmente ignorado en la historia del Papado”, se trataría de una “tradición desconocida para muchos y prácticamente ignorado [el signo] en la historia del Papado” y “desconsiderado” por la misma, y finalmente “no parecería que la Cruz Invertida forme parte de ninguna simbología histórica de la Institución Católica romana”. Sería muy interesante saber ¿basado en qué afirmó todo esto, que ahora ha sido demostrado ser falso? Me quedo perplejo oyendo expresiones del tipo “la historia del papado”, como si estuviese hablando un historiador que investigó en la historia del papado -veinte siglos- y da al mundo sus conclusiones. Ahora salen a la luz datos que mandan la cruz invertida petrina a centurias atrás, y nada menos que en el centro del papado.
[24] Con más sentido de la realidad dice Juan Pablo II, hablando de los artistas religiosos de Oriente: “el arte sagrado preservó allí un notable sentido del misterio, que condujo a los artistas a ver en sus esfuerzos de crear belleza no simplemente una expresión de sus talentos personales, sino también un auténtico servicio a la fe” (Ecclesia de Eucharistia, 50, resaltado mío). La propuesta de Sapia considera el tema con superficialidad, desconociendo la historia del arte cristiano y su importante “servicio a la fe”, con el claro objetivo de poder continuar sosteniendo su ya debilitada posición: la tradición de la que hablamos es “virtualmente ignorada en la historia del papado”.
[25] ¿Qué pretende Sapia, llegar al cien por cien de conocimiento por parte de la población mundial o de la Iglesia? Por eso es que el testimonio que presento, al contrario de lo que él quiere, ES necesario para no asentir a la gratuita afirmación según la cual se trataría de una tradición “prácticamente desconocida para muchos”.
[26] Este tipo de recursos lleva a situaciones ridículas. Sapia trae un ejemplo de unos vitrales en una iglesia Jesuita en USA, donde Pedro es representado solamente por las llaves, sin la cruz invertida. Según Sapia, esto sería un “argumento” que la cruz invertida no es un símbolo “típicamente petrino”. Pero en ese vitral tampoco se lo representa con la “vara-cetro”, uno de los primeros signos de Pedro en la historia, según la Enciclopedia Católica, ni tampoco por el “gallo”, ni por la “roca” de Mat. 16,18 ni con la “tiara”, vista por Sapia como símbolo típicamente papal. ¿Debemos concluir que los Jesuitas de esa parroquia están negando esos símbolos como petrinos porque no los incluyeron en esa ventana? ¿Acaso tienen que poner todos los signos de Pedro en esa ventana!? Como se ve, una situación ridícula. Tal vez se aprovecha Sapia del hecho cierto que las llaves son el signo petrino por excelencia o “su atributo” como lo llama la Enciclopedia Católica, para negar el valor petrino de los demás signos, y en particular la cruz invertida. Es claro que esto es un argumento inválido.
Y además, si a los Padres Jesuitas se les ocurre un día negar esa tradición -lo cual no pasará- tampoco me interesa en lo más mínimo: la evidencia está publicada en mi artículo, les guste o no a los Jesuitas o a los Escolapios o a los Camaldulenses. Ese es precisamente el valor y la necesidad de mi galería fotográfica, que Sapia desestima.
[27] Note el lector un elemento lógico importante: si Sapia niega -como lo hace- que el signo de la cruz invertida sea un símbolo válido basado en que la tradición no es demostrable, entonces tiene que negar a fortiori que tampoco es válido representar a Pedro crucificado cabeza abajo. Pero tal posición va contra el sentido común y contra todos los artistas que presento en mi artículo principal, que por mil años representaron a Pedro crucificado cabeza abajo. Su posición se enfrenta a un milenio de cultura artística. Todo lo cual nos pone ante una disyuntiva: o bien seguimos a Sapia y sus dudas sobre la licitud del uso de esa tradición a efectos del arte o la simbología, o bien seguimos a todos los mejores artistas del mundo que representaron a Pedro crucificado cabeza abajo, y a todos los cristianos que se valieron del símbolo relativo por centurias.
[28] Daría la impresión que hay una confusión, según la cual lo “tradicional” sería sinónimo de “no-histórico”. Pero esto no es así. “Tradicional” hace referencia a lo que se “entrega” de generación en generación, según explica el Diccionario de la Real Academia Española:
tradición (Del lat. traditĭo, -ōnis).
1. f. Transmisión de noticias, composiciones literarias, doctrinas, ritos, costumbres, etc., hecha de generación en generación.
2. f. Noticia de un hecho antiguo transmitida de este modo.
3. f. Doctrina, costumbre, etc., conservada en un pueblo por transmisión de padres a hijos.
4. f. Elaboración literaria, en prosa o verso, de un suceso transmitido por tradición oral.
5. f. Der. Entrega a alguien de algo. Tradición de una cosa vendida.
6. f. Ecd. Conjunto de los textos, conservados o no, que a lo largo del tiempo han transmitido una determinada obra. La tradición del Libro de Buen Amor está formada por pocos manuscritos.
Como se ve, lo “tradicional” no es sinónimo de “falso” o “no histórico”. En la literatura que estamos usando, y que versa acerca de la historicidad de la información transmitida, el término “tradicional” se usa cuando se han obtenido datos de algunas fuentes que no pueden confirmarse al ciento por ciento, pero que tampoco pueden negarse sin más; si por el contrario se quiere notar que el asunto no pasa de ser una ficción literaria o género parecido, creo es más exacto hablar de cosa legendaria o fantasiosa. Ejemplifico mejor un poco más en breve.
[29] El trabajo de análisis de los textos tradicionales ha sido ciertamente realizado ya, con las conclusión que mencioné en el párrafo anterior. El análisis de la historia, sobretodo en lo referente a fuentes tan antiguas, no es tarea que pueda realizarse con facilidad. Notemos también que la muerte de Pedro cabeza abajo pertenece a la “tradición”, no a la “fábula” según lo que dije antes sobre estos conceptos. Pongamos un ejemplo: la escena de Simón el Mago y su enemistad con los Apóstoles en la ciudad de Roma, incluyendo su muerte espectacular. Los relatos sobre estas escenas se encuentran en obras conocidas como las “Pseudo Clementinas” y las “Philosophumena”, entre otras, según lo trae el artículo relativo a Simon Mago en la Catholic Encyclopedia. Con respecto a esta enemistad y consecuente muerte de Simón el Mago por intercesión de los apóstoles, comenta el articulista de dicha enciclopedia que “todo el relato carece de cualquier sostén histórico” (the entire account lacks all historical basis) y “todas estas narraciones pertenecen, naturalmente, al campo de lo legendario” (all these narratives belong naturally to the domain of legend). Estas calificaciones no aparecen en ninguna obra o artículo que he leído acerca de la crucifixión de Pedro cabeza abajo. Para ejemplificar por contraste, la misma enciclopedia habla de la muerte de Pedro en estos términos, muy distintos de los anteriores: “Con respecto al modo en que Pedro murió, poseemos una tradición -atestiguada por Tertuliano al final del siglo segundo [...] y por Orígenes [...] según la cual sufrió crucifixión” etc. El lector nota sin duda el distinto modo de valorar los datos si lo compara con lo que se dijo sobre Simón el Mago. No es por tanto lícito confundir los conceptos “tradicional” y “fabuloso” como si fuesen sinónimos sin más. En el campo literario e historiográfico ciertamente no lo son.
[30] Sapia hace fuerza sobre este argumento una y otra vez en su respuesta -aunque en los comentarios cambia notablemente de posición y enfatiza que el problema es separar la cruz invertida de Pedro crucificado en él, como veremos. Dado que es un hecho que la Iglesia, después de todo, sí tiene buenos argumentos para usar el símbolo, se echa manos ahora a otro aspecto de la cuestión, relacionado pero secundario para nuestro propósito: el grado de veracidad de esa tradición. En realidad, la existencia de la tradición y la veracidad de lo que transmite son dos aspectos formalmente distintos de una misma cuestión, fácilmente distinguibles para el lector desprejuiciado, y que el mismo Sapia acepta. Para nuestro cometido basta con probar que estamos ante una tradición bien atestiguada y usada por centurias. La formalidad de su veracidad histórica permanecerá, probablemente, un motivo de estudio e investigación por mucho tiempo o para siempre. Si lo que el Papa hubiese pretendido es declarar el dogma de la crucifixión de Pedro cabeza abajo, entonces el argumento sobre el que Sapia hace fuerza tendría su razón de ser; pero como lo que los organizadores pretendieron -no fue el Papa a elegir el signo- es hacerse eco de la antigua y constante tradición, entonces la discusión sobre cuán histórico sea el testimonio de los escritos antiguos no hace a la validez del uso del signo.
[31] Agrego algo más en la línea de la “historicidad” o no de la crucifixión de Pedro: el objetivo de cualquier simbología es presentar, en un simple diseño, una realidad en sí más compleja, al margen de su historicidad. A veces se echa manos incluso a la mitología para extraer un símbolo, que será un símbolo apto si trasmite con simplicidad el contenido mitológico, sin importar si el mito tiene fundamentos históricos o no. ¿Porqué no podría sacarse un símbolo de un hecho transmitido por la tradición, siendo que lo que se pretende no es dogmatizar sobre lo ocurrido sino conservar y usar de la antigua tradición? Vea el lector los datos que brindo en el artículo principal y se dará cuenta de que esta petición de “historicidad” por parte de Sapia no pasa de ser un capricho, cuyo objetivo es evitar el tema central: los motivos sobre los que se apoya el uso cristiano del signo.
[32] En breve: dice Sapia que es “curioso” que Tertuliano no mencione que la crucifixión haya sido en una cruz invertida. Este argumento tiene la fuerza que el mismo Sapia declara: una curiosidad. Tertuliano pudo haber tenido sus razones, o simplemente no dio importancia al dato de la inversión de la cruz: finalmente lo importante es que dio su vida por Cristo en Roma. Cualquiera haya sido el motivo, en ningún momento Tertuliano niega que haya sido crucificado cabeza abajo. El es testigo de una tradición que afirma que Pedro murió crucificado, nada más. El comentario sobre “struck” tiene sus puntos flacos a mi entender, aunque puede perfectamente investigar sobre ese aspecto y declarar sus conclusiones, siempre que acuda a las lenguas originales y no al inglés.
En cuanto a Orígenes (citado por Eusebio), Sapia subraya intencionalmente que el documento original de Orígenes se ha perdido. Esto demuestra un muy flaco respeto por la ciencia histórica y su modo de proceder. Para tener en cuenta a la hora de hablar de las obras de la antigüedad: más de 1200 años separan a Platón de los primeros manuscritos de sus obras que se han conservado; más de 1300 años separan a Tucídides del más antiguo de los manuscritos conservado de su Historia de los Peloponesos; el primer manuscrito de la Guerra de las Galias de Julio César es posterior en 950 años al a fecha de composición; los manuscritos de Virgilio más antiguos que se conservan son 600 años posteriores a su autor. Sirvan estos ejemplos tan sólo para poner nuestro tema en perspectiva. Basta con que otro autor serio haya recogido una cita para que esa cita sea lo que es, en este caso una obra de Eusebio que cita a Orígenes: eso no es algo sin ningún valor porque la obra de Orígenes se haya perdido. Es un proceder perfectamente válido.
¿Tiene Sapia motivos científicos para dudar de esa cita de Orígenes? El comentario que hace sobre el texto de III,3 no tiene relación con nuestro tema, pues allí Eusebio trata sobre la canonicidad de los apócrifos atribuidos a Pedro. Cuando en mi artículo cito textos de los apócrifos, no es para declararlos canónicos, sino para mostrar que también ellos transmiten la tradición sobre Pedro cabeza abajo. Sapia muestra esta confusión también en lo que trae de Argimirio Velazco Delgado.
[33] Afirma Sapia que este dato de la tradición es “incomprobable”. Ya dijimos que no es esa la cuestión. Sirva este otro ejemplo: la crucifixión de Cristo en una cruz y no en un “palo” -como abogan los Testigos de Jehová “basados sólo en la Biblia”- es también un dato “incomprobable”, ya que los vocablos bíblicos pueden ser interpretados de un modo o de otro: los datos definitivos a favor de una cruz provienen principalmente de... una antigua tradición! No contamos con testimonios de testigos, afirmando que el madero de tormento era en forma de cruz y no de palo. No por eso debemos dejar de usar la cruz como símbolo de la muerte de Cristo. Volviendo a nuestro tema: lo que sí es un dato sacado de la historia y “comprobable” es que esa tradición existe en Orígenes, Tertuliano y demás autores que aparecen en el artículo principal. Para reconocer el origen del signo que estamos debatiendo, este hecho es suficiente, porque muestra que el símbolo representa una antigua tradición y que no está inspirado en el odio a Jesucristo sino en la consideración de la muerte martirial de uno de sus más cercanos seguidores.
[34] Sapia infiere que el símbolo de la cruz invertida comienza a usarse tan sólo en el siglo XX. El dice: “Podríamos inferir, basados nada menos que en la Enciclopedia Católica, que HASTA ESA FECHA (1907) no se conocía a la Cruz Invertida como símbolo petrino.” La inferencia no es correcta.
[35] Notar el adverbio “popularmente”, inexistente al comienzo de nuestro debate. Sapia estaría afirmando que para que el Papa pueda usar lícitamente un símbolo, éste debe ser necesariamente “popular”. Y “popular”, a juzgar por los argumentos a los que echa manos en su presentación satánica del símbolo, significa medios de comunicación, películas, discos, video clips... Es cierto, Pedro crucificado cabeza abajo tiene pocos videoclips y películas. Concedo al Sr. Sapia que los cuadros del Giotto, las miniaturas de los libros medievales, los vitrales de la catedral de Colonia, los capiteles en los monasterios, las pinturas de los museos y demás ejemplos que presento no gozan de la popularidad de las películas de Polanski o del grupo “Deicide”. ¿O sí? Porque para mí, por ejemplo, el grupo Deicide me era totalmente desconocido: debo ese dato cultural al Sr. Sapia.
[36] No es posible afirmar con toda solemnidad gratuidades como estas, que luego deben ser rebatidas en un fatigoso esfuerzo, acudiendo a documentos, bibliotecas y otro material de difícil acceso. Se permite Sapia el dudoso lujo de afirmar -casi siempre repitiendo a otros- lo que no puede probar y deja la fatiga de “probar” los datos a los apologistas católicos. Eso no está bien. Mientras tanto la calumnia, las gratuidades, los prejuicios y las ofensas se difunden como las plumas llevadas por el viento, hasta que, obligado por el peso de los argumentos, decide “subsanar, si existiera, cualquier error que pudiera contener.” Esa actitud indica una superficialidad que ninguna persona le va a agradecer, excepto, por supuesto, los superficiales.
[37] Un ejemplo de muchos que se pueden ver e mi artículo principal: el diccionario Petit Robert dice: "Cruz de San Pedro: la cruz latina invertida, siendo que Pedro es representado con frecuencia crucificado con la cabeza hacia abajo" (los resaltados son míos). El diccionario -no yo, ni la curia romana- hace este razonamiento: si Pedro es representado frecuentemente en una crucifixión cabeza abajo, entonces la cruz cabeza abajo es llamada "de Pedro", o en otras palabras, se refiere a su muerte cabeza abajo. ¿Tan difícil de entender? ¿Qué demostración requiere?
[38] Y ya que menciono intereses creados agrego un dato relacionado, obtenido por uno de los miembros de Apologetica.org en correspondencia con el autodenominado “teólogo bíblico y vigilante de seguridad Tito Martínez”; este “teólogo bíblico” español afirma, hablando de la cruz invertida (resaltado original): “ese símbolo de ninguna manera es símbolo del apóstol Pedro, ni de los cristianos, y ni siquiera su iglesia papista utilizó jamás ese símbolo para identificar al apóstol Pedro, como puede comprobar usted en la Enciclopedia Católica.” Note el lector la seguridad con la que Martínez dogmatiza, enseña, pontifica, declara sin sombra de dudas que el signo jamás fue usado por la Iglesia Católica para identificar a Pedro (¿Habrá sido el ejemplo de Sapia a influir en esta actitud? Tal vez, aunque en este caso no lo creo así, “la cosa viene de antes”...). Intente el lector decirle algo a Martínez, y le aseguro que se hará merecedor de un buen número de epítetos y anatemas del parte de aquel teólogo, que harían enrojecer a los inquisidores medioevales. El eminente “teólogo bíblico” nos ilumina más aún casi gritando (resaltado en negritas mío): “LA CRUZ INVERTIDA SOLAMENTE ES EL SÍMBOLO DEL SATANISMO INTERNACIONAL, como bien ha demostrado el hermano Daniel Sapia, en su página web de "Conocereis la verdad"”. Martinez no tiene idea de lo que habla pero ¡cómo enseña! ¡Con qué seguridad! (¿Será por ser “guardia de seguridad?) ¡Qué rápido que ha aceptado las demostraciones “del hermano Daniel Sapia”! Cuando se le advirtió, en correspondencia electrónica, de que en una iglesia episcopal también estaba el signo, dijo que esa iglesia también es apóstata; cuando se le dijo que en otra iglesia anglicana estaba el signo, dijo que se trataba de una iglesia tan apóstata como la católica... ¡Eso sí que es tener las ideas claras! ¡Para qué tantas distinciones y razonamientos! Con los datos de mi artículo principal supongo que para Martínez no quedará muñeco con cabeza, porque deberá declarar a casi todo el mundo cristiano “satánico”, “apóstata” y vaya uno a saber cuántas desgracias más. Todo con la misma seguridad con la que en 1990 Martínez enseñaba por medio de fotocopias y cintas de audio que repartió a diestra y siniestra que “el gobierno mundial del anticristo comenzará en el año 1993”, fecha en la cual “los gobernantes de los diez países de la Europa unida entregarán el poder al Papa de Roma, y éste se convertirá en el nuevo César” (¡qué buen discernimiento, qué buen olfato político!), y cual preclaro exponente de ciertos servicios meteorológicos dictaminó sin sombra de duda: “Cristo vendrá del cielo en 1996”. Todo basado en la Biblia, como es obvio: para algo es "teólogo bíblico"... Obran en mi poder las fotocopias que él y sus amigos distribuyeron entonces. Sirva como ejemplo del dogmatismo fundamentalista infalible de algunos preclaros opositores de la infalibilidad pontificia y maestros de los gentiles.
[39] En mi artículo principal hay muchos ejemplos de obras de referencia que así consideran la situación. No creo deba ser yo, entonces, el que de los motivos de ese modo de pensar. Si a esto le agregamos todas las demás iglesias “no-romanas” que aceptan este razonamiento usando el símbolo de la cruz invertida, la situación es más clara aún. O más ridícula, depende desde donde se la mire. Soy de la opinión siguiente: Sapia, como él mismo lo reconoce, ve en el Papa la “mano de obra del anticristo”, como lo ha dicho expresamente. Para una persona que así piensa obviamente el signo que para nosotros representa la muerte de Pedro, para él representará “un mensaje” del anticristo, aunque la iglesia tenga efectivamente “argumentos valederos”. Ante semejante situación es claro que es poco lo que se puede hacer. Confío que mi artículo encontrará mejores lectores.
[40] Sapia, que pertenece a una comunidad evangélica bautista de Buenos Aires, deberá interesarse en pedir a sus correligionarios bautistas la misma explicación que pidió a la "iglesia Romana", dado que no es imposible encontrar el símbolo de la cruz invertida en sus propias iglesias, como muestro en mi articulo principal. Espero que esta vez Sapia no escape al problema con un Sucede que no es necesario, Jorge ni nada parecido. Aunque puede en realidad ahorrarse tiempo y trabajo: la explicación está claramente expuesta en ese artículo y es válida tanto para católicos como para bautistas no-fundamentalistas y para cualquier cristiano de buena fe.
[41] No es difícil averiguar el motivo por el cual aquella pregunta no fue contestada: dar una respuesta seria significa acabar con la posición según la cual la tradición de la que hablamos sería “desconocida” y no podría ser tomada como base suficiente para justificar el uso del símbolo. Implicaría un razonar realista: es imposible enmarcar en un pensamiento fundamentalista a los autores y obras presentados en mi artículo. Por eso la mejor respuesta es no dar respuesta.
[42] Se acude al “yo no dije eso”, basado en que, efectivamente, no lo dijo literalmente, pero estableció los principios o enunciados que conducen, por lógica, a concluir lo que el no quiere decir pero quiere que sus lectores concluyan. Un recurso atendible, pero del que hay que hacerse cargo, para no incidir en la trágica manía sofística de levantar tronos a los principios y cadalsos a las conclusiones.
[43] He omitido mucho material que había publicado antes, contestando o comentando algunas expresiones de Sapia, para no hacer pesada la lectura del presente. Con mucho gusto contestaré a los lectores que crean tener argumentos válidos contra mi posición (¡o a favor!). Pueden enviarme un mensaje con sus inquietudes. Advierto que no perderé el tiempo con mensajes del tipo del “teólogo bíblico” arriba mencionado.
[44] Esta sería la conclusión que probablemente sacarán las personas “que no aceptan ciegamente como válido cualquier cosa que la Curia proponga”, según sus palabras... Son de aquellas expresiones peyorativas propias de las discusiones infantiles. Debo confesar con toda sinceridad que me cuento al ciento por ciento entre esas personas que no aceptan ciegamente como válido cualquier cosa que la Curia proponga; sin embargo no llego a concluir como sugiere el Sr. Sapia. Acudir a este tipo de argumentos-acusaciones, además de improcedente, es una acción desesperada. Y no deja de ser interesante: ¿cómo actuará ante los argumentos la curia bautista? Porque abierta o no, todos tienen sus curias...
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