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666
- La segunda bestia |
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Exégesis de la segunda perícopa del capítulo 13 del Apocalipsis. |
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Colaboración de Mauricio Israel Pérez López |
Preámbulo
La segunda bestia del Apocalipsis, más conocida por su número 666,
ha sido motivo de confusión motivada por la ignorancia bíblica, alentada además
por las espectaculares producciones cinematográficas que gustan de tocar este
tema con toda libertad. Hay quienes se afanan en encontrar en nuestros tiempos
algún “anti Cristo” al cual se le puedan atribuir los rasgos descritos en
el Apocalipsis, y con inquieta curiosidad especulan sin cesar con audaz
atrevimiento, pero sin fundamentar las supuestas coincidencias por ellos
encontradas. Y no sólo sobre la bestia, sino sobre todos los símbolos usados
en este libro, se busca encontrar “la verdad” en los signos de nuestros
tiempos, siendo que el auténtico significado está ubicado en un tiempo y
contexto históricos precisos, y ajenos a nuestro tiempo.
Mi
interés al escribir este artículo es desarrollar una breve exégesis sobre la
perícopa de “El falso profeta al servicio de la Bestia”, a fin de aclarar
desde el punto de vista exegético el verdadero significado de este pasaje bíblico.
El ejercicio expuesto en este artículo fue realizado de manera personal,
manteniéndome siempre en el ámbito de la “sana doctrina” de nuestra
Iglesia Católica, y en la línea de nuestra exégesis contemporánea.
Consideraciones
teóricas
Para
iniciar este trabajo exegético, considero importante explicar los elementos que
sirven como material sólido (y correcto) para interpretar este pasaje. El texto
bíblico está tomado totalmente de la Edición Española de la Biblia de
Jerusalén.
Género
literario
El
Libro de la Revelación, o Apocalipsis de Juan, corresponde precisamente al género
literario “apocalíptico”. Este género floreció en la literatura hebrea
por cuatro siglos, desde el siglo II a.C, hasta el siglo II d. C. La apocalíptica
depende de la literatura profética y de la sapiencial. Pero a diferencia de la
literatura profética, donde el elemento esencial es “la palabra”, en la
apocalíptica el elemento esencial es “la visión”. Otra característica del
género apocalíptico es el uso abundante de símbolos.
La
estructura de un Apocalipsis se da siempre en estas tres fases:
Una
etapa de opresión al Pueblo de Dios.
Una
etapa de castigo y destrucción del enemigo.
Una
etapa de liberación, victoria y dominio del Pueblo de Dios.
Es
importante distinguir la enseñanza detrás de “la visión”, del relato que
narra “la visión” en el Apocalipsis. El contenido apocalíptico es escatológico
a la vez que histórico, por lo que su enseñanza perdura hasta el fin de los
tiempos. Sin embargo, al ser histórico, su relato siempre se refiere a un
tiempo inmediato concreto, pues es escrito en un tiempo de fuerte opresión. Con
esta óptica ha de interpretarse el
Apocalipsis (y en consecuencia la perícopa interpretada en este artículo) si
se quiere tener un entendimiento acertado de su significado. No obstante, con una
buena hermenéutica, se puede hacer una actualización de su contenido
doctrinal.
En
el Primer Testamento encontramos literatura apocalíptica en Is, Ez, Jo, Zac y
Dn. En el Nuevo Testamento encontramos textos apocalípticos en Mc, Mt y Lc
cuando narran el discurso escatológico de Jesús; en algunos pasajes paulinos
en las epístolas a los Tesalonicenses y la Primera a los Corintios, y
evidentemente, en el Apocalipsis.
Para
entender no sólo el contenido de la perícopa que analizo en este artículo,
sino todo el contenido del Apocalipsis de Juan, es preciso primero conocer el
contenido y los símbolos del Apocalipsis contenido en el libro del profeta
Daniel. A su vez, para entender los símbolos de Daniel, es preciso conocer y
entender los símbolos utilizados por el profeta Ezequiel. Esto resulta de
capital importancia, pues al comprender los simbolismos de Ez y Dn la exégesis
del Apocalipsis de Juan resulta un proceso más sencillo y natural. Hacer un
recuento y dar una interpretación a esta simbología, queda fuera del alcance
de este trabajo. Sin embargo, lo menciono para el estudioso que guste
profundizar por cuenta propia.
Igualmente,
en el caso de esta perícopa resulta imprescindible comprender el significado de
la Primera Bestia, descrita en la perícopa anterior. Sobre ello detallaré en
el apartado “El Contexto Inmediato”.
Los
Apocalipsis son desarrollados en una época de opresión. En el caso concreto
del Apocalipsis de Juan, éste fue escrito en el año 95, según se piensa
generalmente. En ese tiempo, Domiciano exigía el “culto imperial” aún más
que sus predecesores Vespasiano y Tito. Es en este contexto histórico donde
debemos buscar el verdadero significado de los simbolismos empleados por Juan.
Numerología
apocalíptica
Número
|
Significado |
|
2 |
Se
utiliza para dar solidez, para reforzar. Por ejemplo: dos testigos, dos
cuernos. |
|
3 |
Perfección |
|
6 |
Uno
menos que el 7, significa imperfección. |
|
7 |
Plenitud |
|
666 |
Tres
veces seis, es decir la perfecta imperfección, la imperfección total. |
La
Perícopa
El
falso profeta al servicio de la Bestia
Ap 13,11-18
(11)
Vi luego otra Bestia que surgía de la tierra y tenía dos cuernos como de
cordero, pero hablaba como una serpiente. (12) Ejerce todo el poder de la
primera Bestia en servicio de ésta, haciendo que la tierra y sus habitantes
adoren a la primera Bestia, cuya herida mortal había sido curada. (13) Realiza
grandes señales, hasta hacer bajar ante la gente fuego del cielo a la tierra;
(14) y seduce a los habitantes de la tierra con las señales que les ha sido
concedido obrar al servicio de la Bestia, diciendo a los habitantes de la tierra
que hagan una imagen en honor de la Bestia que, teniendo la herida de la espada,
revivió. (15) Se le concedió infundir el aliento a la imagen de la Bestia, de
suerte que pudiera incluso hablar la imagen de la Bestia y hacer que fueran
exterminados cuantos no adoraran la imagen de la Bestia. (16) Y hace que
todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se hagan una
marca en la mano derecha o en la frente, (17) y que nadie pueda comprar nada ni
vender, sino el que lleve la marca con el nombre de la Bestia, o con la cifra de
su nombre.
(18)¡Aquí
está la sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es
la cifra de un hombre. Su cifra es 666.
Delimitación
Contexto
Inmediato
La
perícopa de “El falso profeta al servicio de la Bestia” está delimitada
por las perícopas “El Dragón transmite su poder a la Bestia” (12,18-13,10)
y “El acompañamiento del Cordero” (14,1-13).
12,18-13,10
En
esta perícopa Juan ve surgir del mar una bestia que tenía diez cuernos y siete
cabezas, y en sus cuernos diez diademas, y en sus cabezas títulos blasfemos. La
bestia del mar era semejante a un leopardo con patas de osos y fauces de león,
y recibió del Dragón su poder y su trono y gran poderío. (cfr 13,1-3).
La gente se postra ante el Dragón y la bestia, a quien alaban (cfr
13,4-8). Juan concluye advirtiendo “El que tenga oídos, oiga. El que a la
cárcel, a la cárcel ha de ir; el que ha de morir a espada, a espada ha de
morir. Aquí se requiere la paciencia y la fe de los santos (13, 9-10).
“El
mar” es en la literatura oriental, un elemento asociado con el caos, con el
abismo, con la rebelión. La descripción de la bestia es similar a la visión
de las cuatro bestias de Dn 7,3-8. Al ubicar el texto en su contexto histórico,
lo más coherente es relacionar esta bestia que surge del mar con el Imperio
Romano, de gran poderío y avasalladora extensión, y prototipo de todos los
poderes que se levantarán contra la Iglesia a través de los siglos.
Los
diez cuernos y las diez diademas representan a diez reyes romanos. Las siete
cabezas con títulos blasfemos simbolizan a siete emperadores. Hay que notar que
las cifras usadas son símbolo de la totalidad.
El
poder de la Bestia se extiende sobre toda raza, pueblo, lengua y nación, y le
viene del Dragón. De la misma forma el Imperio Romano se va extendiendo cada
vez más. El versículo tres menciona una cabeza herida de muerte, pero sanada,
lo cual puede ser una alusión a un momento determinado en que el Imperio Romano
se vio en peligro, pero subsistió. Otros autores prefieren entender aquí un símil
con la leyenda según la cual Nerón, después de suicidarse, regresaría a
tomar el poder sobre Roma.
La
Bestia profiere con su boca blasfemias contra Dios, hace la guerra a los santos,
es adorada por todos los habitantes de la tierra cuyos nombres no están
escritos, desde la creación del mundo, en el libro de la vida del Cordero
degollado. El Imperio Romano perseguía ardientemente a los cristianos por el
hecho de que éstos, por su única fe en Cristo Jesús, se negaban a dar culto
tanto al Imperio como al César.
Esta
situación de rechazo a Dios y cruel persecución requiere “la paciencia y la
fe de los santos”.
Entender
que esta bestia del mar representa al Imperio Romano, es quizás la pista más sólida
para entender a la segunda bestia, surgida de la tierra, como explicaré en su
momento.
El
acompañamiento del Cordero
(14,1-13)
En
esta perícopa Juan encuentra un cordero sobre el monte Sión y con él ciento
cuarenta y cuatro mil, que llevan escrito en la frente el nombre del Cordero y
el nombre de su Padre.
Una
interpretación fundamentalista y errónea de este número, como la que proponen
los Testigos de Jehová, pretende asegurar que solamente 144,000 almas iran al
cielo. Nada más equivocado.
A
los partidarios de la Bestia, marcados con su nombre, Juan opone los seguidores
del Cordero, agrupados de forma simbólica en el Sión, Jerusalén,
la ciudad Santa elegida por Dios. Ellos representan al nuevo Israel. El número
144,000 equivale a 12 x 12 x 1000, que significa la exageración de un número
que representa totalidad, y no una cantidad como tal. Habla de los rescatados, es decir, de los que han alcanzado la salvación.
Las cualidades de estos rescatados según la perícopa son: hombres que no se
han manchado con mujeres, son vírgenes; siguen al Cordero adondequiera que va;
han sido rescatados de entre los hombres; son primicias para Dios y para el
Cordero; no se halló en su boca falsedad; no tienen mancha (cfr Sal 30).
Es significativo el hecho de que son “primicias”, por lo que se puede pensar
que no se trata en este caso de todos los redimidos, sino de un grupo
representativo. Probablemente, aquellos que ya han dado su vida por la fe.
Contexto
Inmediato
La
perícopa en cuestión está contenida en la primera parte, “Los Preliminares
del “Gran Día” de Dios” del segundo título del Apocalipsis, “Las
Visiones Proféticas”, que está conformado por las siguientes perícopas:
Dios
entrega al Cordero los destinos del mundo (4 – 5)
El
Cordero rompe los siete sellos (6)
Los
servidores de Dios serán preservados (7,1-8)
El
triunfo de los elegidos en el Cielo (7,9-17)
El
séptimo sello (8,1)
Las
oraciones de los santos apresuran la llegada del Gran Día (8,2-5)
Las
cuatro primeras trompetas (8,6-13)
La
quinta trompeta (9,1-12)
La
sexta trompeta (9,13-21)
Inminencia
del castigo final (10,1-7)
El
librito devorado (10,8-10)
Los
dos testigos (11,1-13)
La
séptima trompeta (11,14-19)
Visión
de la Mujer y del Dragón (12,1-17)
El
Dragón transmite su poder a la Bestia (12,18-13,10)
El
falso profeta al servicio de la Bestia (13,11-18)
El
acompañamiento del cordero (14,1-13)
La
siega y la vendimia de las naciones (14,14-20)
El
cántico de Moisés y del Cordero (15,1-4)
Las
siete plagas de las siete copas (15,5 – 16,21)
Personajes
Juan
El
autor del Apocalipsis se da a conocer como Juan (1, 1.4.9; 22,8), un hombre que
debido a su fe cristiana sufría el exilio en la isla de Patmos, una colonia
penal de Roma. Pese a su nombre, es difícil pensar que el autor de este libro
es Juan el Apóstol, o el mismo (o los mismos) autor del cuarto Evangelio o de
las cartas joaninas. Él mismo no habla de sí como del apóstol ni como autor
de estos textos. Algunos Padres de la Iglesia lo identificaron con el apóstol,
seguramente por la afinidad del nombre, incluyendo a Justino, Ireneo, Clemente
de Alejandría, Tertuliano e Hipólito. Sin embargo, otros como Eusebio de
Cesarea, Cirilo de Jerusalén e incluso Gregorio Nacianceno y Juan Crisóstomo,
negaron este hecho. El vocabulario, la gramática y el estilo hacen dudoso que
el Apocalipsis fuera compuesto por las mismas personas responsables de los demás
textos neotestamentarios firmados por “Juan”. Por otro lado, existen
similitudes lingüisticas y afinidades teológicas con el cuarto evangelio que
hacen suponer que el autor del último libro de la Biblia bien pudiera haber
sido discípulo de Juan el Apóstol.
En
esta perícopa, Juan se muestra como el receptor de una nueva visión donde
contempla la segunda Bestia.
Como
he explicado anteriormente, el autor del Apocalipsis representa con el símbolo
de la Bestia surgida del mar al Imperio Romano.
Surgida
de la tierra, a partir de esta perícopa, el Apocalipsis se habrá de referir a
ella como “El falso profeta”, que está al servicio de la primera Bestia, es
decir, del Imperio Romano.
Todos
los habitantes de la tierra son seducidos por la Bestia.
Entendiendo
que la primera bestia es el Imperio Romano,
resulta evidente que aquellos que no adoran a la primera bestia son los
cristianos, quienes desacataban el mandato del Culto Imperial que implicaba
adorar al “Divus Caesar” y a la “Dea Roma”.
Así
califica Juan al que logre calcular la cifra de la Bestia.
Interpretación
de la Perícopa
(11)
Vi luego otra Bestia que surgía de la tierra y tenía dos cuernos como de
cordero, pero hablaba como una serpiente.
El
cuerno es símbolo de autoridad en el Apocalipsis. Vemos que aquél que está
simbolizado por la Bestia de la tierra tenía dos cuernos, es decir, se trataba
de alguien con suma autoridad.
(12)
Ejerce
todo el poder de la primera Bestia en servicio de ésta, haciendo que la tierra
y sus habitantes adoren a la primera Bestia, cuya herida mortal había sido
curada.
Comprendiendo
que la primera Bestia es el Imperio Romano, es fácil entender que la segunda
Bestia es el símbolo apocalíptico de un ministro de Roma, y que como explicaba
recientemente, era alguien que tenía la suma autoridad. Podemos pensar pues,
que se trata de un emperador. Un emperador que tenía la misión del Imperio de
asegurar su legendaria extensión territorial “haciendo que la tierra y todos
sus habitantes adoren a la primera Bestia”.
(13)
Realiza grandes señales, hasta hacer bajar ante la gente fuego del cielo a
la tierra;
Notamos
aquí una señal de alerta contra las seducciones de la idolatría, según la
segunda redacción de la Ley de Moisés. El Deuteronomio ordena que si surge un
profeta que propone una señal o un prodigio, y pide ir en pos de otros dioses
desconocidos a servirles, este profeta no debe ser escuchado (cfr Dt
13,2-4).
Cristo
mismo previene sobre la venida de estos falsos profetas que arrastran a sus
seguidores a la perdición (cfr Mt 24,24). Es interesante notar que esta
prevención (y predicción) de Cristo está contenida nada menos que en su
Discurso Escatológico, es decir, en un texto eminentemente apocalíptico.
Lo
mismo en la Segunda Epístola a los Tesalonicenses, donde Pablo anticipa que la
venida del “Impío” estará señalada por el influjo de Satanás, con toda
clase de milagros y prodigios. Todo tipo de maldades acabarán por seducir a los
que no han aceptado el amor de la verdad salvadora (cfr 2 Ts 2,9-10).
Otro pasaje apocalíptico.
Resulta
evidente el paralelo entre estos tres pasajes y este versículo del Apocalipsis.
(14)
y
seduce a los habitantes de la tierra con las señales que les ha sido concedido
obrar al servicio de la Bestia, diciendo a los habitantes de la tierra que hagan
una imagen en honor de la Bestia que, teniendo la herida de la espada, revivió.
El
Espíritu de Dios era el que realizaba prodigios en la Iglesia para provocar la
fe en Cristo; la segunda Bestia imita al Espíritu, como la Serpiente y la
primera Bestia imitan al Padre y al Hijo. Así pues, el Dragón, la primera y la
segunda Bestia son una caricatura antitética de la Trinidad: Padre-Hijo-Espíritu
Santo y Dragón-Primera Bestia-Segunda Bestia.
(15)
Se le concedió infundir el aliento a la imagen de la Bestia, de suerte que
pudiera incluso hablar la imagen de la Bestia y hacer que fueran exterminados
cuantos no adoraran la imagen de la Bestia.
Los
cristianos siempre rechazaron el culto al Imperio y al César. Vemos aquí que
la segunda Bestia exterminaba a los cristianos, era un fuerte perseguidor de
ellos. Esto va dando luz a la deducción de su nombre. Se trata pues de un
emperador romano que persiguió encarnizadamente a los cristianos.
(16)
Y hace que todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se
hagan una marca en la mano derecha o en la frente,
El
tatuaje en la mano y en la frente hace pensar en el “culto imperial”.
Más
adelante un ángel advertirá que el que se haga la marca en frente o en la
mano, habrá de beber del vino del furor de Dios (cfr 14,9). Igualmente,
sobrevendrá una úlcera maligna sobre los que se han hecho la marca (cfr16,2).
Y cuando la Bestia sea capturada, será arrojada viva junto con los que se
hicieron la marca en el lago del fuego que arde con azufre (cfr 19,20).
Sin duda, todos estos son simbolismos, pero resulta obvio lo deplorable de la
actitud de aquellos que optan por seguir a la Bestia.
Por
el contrario, todos los que no adoraron a la Bestia ni se hicieron la marca en
la mano ni en la frente, es decir, los que no hicieron obras acordes con la
Bestia, ni la aceptaron con su mente ni su actitud, revivieron y reinaron con
Cristo mil años (cfr 20,4).
(17)
y que nadie pueda comprar nada ni vender, sino el que lleve la marca con el
nombre de la Bestia, o con la cifra de su nombre.
El
no llevar la marca de la Bestia es motivo de privación de las actividades
cotidianas en el Imperio Romano, y peor aún, es motivo de privación de
derechos jurídicos y civiles.
(18)
¡Aquí está la
sabiduría! Que el inteligente calcule la cifra de la Bestia; pues es la cifra
de un hombre. Su cifra es 666.
En
lugar de dar el nombre de la Bestia, Juan utiliza una cifra, 666, y explica que
hay que calcularla. Para sumar 666, existe una gran cantidad de combinaciones.
La base de la que hay que partir para hacer este cálculo, es el hecho de que en
griego y en hebreo las letras del alfabeto tienen valor numérico, pues estas
lenguas carecían de numerales. La opinión más aceptada entre los exégetas, y
con la cual coincido personalmente, es que Juan se refiere a Nerón, dado que su
nombre en hebreo es NRWN QSR (Nerón César), recordando que en el hebreo no se
escriben vocales entre las consonantes (y los puntos vocales, que de cualquier
forma no tienen valor numérico, fueron adaptados varios siglos después de la
escritura del Apocalipsis), y las equivalencias numéricas son:
|
Letra
hebrea |
Nombre |
Equivalente |
Valor |
|
|
Nun |
N |
50 |
|
|
Resh |
R |
+
200 |
|
|
Waw |
W |
+
6 |
|
|
Nun |
N |
+
50 |
|
|
Qoph |
Q |
+
100 |
|
|
Samekh |
S |
+
60 |
|
|
Resh |
R |
+
200 |
|
|
|
SUMA: |
=
666 |
En
griego, la suma da 616, por lo que algunas versiones de la Biblia, muy pocas,
utilizan esta otra cifra. En tal caso 616 no significa “Nerón César”, sino
“Dios César”. Como sea, todo parece coincidir con mucha fuerza para confiar
en que el pasaje se refiere a Nerón, uno de los más acérrimos perseguidores
de los cristianos, que sabemos que entre sus “ingeniosos” tormentos, hacía
amarrar en postes (crux simplex seguramente) a los cristianos en los
senderos de los jardines de su palacio, y los hacía arder en llamas para que
sirvieran como antorchas.
Hay
que recordar además que el 6 es un número usado para representar la imperfección,
por quedar detrás del 7, la plenitud. El hecho de repetir tres veces el 6,
resulta significativo, pues 3 es símbolo de perfección. Repetir tres veces un
adjetivo equivale al máximo superlativo posible. Así, repetir tres veces el 6,
666, el “tres veces Imperfecto”, el “totalmente imperfecto”, equivale de
manera antitética al “tres veces Santo”, “Santo, santo, santo” que se
usa para llevar al máximo la exaltación de la santidad de Dios, el “Todo
Santo”.
Actualización
Falsos
profetas, perseguidores del cristianismo y seducciones materiales y paganas
siempre habrán de acosar a todos los habitantes del mundo. Sin embargo, los
fieles cristianos que se mantienen con paciencia en la fe, habrán de superar
estas pruebas.
Conclusión
Quien
leyó este artículo buscando encontrar pistas o incluso nombres concretos de
supuestos anticristos contemporáneos, seguramente quedó decepcionado. La
Apocalíptica es un género difícil de comprender por la gran cantidad de
simbolismos que emplea. Sin embargo, el conocer las claves de actualización
acertadas, y la familiaridad con los textos de Ez y Dn facilitan el
entendimiento del Apocalipsis.
El
hebreo, al carecer de numerales, emplea sus
mismas letras con fines aritméticos. De esta forma, el nombre de Nerón
César escrito con caracteres hebreos, coincide en valor numérico con la cifra
666.
El
Apocalipsis al estar escrito en el contexto de la persecución cristiana por el
Imperio Romano, encuentra el verdadero significado de sus símbolos en esa
situación histórica concreta. No obstante, el sentido y la enseñanza del
texto, son escatológicos. Por esta razón, si algo debemos aplicar de este
libro en nuestros tiempos, que tantas veces ponen a prueba nuestra cordura
cristiana, es la enseñanza de fe y esperanza desarrolladas en el texto, más
que el pretender emplear los símbolos empleados en el texto como referencias a
eventos cataclismicos que hemos de padecer.
Referencias
bibliográficas
EDICION
ESPAÑOLA DE LA BIBLIA DE JERUSALEN. Desclee de Brouwer, Bilbao, 1998.
THE
NEW AMERICAN BIBLE.
Catholic Bible Press, Nashville, 1987.
Carrillo,
S., EL APOCALIPSIS. Instituto de Pastoral Bíblica, México, 1998.
Nutting,
M., AND GOD SAY WHAT?. Paulist Press, New York, 1986.
Yates,
K. NOCIONES ESENCIALES DEL HEBREO BIBLICO. Harper & Row Publishers, New York, 1984.
©
Mauricio Israel Pérez López, 2000